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Paseo Bravo, de emblema histórico a epicentro de frituras y deterioro

Atrás quedó la época en la que el Paseo Bravo era un sinónimo de orgullo para los poblanos y en donde las áreas verdes y los monumentos alusivos a personajes claves de la historia mexicana causaban asombro entre propios y extraños.

 

En la actualidad, el legendario Paseo Bravo, con más de dos siglos a cuestas, se ha convertido –de manera parecida al Parque Juárez- en un epicentro del "desmán" ciudadano y del comercio ambulante, en el que la venta de frituras, carnitas, tacos placeros, quesadillas, chamoyadas, helados y aguas frescas son la estampa visual cotidiana.

 

En un recorrido efectuado por Imagen Poblana, se pudo constatar que varias de las jardineras del parque (uno de los más antiguos de la capital) están en condiciones deplorables, mientras que ciertos puntos del lugar “brillan” por el amontonamiento de ramas de árboles sin levantar, que llevan varios días ahí.  

 

 

Asimismo, resulta sumamente triste ver la estatua alusiva a Miguel Bravo, personaje nacional por el que dicho lugar adquirió su actual denominación, dañándose paulatinamente, sin que nadie haga algo para evitarlo. 

 

 

La fuente de Motolinia (carente de iluminación y mantenimiento), en donde se halla el mural que rinde homenaje a uno de los próceres de la Independencia de México, Miguel Hidalgo, tiene varios daños en su parte inferior. Basta con percatarse cómo se levantan los mosaicos tras el paso de los transeúntes o de los carritos de dulces.

 

Y qué decir de los sanitarios colocados cerca del antiguo zoológico, a unos metros de la calle 11 norte-sur: una oda a la falta de higiene y al buen servicio, por los cuales todavía tienen el cinismo de cobrar cinco pesos, aunque no tengan agua.

 

 

Incluso, algunos varones solo se meten allí para ver qué fantasías lúbricas pueden saciar, dejando escritos sus números telefónicos para concertar encuentros sexuales.

 

También sobresale la falta de cuidado en los árboles aledaños de lo que antiguamente fue un acuario.

 

Y aunque decenas de estudiantes (“el futuro de México”) se dan cita en el Paseo Bravo, lo hacen con fines recreativos o con el objetivo de liberarse del estrés escolar cotidiano, y no para admirar el carácter histórico del parque que en algún momento fue un timbre de orgullo para los poblanos. 

 

 

Da fe de lo anterior la manera en que el quiosco (en donde a veces se llevan a cabo algunos conciertos y bailes populares) se ha convertido en una cancha improvisada, para las "cáscaras"  de soccer entre los alumnos de secundaria y bachillerato, así como en un lienzo para los grafiteros.

 

Finalmente, la estatua de Gabino Barreda, uno de los personajes célebres de la época independentista, resulta ser un monumento "huérfano", invisible a la gente, que prefiere saciar su hambre en los puestos de tacos y frituras que están a su alrededor.

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