Automotrices en México estaban optimistas, pero Trump volvió al ataque

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Justo cuando las ensambladoras automotrices asentadas en México creían haber superado dos años de estrés, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, abrió de manera inesperada en México un nuevo frente de su guerra comercial.

 

México es un punto estratégico para la industria de automóviles. Tiene un acuerdo de libre comercio con Estados Unidos y Canadá, una posición geográfica clave, una cadena de proveedores establecida, salarios bajos y tratados con más de 40 países. La alemana BMW inaugurará el 6 de junio una planta en San Luis Potosí.

 

Pero Trump sacudió el tablero. Amenazó con imponer a partir del 10 de junio aranceles del 5 por ciento a todos los productos mexicanos y aumentarlos progresivamente hasta un 25 por ciento si México no detiene la llegada de migrantes a la frontera.

 

La amenaza cayó como un balde de agua fría en momentos de optimismo. México, cuarto exportador y sexto productor mundial de vehículos -sin marcas propias relevantes- esperaba un incremento de al menos un 3,5 por ciento en producción de autos y ventas al exterior este año.

 

Para las inversiones mexicanas de empresas como BMW, Volkswagen, Daimler, Toyota y General Motors las cosas marchaban bien. Sobre todo, tras concluirse en noviembre la renegociación del tratado de libre comercio de Norteamérica de 1994 con Estados Unidos y Canadá, el nuevo UMSCA, ahora pendiente de ratificación.

 

Una carta paralela al acuerdo, firmada por el representante comercial estadounidense Robert Lighthizer, garantizaba además que hasta 2,6 millones de autos de pasajeros al año producidos en México quedarían a salvo de aranceles extraordinarios si Estados Unidos imponía tarifas al sector por seguridad nacional.

 

Cuando México se sentía tranquilo Trump movió una ficha nueva: aplicar sanciones arancelarias por cuestiones migratorias.

 

Estados Unidos, del que los mexicanos ya son los mayores socios comerciales, es el motor de la industria automotriz de México: compra un 68 por ciento de su producción de vehículos ligeros. Más que a nadie.

 

Aunque el nuevo USMCA estableció reglas más estrictas para automóviles, mantendrá un trato preferencial para exportar a Estados Unidos si se cumplen los requisitos, así que por ese lado se habían despejado en gran medida las preocupaciones.

 

En 2018 la producción mexicana se contrajo un 0,6 por ciento a 3,9 millones de vehículos ligeros. Las exportaciones crecieron el seis por ciento. En los primeros cuatro meses del año ambos llevan un alza del 2,8 por ciento.

 

A nivel doméstico, en cambio, con una economía que crece menos del dos por ciento, cae la venta de autos en México.

 

Uno de cada tres vehículos ligeros importados en 2018 por Estados Unidos se produjo en suelo mexicano. Fueron casi 2,7 millones sobre un total de 8,2 millones, en comparación con 1,7 millones importados desde Japón y 451.000 desde Alemania, con cifras del Departamento de Comercio.

 

El año pasado México superó a Corea del Sur y quedó como sexto mayor productor de vehículos (livianos y pesados) después de Alemania. Hace tres años el Ministerio de Economía mexicano había pronosticado que México podía alcanzar el quinto sitio para 2020.

 

"No le doy mucha importancia al sitio. Lo importante es que México sigue creciendo, lo importante es que México sigue atrayendo inversiones", dijo apenas hace unas semanas el presidente de la Asociación Mexicana de la Industria Automotriz (AMIA), Eduardo Solís.

 

Incluso, expertos del sector estimaban que la exigencia de más contenido regional para los autos (75 por ciento frente al 62,5 por ciento previo), además de la guerra comercial con China podría llegare a actuar como imán de inversiones en México.

 

"Si el acuerdo USMCA es ratificado tal como fue negociado, podría atraer nuevas inversiones a la industria mexicana de automóviles, contra los primeros temores", escribió en un análisis Florian Steinmeyer, de la agencia de comercio e inversión alemana GTAI.

 

"Hay mucho interés de otros países para invertir, principalmente de Asia, por las reglas de origen que ahora se van a requerir", dijo también el responsable de Economía del industrializado estado norteño de Nuevo León, Roberto Russilde. Ahora no se sabe qué sucederá. El gobierno de México espera que la amenaza de aranceles se pueda desactivar antes de que llegue la fecha límite.

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