Jornada decisiva para Peña y Atlacomulco

Es demasiado lo que está en juego en el estado de México el 4 de junio para Enrique Peña, el grupo gobernante y el aún poderoso Grupo Atlacomulco. Ni más ni menos que el futuro inmediato (junio de 2018) y mediato de los tres se define el domingo y los electores acaso no lo registren, a pesar del hartazgo con los 88 años de gobierno priista, mismo que Eruviel Ávila intentó ocultar con abundante y costosa publicidad.

 

Cuando concluyó el proceso electoral del 5 de junio de 2016, en el que se disputaron 12 gubernaturas y al Revolucionario le fue como en feria por la irritación ciudadana con la apabullante corrupción de los gobernadores de Veracruz, Chihuahua y Quintana Roo, los más cotizados analistas descubrieron que el Movimiento Regeneración Nacional era un partido local, cuando mucho regional porque sólo pintó en Veracruz y el Distrito Federal.

 

Acostumbrados como están a leer la realidad con instrumentos tradicionales como las encuestas, que hace un año refrendaron su incapacidad para fotografiar la voluntad ciudadana, como sucedió en la elección presidencial de 2012, los doctores no avizoraron el surgimiento de una suerte de frente anti Peña (Pablo Cabañas dixit), que converge alrededor de Delfina Gómez, candidata a la que presentaron como la títere de Andrés Manuel López Obrador. Aún insiste Óscar Mario Beteta en que a AMLO lo único que le importa es el presupuesto del estado de México como botín para 2018. Seguramente a Alfredo del Mazo lo que le interesa son las estampitas de la virgen y si triunfa le obsequiará algunas al conductor de Radio Fórmula.

 

De otra manera no se puede explicar, motivaciones e interés grupales aparte, la convergencia de una diversidad de organismos y personajes independientes y no como los identificados con Elba Esther Gordillo, activistas de la Coordinadora Nacional, el sacerdote Alejandro Solalinde y el líder eterno del Sindicato del Metro.

 

Sólo el hartazgo con la inseguridad pública y la generalizada corrupción podrían explicar el fenómeno mexiquense, en el que el candidato priista desde el comienzo de la campaña se deslindó del gobernador Ávila y de Peña porque los negativos políticos de éste, sin precedente, le restan votos. Llegó al extremo Del Mazo Maza de aclararle a Alatorre (Hechos, Canal 13): “Observa Javier que las críticas no son a mi persona y trayectoria…”

 

Y frente a la insurgencia electoral que Morena sólo estimula, el PRI reacciona con la estrategia de presentar a Gómez Álvarez como ama y señora de la corrupción, y lo hace en voz de su presidente que es propietario de un centenar de taxis, cobra liquidaciones millonarias en el sector público y su beligerante y atragantado discurso no motiva credibilidad.

 

“Todos son iguales” es la máxima que busca instalar en el imaginario colectivo Enrique Ochoa y su tocayo y primer priista, con el auxilio de una de las empresas de Juan Francisco Ealy Ortiz, el seguimiento de la mediocracia y el gobernador “panista-perredista” Miguel Ángel Yunes a cargo del trabajo sucio contra AMLO y Morena. Buscan como resultado inhibir la concurrencia a las urnas para que el asunto se dirima en el terreno de los votos duros, porque el Institucional tiene el mayor segmento.

 

No afirmo que las filtraciones carezcan de validez, eso corresponde dirimirlo a los órganos electorales, pero si en algo coinciden las dirigencias del PAN, PRD y Morena es en la parcialidad con que actúa el IEEM y en la abulia del INE. Ello posibilita que cobre fuerza el escenario de que la elección se resolverá en tribunales.