Con el fin de agrandar el tamaño de los testículos, cierto sector de la población masculina en Estados Unidos ha recurrido a la técnica del “scrotox”, consistente en inyectar botox en estas glándulas genitales y así provocar la apariencia de hinchazón, similar a lo que se hace en otras partes del rostro, como los labios o los pómulos.
El procedimiento tiene un costo similar a los 70,000 pesos y provoca una hinchazón que impide que los usuarios tengan sexo por seis semanas. Después de eso, el efecto les dura unos seis meses hasta que los testículos regresan a su tamaño natural. La idea es dar una imagen de mayor “virilidad” o potencia sexual, asociada al tamaño de los órganos genitales.
Aunque el “scrotox” es preponderantemente común entre hombres de clase alta estadounidense, la técnica ha llegado a la Ciudad de México en algunas de sus colonias más pudientes y varones mexicanos de perfil extravagante, además de trabajadores sexuales de alta categoría, han comenzado a ser parte de esta moda.