México, en riesgo alimentario

El número más reciente de la Revista Ciencia, que edita la Academia Mexicana de Ciencias (Volumen 58, número 3), publica un artículo de mi autoría titulado “Soberanía y Seguridad alimentarias” y en él se exponen los cambios en el nivel de producción agrícola de los tres granos básicos de la dieta nacional: trigo, maíz y frijol desde 1960 y hasta 2014 (último dato disponible comparable).

 

Parte de los resultados de la investigación se expresan en la gráfica 1, en ella se muestra una situación alarmante: en 1960 las tasas de importación eran negativas, es decir nuestro país era autosuficiente en términos alimenticios al grado de ser exportador neto. El proceso de industrialización (1940-1980) deterioró las condiciones del campo, pero el problema se agudizó a la entrada en vigor del Tratado de Libre de Comercio con América del Norte (TLCAN) en 1994.

 

El TLCAN permitió el ingreso de productos agrícolas provenientes de Estados Unidos y Canadá con un nivel de precios tan bajo que los campesinos mexicanos no pudieron competir, lo que generó un abandono masivo del campo que propició un aumento en la migración hacia Estados Unidos y el derrumbe de la producción agroalimentaria en nuestro país.

 

Actualmente, el 11% del frijol que consumimos es extranjero porque el que producimos en el país no alcanza para satisfacer la demanda; los datos más graves son para el maíz y el trigo: estamos importando el 35% del maíz para consumo humano, es decir, 1/3 de las tortillas de nuestras mesas se hacen con maíz extranjero, y podemos decir que 1 de cada 2 panes que comemos se hizo con trigo extranjero porque importamos casi la mitad de lo que consumimos.

 

 

Elaboración propia con datos calculados a partir de FAO (años seleccionados)

 

Estas cifras nos colocan en la línea de dependencia alimentaria y por tanto en una posición vulnerable, ya que estamos a merced del comportamiento del mercado internacional de alimentos que sabemos es controlado por grandes empresas transnacionales como Cargill o Monsanto.

 

¿Por qué Estados Unidos y Canadá tienen precios tan bajos? Porque en la década de los setenta y ochenta los productores agrícolas de estos países incorporaron “paquetes tecnológicos” al campo que consistieron en riego automatizado, tractores y maquinaria de arado, siembra y recolección, semillas mejoradas, herbicidas y pesticidas mejorados, así como fertilizantes compuestos que permitieron aumentar la productividad. En México nada de esto se hizo.

 

¿Cuál es el riesgo alimentario? Que gran parte de estos granos se importa de Estados Unidos y Canadá y estamos en medio de la re-negociación del TLCAN. Algunos políticos e incluso académicos han pedido que el capítulo agrícola se cierre porque ha sido perjudicial para nuestro país. Efectivamente ha sido perjudicial, pero en estos momentos sería más dañino cerrarlo, prácticamente nos quedaríamos sin comer o los precios serían tan elevados que nos enfrentaríamos a una carestía de dimensiones mayúsculas a las que hoy pasa Venezuela.

 

Antes de cerrar el capítulo agrícola con el TLCAN, México debe impulsar una política pública de fomento a la producción agrícola, esto podría llevar hasta 20 años para recuperar la soberanía alimentaria.

 

Estados Unidos sabe muy bien de esta situación tan riesgosa en la que estamos. Ayer miércoles, el representante comercial americano Robert Lighthizer expresó en su discurso inaugural que su país iba a cuidar su mercado interno, principalmente en el sector de “energéticos, propiedad intelectual y agricultura”, justo en los productos que compramos: gasolina, patentes y granos básicos.

 

Lo anterior significa que Estados Unidos, con el pretexto de garantizar el abasto de su consumo interno, podría prohibir la exportación de gasolina o productos agrícolas, o en su caso autorizar permisos con cupos o con pagos de derechos especiales lo que significaría un incremento en el costo. Este incremento beneficiaría a Estados Unidos porque reduciría su déficit comercial, pero a nosotros, literalmente, nos podría matar de hambre.

 

Es urgente que el gobierno de México tome cartas en el asunto ante la amenaza de Estados Unidos e impulse de manera inmediata un plan de producción agrícola y al mismo tiempo haga públicas las estrategias de negociación para este capítulo que hoy son parte de la seguridad y soberanía nacional. Sin maíz no hay país, lo advertimos hace tiempo; sin embargo, aún se puede corregir el rumbo, después será demasiado tarde.

 

 

*Profesor-Investigador Facultad de Negocios Universidad La Salle México

Miembro del Sistema Nacional de Investigadores

 

Twitter: @BandalaCarlos