Negocios y poder

Meritocracia es un concepto difícil de definir si no entendemos el rol que juega la buena suerte (estar en el lugar y momento preciso) y las ventajas que surgen al estar cerca del poder. Es difícil saber de historias de hombres y mujeres que construyeron sus imperios económicos de la nada. Es aún más raro saber de este tipo de historias en países en desarrollo, donde el mérito se confunde frecuentemente con instituciones sociales como el clientelismo o el amiguismo, que poco tienen que ver con el esfuerzo individual para alcanzar una meta.

 

En este sentido, una historia de vida sobresaliente fue protagonizada por un soldado que se convirtió en uno de los hombres más ricos del país, un hombre que sin contar con un linaje familiar, sin herencia alguna construyó un imperio global, gracias a sus estratégicas conexiones y talento.

 

Por el momento nos reservaremos el nombre de nuestro personaje. Con un humilde pasado, nuestro protagonista comenzó su carrera como militar, a la edad de 16 años, entre 1970 y 1986. La versión oficial nos dice que se unió al ejército para seguir los pasos de su padre. Sin embargo, otras versiones resaltan que tomó esta decisión para salir de la pobreza, pues los puestos militares gozaban de mejores condiciones en aquellos arduos años. Es posible que esta sea versión sea más apropiada, pues nuestro personaje es un hombre que siempre ha tomado ventaja del contexto, un hombre que crea sus propias oportunidades.

 

A la edad de 32 años dejó el ejército para convertirse en servidor público en uno de los municipios más grandes del país, donde laboró por tan solo 3 años, entre 1986 y 1989. Era una época de cambio para el país, caracterizada por la transformación gradual del modelo económico. A la edad de 35 años decidió cambiar drásticamente el rumbo de su vida, por lo que renunció a su trabajo y comenzó su carrera como empresario, comprando una compañía estatal en banca rota, que se convertiría en un gigantesco imperio empresarial.

 

Quienes gustan de las historias basadas en el esfuerzo personal, dirán que nuestro personaje es un ejemplo de cómo un hombre visionario pudo alcanzar sus sueños. Dirán que el sistema funciona porque cada hombre o mujer que se esfuerza, que trabaja con disciplina, alcanza algún día sus objetivos materiales.

 

Aquellos que apoyan esta idealista perspectiva han premiado en diversas ocasiones a nuestro personaje, en parte porque este hombre y su riqueza brindan legitimidad al gobierno, pues su éxito económico más allá de las fronteras es interpretado como un triunfo nacional.

 

Sin embargo, si observamos con detenimiento la trayectoria de nuestro personaje, podremos poner en duda su mérito individual, sobre todo porque su éxito tiene como base la compra de una empresa estatal, que se adquirió a un precio inferior a su valor real, gracias a conexiones personales y tráfico de influencias.

 

Sus empresas beneficiaron a varios gobiernos locales, catapultando a decenas de políticos durante los noventa. Nuestro personaje tenía reputación de ser un excelente constructor, un hombre capaz de levantar una plaza comercial en tan solo un año y medio, tiempo suficiente para que alcaldes y gobernadores lograrán importantes ascensos políticos.  Los beneficios que estos líderes le brindaban a nuestro personaje eran vastos: desde tarifas preferenciales para la compra de terrenos (por debajo de los precios del mercado), hasta exenciones fiscales e información privilegiada sobre caminos y carreteras.

 

El poder y la riqueza son condiciones inseparables. Aquellos que están cercanos al poder, están más propensos a sentir atracción por la tentación de la riqueza.  Aunque, la mayoría de las veces, los vínculos entre la política y los negocios son sumamente difíciles de probar, pese a que se siga la ruta del dinero.

 

El último escándalo que persigue a nuestro personaje lo liga con personajes de primer nivel, incluso con el mismo Presidente y su primer círculo familiar. Ocurre justo cuando se ha emprendido una fuerte campaña anticorrupción que busca ser el legado de aquel jefe de estado. Venturosamente para nosotros en México, este escándalo acontece muy lejos de nuestro territorio, sucede en China, y es protagonizado por Wang Jianlin, director de la trasnacional Wanda Group, una de las empresas inmobiliarias y de entretenimiento más grandes del planeta.

 

Es imposible medir cuánto mérito, buena suerte o conexiones usó Wang para construir su imperio de la nada, pero la sospecha de haberse aprovechado del contexto político se mantiene latente. Historias similares bien pueden identificarse en nuestro país: empresarios que adquirieron paraestatales y, que de la mano del gobierno, se convirtieron en actores de gran peso nacional e incluso en actores globales. Afortunadamente, el parecido de esta historia con nuestra realidad es mera coincidencia.

 

Twitter: @Nacho_Amador