
Nadie la pidió y no nos sirve de nada. El tercer molar, conocido como “la muela del juicio”, es una pieza dental heredada por nuestros ancestros tras miles de años de evolución, que actualmente solo llega a nuestra vida para complicárnosla más y hacernos gastar en dentista.
La muela del juicio emerge aproximadamente a los 18 años, aunque hay casos en los que aparece incluso desde los 13, mientras que hay personas a quienes este molar les aparece hasta los 27 años o, incluso, hay a quienes nunca les sale, provocando generalmente grandes problemas en la edad adulta.
Su nombre deriva precisamente de la idea que existía antes de que al aparecer esta muela, la persona adquiría “juicio” o alcanzaba la madurez, aunque hoy sabemos que en nada está relacionada una cosa con la otra, ya que la erupción de una muela depende de fuerzas físicas y biológicas que aun para los dentistas son desconocidas.
Lo cierto es que la muela del juicio no sirve para nada, únicamente para darnos problemas, pues además del inmenso dolor que causa su salida -y de los prolongados periodos de tiempo que ésta puede tardar-, el tercer molar nace casi siempre encimada u obstruyendo la salida de otras muelas, lo cual obliga a la persona a acudir al dentista para extraerla.