Indispuestos a “ceder ni un milímetro”

Hasta la reunión de Cancilleres del Grupo de los 20, las economías más grandes de la aldea, fue Luis Videgaray a decir algo importante: México no está dispuesto a ceder ni un milímetro ante ciertas posiciones de Estados Unidos, tal es el caso de pagar por un muro que divida ambas fronteras, situación que es absolutamente inaceptable.

 

Entrevistado en Bonn, Alemania, reafirmó que México no permitirá que se vulneren los derechos humanos de los connacionales, “que no se respete el debido proceso, que se afecten, por ejemplo, las remesas que fluyen todos los días entre los mexicanos que trabajan en EU o sus familias que están en México”. Defensa que requiere de abogados y dinero para pagarles, y éste no llega a los consulados.

 

Reafirmó que la construcción del muro es un gesto “muy poco amistoso entre dos naciones que somos amigas, que somos vecinas” y “difícilmente contribuirá a resolver la problemática común que hay entre ambas partes”.

 

Videgaray Caso reconoció que la protección de las fronteras es un derecho soberano de cada país”, así fueran impuestas, agrego yo, por la vía de las armas e invasión, y que el 2 de febrero de 1848 fueron reconocidas en el Tratado Guadalupe-Hidalgo, en virtud del cual México fue despojado del 51 por ciento de su territorio. Y 169 años después los hombres de ayer y de hoy del imperio más voraz de la Tierra pretenden concluir la construcción del muro existente en una tercera parte.

 

La posición del titular de Relaciones Exteriores es clara, pero aún no concita el respaldo ciudadano, aunque Enrique Peña Nieto logró revertir la pronunciada tendencia a la baja en la aceptación popular, lo que no es despreciable en la coyuntura de grave crisis en la relación EU-México desde que se confirmó el triunfo de Donald Trump y más a partir de que hace un mes se transformó en pesadilla para los indocumentados, para sus pueblos y gobiernos, como lo puso en relieve la protesta del gobierno sueco, ante uno más de los excesos retóricos del magnate-presidente que es víctima de su propia mitómana lengua.

 

Comete un error el doctor por el MIT al conceptuarlas como “dos naciones que somos amigas”. Nación es una “Comunidad social con una organización política común y un territorio y órganos de gobierno propios, que es soberana e independiente políticamente de otras comunidades.” Si algo evidencia la crisis en la relación bilateral es la extraordinaria dependencia, más a partir de 1982, que no es lo mismo que la interdependencia realmente existente, y que desde Miguel de la Madrid no mostraron capacidad para negociar sin subordinarse a la Casa Blanca.

 

Nunca es tarde y las definiciones que retoma Videgaray permiten preverlo, sobre todo porque la altanería discursiva de Donald John no deja margen, aunque es preciso reconocer que ya no amenaza con el pago del muro por México, tal como oficialmente se informó sobre la llamada telefónica del 27 de enero.

 

USA, el imperio y su gobierno no tiene amigos, sólo intereses. Lo saben en todas partes por experiencia propia y sin necesidad de padecer la bota yanqui.

 

Se entiende que las frases amables ocupen parte del discurso, pero si se insiste en propagar que la de EU-México es “una relación de vecindad, de amistad y también de sociedad”, se induce a confusión que impide entender los porqués de una febril actividad diplomática y comercial para impulsar nuevas sociedades e intercambios, después de subestimar durante 35 años a China y América Latina.