"Después de la fiesta, viene la resaca" es uno de los tantos dichos que se utiliza en México en alusión a gastos excesivos. Tal es el caso de la “cruda” del Buen Fin, que para algunas personas será complicada solventar, más si compraron algún artículo que no sea de suma importancia o deslizaron las tarjetas bancarias para comprar productos de corta duración, como ropa y zapatos.
Las tentativas “ofertas” de este programa que desde hace seis años pretende reactivar la economía mexicana afectarán a miles de personas, no en el mediano plazo, pues pagarán hasta el próximo año, sino para las fiestas decembrinas. Algunos llegarán al cierre de año con la mitad de su aguinaldo o las tarjetas al tope por comprar en el "fin de semana más barato del año", situación que les complicaría solventar las compras navideñas.
Algunos no empezarán a resentir esta cruda financiera el próximo mes, aunque sí tendrán una disminución importante en sus ingresos. Y si hicieron uso de tarjetas crediticias, posiblemente no podrán utilizarlas para compras posteriores, lo que podría desencadenar en una deuda aún mayor en caso de requerir de algún préstamo crediticio, poniendo en riesgo sus bienes patrimoniales.
Aunque las compras a meses sin intereses pudieron ser la mejor opción, también comprometieron su flujo de efectivo, pues mensualmente deberán pagar determinadas cantidades de dinero durante los próximos 18, 24 o hasta 36 meses; es decir, sus ingresos económicos tendrán una disminución importante, impidiéndoles de cierta manera adquirir productos a futuro.
La capacidad de ahorro para las familias será limitada, ya que la cruda del Buen Fin los puede alcanzar hasta las próximas dos ediciones. Sin embargo, esta pesadez en los pagos llega a aumentar, pues hay quienes compraron en esta edición sin haber liquidado la del año anterior. Quizá puedan sumarse a la larga fila de deudores morosos, exponiéndose a ser reportados en el buró de crédito y no recibir ningún tipo de crédito en los siguientes años.