Jóvenes que crecieron con violencia son más agresivos

Jóvenes que crecieron con violencia son más agresivos

El baño de violencia en el que nos hemos visto sumergidos los mexicanos durante los últimos diez años ha provocado que las generaciones de jóvenes de entre 16 y 25 años muestren conductas más agresivas, motivadas por las imágenes sangrientas a las que diariamente están expuestos, entre otros factores.

 

Esto lo explicó el sociólogo Juan Manuel Hernández, egresado de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, quien en entrevista con Imagen Poblana se refirió al reciente caso de "Los Centinelas", un grupo de jóvenes que han aparecido en la Ciudad de México y que se caracterizan por atacar a sus contemporáneos sin razón o motivo aparente.

 

Si bien estos adolescentes tienen su marco de acción en la capital de la república, el sociólogo estudiante de postgrado no descarta que esas conductas tengan un similar en la ciudad de Puebla, urbe habitada por más de un millón y medio de ciudadanos y que durante los últimos meses se ha visto influenciada por la acción de la delincuencia a través de las llamadas bandas de huachicoleros.

 

El fenómeno de la violencia es en la opinión del especialista una expresión del proceso en el que México se ha sumergido a lo largo de la última década, a partir de que el expresidente Felipe Calderón decidió sin ningún sustento declararle la guerra al crimen organizado. A partir de entonces, escenas como descuartizados o descabezados, seres humanos disueltos en ácido, se han vuelto comunes en las páginas policiacas y los menores han vivido un proceso de "normalización de la violencia".

 

"Hace una década hablar de violencia en ese tono resultaba un espanto y a todos conmocionaba. Hoy ya no hay nadie que se sorprenda, o más bien son muy pocos los que siguen expresando su desacierto cuando se enteran de que en tal parte encontraron una cabeza humana, o que en el norte de México se registró una masacre. Nos hemos acostumbrado a la violencia", explica el universitario.

 

Juan Manuel Hernández sostuvo que las nuevas generaciones son las que más resienten ese cambio, ya que muchos de los jóvenes hoy se enfrentan a procesos en los que aspiran a convertirse en miembros de la delincuencia organizada. Si los maleantes andan por el mundo sin recibir justicia y, en contraparte, reciben alicientes a sus acciones criminales, los menores esperarán en convertirse igual que ellos, para alcanzar fama y fortuna.

 

"El caso de estos jóvenes es bien curioso porque ellos saben que al mostrarse violentos van a alcanzar un reconocimiento, se van a hacer merecedores de cierto estatus y van a obtener respeto entre sus compañeros. Por supuesto que estamos hablando de muchachos que provienen de familias disfuncionales, de una crianza precaria y yo te diría que el común denominador en ellos es la palabra soledad", afirma el especialista.

 

En comunidades donde la violencia y el crimen se han normalizado, los estudiantes abandonan las escuelas y se integran desde jóvenes a las bandas de huachicoleros. Otros simplemente miran como testigos mudos el proceso de descomposición social que ocurre en sus ciudades o pueblos y se divierten cuando ocurren casos que a otros resultarían espantosos, como los descabezados o los disueltos en ácido.

 

"Vemos por ejemplo el caso de un diario en Puebla donde titulan una nota con la palabra: 'los pozolearon', o sea, los disolvieron en ácido. Es llevar el homicidio y la muerte a un grado de satirización (sic), de burla, donde es hasta divertido que a alguien le haya pasado algo tan terrible como eso. Y los menores crecen creyendo que esto es un asunto de risa", sentencia Hernández.

 

Durante los primeros años de esta llamada guerra contra el crimen organizado, los testimonios de masacres, desaparecidos, acribillados y descuartizados fueron episodios que cimbraron a la opinión pública e hicieron pensar a una buena parte del pensamiento popular que no se podía llegar más lejos en el proceso de desangramiento del país. Hoy, más de una década después, todos se preguntan qué es lo que sigue para México.

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