Cuando alguien dice "bruja", de inmediato se viene a la mente aquellas mujeres de la tradición celta, ataviadas con sombrero picudo y escoba, con verrugas y riendo frente a un caldero. Sin embargo, la mítica figura de la bruja tiene acepciones que no siempre corresponden con ese concepto.
En México, las mujeres que supuestamente son practicantes de la brujería cumplen requisitos únicos de la cosmovisión azteca: piernas y brazos de hoja de tamal, pies "movibles" que se dejan en el camino, maldiciones en lengua náhuatl son algunas de las características de estas brujas mexicanas que han sido inmortalizadas por generaciones a través de la tradición oral.
La leyenda describe a las brujas como mujeres perversas que pactan con el diablo y buscan "chupar" la sangre de los no bautizados, valiéndose de artes ocultas como la hipnosis. Son materializadas como una supuesta luz roja en el cielo, como una bola de fuego, que supuestamente es la bruja volando.
Pero la misma tradición oral describe el antídoto: tijeras abiertas en forma de cruz bajo la cama del recién nacido, espejos, vasos con agua y objetos religiosos son algunos de los elementos que las brujas no toleran, por lo que poniendo algunos de ellos o todos juntos en la habitación del niño se mantendrá alejadas a las brujas.