La militarización es una realidad

Con ningún presidente se realizó un cotejo tan estricto de sus compromisos de campaña con las tareas gubernamentales. Y menos aún en los primeros 50 días  hubo una exigencia tan firme de cumplimiento por parte de los medios de comunicación, la oposición partidista y social. Por lo menos desde que tengo uso de razón (política) y que se remonta a Gustavo Díaz Ordaz (1964-70).

 

Se podría entender como nuevo signo de los tiempos políticos la ciudadanía más demandante e informada, y una sociedad civil más robusta, que por supuesto existen, pero el cotejo puntual y la demanda de cumplimiento tienen también como origen las nuevas formas de “resistencia” que pronto contarán con 20 millones de dólares de algunos de los dueños de México que se resisten a asumir y respetar la realidad que emergió formalmente el 1 de julio.

 

En el riguroso cotejo de compromisos de campaña –a cargo de los mismos comentócratas que en el primer semestre de 2018 explicaron que los candidatos ofrecen a los electores lo que éstos quieren escuchar y no lo viable–, destaca la presunta o real promesa de desmilitarizar la seguridad pública, “abrazos, no balazos”, recuerda Tatiana Clouthier que ofreció Juntos Haremos Historia, ahora gobernante, mas olvida la jefa de campaña del ahora presidente Andrés Manuel que en el libro La salida (2017) e instrumento programático del candidato, se contempla la Guardia Nacional.

 

El día 16 fue aprobada la trascendental reforma de la ley de leyes que hará posible la GC –integrada por las policías Federal, Militar y Naval– por 362 diputados de Morena, PRI, PT, PES, PVEM y cinco perredistas con una de las votaciones más altas para una reforma a la Constitución, que se logró con la presencia de la mayoría de los integrantes de las bancadas.

 

Desconozco los términos exactos de los artículos en los que la bancada de Morena cedió para contar con los votos del Revolucionario Institucional y seis del Partido de la Revolución, de un total de 11 que ofreció el coordinador del PRD, Ricardo Gallardo, en la Secretaría de Gobernación. En todo caso, las críticas sin matices y situadas en la militarización y su contrario, de parte de los que actúan y hablan a nombre de la muy manoseada sociedad civil, como si ésta no fuera diversa, no debieran omitir aquella circunstancia.

 

Falta, en todo caso, la opinión del Senado que muy probablemente atenderá las observaciones presidenciales anunciadas el día 17 y, por ello, volverá a debatirse en San Lázaro.

 

Simulación, militarización y hasta desmadre son los sonoros vocablos que más se escuchan por parte de expertos, comentócratas y voceros de ONG en un debate donde los matices son los grandes ausentes.

 

La militarización de la lucha contra el narcotráfico data de 1971, con la Operación Cóndor de Luis Echeverría Álvarez.

 

Generales en retiro, pero en conexión directa con Secretaría de la Defensa Nacional, tuvieron en el sexenio de Ernesto Zedillo el mando de los cuerpos policiacos de más de la mitad de los estados del país y concentraban un mayor número de elementos que la Sedena y una capacidad de fuego superior a los agrupamientos policiales con mandos civiles.

 

Para no hablar de Vicente Fox y sus desfiles militares en las ciudades conflictivas, la guerra de Felipe Calderón, continuada en lo esencial por Enrique Peña.

 

La militarización no es una amenaza, aquí está y de lo que se trata es de contar con el mejor marco jurídico para que la GN haga frente con una respuesta extraordinaria al grado de violencia del país, donde cada 20 minutos se asesina a una persona y ciertamente “La inmovilidad cuesta vidas”.