El "bisnes" de Oso..rio ¡con el SME!

Lo que se piensa y se dice en todas las publicaciones y noticieros del mundo sobre lo que está pasando en México ha molestado a los tolucos, pero cada día que pasa crece el nivel de certeza sobre la veracidad de esas noticias y esos comentarios. Ya ningún gacetillero a modo lo puede desdecir, a ningún precio. Hasta los paniaguados se esconden para no comprometerse con los sobornos y peticiones de favores de Los Pinos.

 

‎El cinismo de los mexiquenses tocó ya el colmo de todas las vergüenzas. Oiga usted, para que se congele un 15% de las limosnas de la Iniciativa Mérida, que en sí es un baldón para el país en su "guerra contra el narcotráfico", es para ponerse a pensar seriamente en qué terreno andamos.

 

Y es que, desde que el beodo Felipe Calderón aceptó que los gabachos impusieran su ley, por medio de un puñado de dólares, para que sus agentes armados intervinieran en cualquier problema de seguridad o derechos humanos en México, se criticó su entreguismo ramplón.

 

Hoy somos pasto para el escarnio en cualquier lugar del mundo. Véalo por sus propios ojos:

 

Se anticipó aquí: nada hay en contra de los Abarca

 

Por ejemplo, que el Foro Económico Mundial, donde hace apenas unos meses invitaban a los tolucos a presumir el éxito de su Mexican Moment y sus reformas estructurales, declare abiertamente que la corrupción de los mexiquenses frena cualquier inversión y negocio, concede la razón al sentido común de la mayoría que alucina a los tolucos.

 

Pero ojalá la befa terminara allí.

 

Aún más, como aquí usted y yo lo pronosticamos, las autoridades judiciales no pudieron probarle a los Abarca los delitos de delincuencia organizada, desaparición forzada y secuestro. ‎El juez de la causa sólo obsequió la orden de arresto por el ilícito de "cohecho", equivalente a una bofetada en pleno rostro de los incapaces y estultos mexiquenses.

 

En efecto, la acusación judicial que justifica el año de prisión a los Abarca, consiste en el posible cohecho, es decir, el soborno con el que presumiblemente la esposa incómoda, María de los Ángeles Pineda, trató de comprar a elementos de la Policía Federal que fueron enviados a detenerlos a Iztapalapa el pasado noviembre, casi tres meses después de los sucesos de La Montaña de Guerrero.

 

Lo anterior quiere decir que está más que confirmado, ahora por el juzgador, que, como usted y yo convenimos hace mucho tiempo, es mil veces más fácil confirmar el delito que Videgaray cometió al sustraer dos billones de pesos del ahorro público mexicano, del circulante monetario en el primer año de este desastroso gobierno, ¡que la culpabilidad de los Abarca!

 

Quiere decir también que sus cómplices pueden respirar tranquilos. El temible brazo de la ley no se dejará caer impío sobre sus cabecitas. A estas alturas, Ángel Aguirre Rivero y Luis Miranda, se encuentran "por encima de cualquier sospecha". Más frescos que una lechuga. Más limpios‎ que el agua clara.

 

De un día para otro, los culpables son inocentes

 

Para la ley, es una absoluta mentira que cualquier pájaro de cuenta de los señalados haya tenido algo que ver, ni con los productos del trasiego, ni con la consecuente masacre de Iguala, ni con las actividades de los infiltrados en la Normal de Ayotzinapa, ni con el uso de aeronaves oficiales para transportar "la chiva" a la frontera norte.

 

Todos han salido indemnes. Todos merecen el reconocimiento y las disculpas de la Nación por haberse atrevido a ofender sus inmaculadas partes y refacciones. Por haber mancillado su prestigio con el simple roce de la sospecha, por atrevernos a dudar de su honorabilidad en el manejo de las maletas.

 

‎Como por arte de magia, de un día para otro, todos los culpables son inocentes. Entonces, todos los inocentes somos culpables. Si el delito de cohecho merece estar encerrado un año en una prisión o en una casa de seguridad militarizada, no va a haber dinero de Iniciativa Mérida que alcance.

 

‎De inmediato, la inmensa mayoría de los mexicanos deberá ser encerrada en cualquier ergástula. De aquí para adelante todos los que no tengamos una palanca en el llamado gobierno, aunque sea para meter el clutch, somos carne de cañón. Así, como suena.

 

Sólo un mexicano extraterrestre no ha cometido un soborno, aunque sea en grado de tentativa. Pero que el juez crea que María de todos los Ángeles Pineda sobornó a un genízaro que "iba sobres", sin miramientos, es una estupidez cabal. Nadie lo va a creer.

 

Cientos de cohechos para burlar al pueblo

 

Igual que todos sospechamos que la carga fiscal del año próximo se arregla "en lo oscurito" de los húmedos pasillos de San Lázaro un domingo por la noche, sin sesión, sin pleno y sin diputados.‎ Que los enviados de Videgaray, siguiendo el ejemplo de Humberto Castillejos en el ruin Senado, se instalen permanentemente en la Cámara para vaciar las maletas del cohecho. ¡Ése sí, comprobado!

 

Así como que en medio de un panorama de escasez, se apruebe la fantasía de un afectado, como Lorencillo el hijo de Arnaldo, para que la Nación, agradecida por sus bondades de imparcialidad, le destine miles de millones para construir un monumento burocrático de dos torres de 14 pisos para dejar constancia de la democrática actuación de sus favoritos.

 

¿‎Cuántos cientos de cohechos no hay detrás de esa burla al pueblo de México? ¿Cuántos más habrá detrás del perdón implícito a todos los vulgares delincuentes que asaltan y se van a vivir, como Francois l'Amour a París, para seguir enlodando nuestras vergüenzas, como "La Beba" Ebrard?

 

¿Cuántos cohechos se necesitan para que la árbitro electoral de Colima, la ínclita Felicitas Valladares, declare ganador al ahijado del virrey Videgaray, Ignacio Peralta, antes de que se contara un solo voto en la elección para gobernador?

 

¿Cuántos cohechos se necesitan para que los medios tapen el cochinero que propala la OCDE sobre la mediocridad de los resultados mexicanos de la lucha contra la pobreza, el hambre, el desempleo, la falta de educación, la inseguridad y la injusticia en nuestro país? ¡Y eso que lo dice "El Ángel de la Dependencia"!

 

Como si lo dijera cualquier pelafustán. Es simplemente la verdad. Pero aquí toda verdad es materia y objeto de soborno maquinado.

 

¡Y vaya que pesa el paisanaje entre Oso..rio y Esparza!

 

La misma cantidad de los sobornos, chantajes y extorsiones que se requieren para que se expriman los presupuestos que el gobierno de la Ciudad de México requiere urgentemente para las obras y los programas sociales, que ya la destacan entre las primeras del mundo. La pura envidia, que es peor que la tiña.

 

¿Cuántos sobornos se necesitaron para que desde el despacho alterno de Oso..rio Chong en Polanco, saliera la autorización para el milmillonario negocio entre "los despedidos" de la Compañía de Luz y Fuerza, el SMS de Martín Esparza‎ y la empresa Mota- Engil?

 

‎Entregarle al Sindicato Mexicano de Electricistas, por el simple hecho del paisanaje y el cariño entre las madres del líder cuestionado en todos los frentes y el disléxico Secretario de Gobernación, un negocio que le reportará 134 mil millones de pesos durante los siguientes 30 años es, sencillamente vulgar y escatológico.

 

Representa dejar en manos de los subversivos que acabaron con la paciencia de los mexicanos ¡un monopolio en el mercado informal de la provisión de energía eléctrica, para la siguiente generación!

 

Ninguna empresa, ni la CFE  "de marca mundial" --no se ría-- podrá competir contra los facinerosos, toda vez que se le está entregando no sólo instalaciones cercanísimas a la Ciudad de México y al mercado de consumo del Valle tenochca, sino el uso gratuito de las redes de transmisión. Las mismas que han impedido cualquier proyecto de generación eléctrica a través del reciclamiento de desechos orgánicos en el Bordo de Xochiaca.

 

Instalaciones físicas gratuitas y acceso a la red, ¡de puras barbas! El crimen perfecto, a la sombra del soborno y el cohecho. Frente a esto, los Abarca son chivos expiatorios, miserables y defenestrados para siempre. ¿Y los tribunales? Le darán la razón al pelmazo de Oso..rio Chong y a su protegido, su brother Martín Esparza, también hidalguense por más señas.