La economía popular está seca. Nadie trae dinero en el bolsillo

No hay dinero en circulación. Pocos traen dinero en el bolsillo. Grave señal. La economía está seca, todo apuntaría a una virtual recesión… pero no es el caso mexicano, toda vez que el crecimiento del producto interno bruto permanece ascendente, aunque corto, porque la inflación no ha rebasado los estándares que mantiene desde hace ocho meses, y porque los principales indicadores están controlados.

 

La inversión extranjera en proyectos a mediano y largo plazo apunta bien. El empleo muestra signos de recuperación. La captación fiscal, inmejorable en términos nacionales. Pero el gasto en la calle, las actividades normales del ciudadano común están afectadas por una falta de circulante monetario, lo que no es un dato menor.

 

Los bolsillos del ciudadano de a pie están resentidos, no corresponden a los indicadores. Como si la teoría económica conspirara contra la terca realidad. En México no hay recesión, pues esta aparece en su dimensión cuando durante tres o dos trimestres consecutivos no hay crecimiento real del producto nacional bruto. No es el caso.

 

No. No es por haber cancelado el mega fraude en Texcoco

 

Las clases medias atribuyen la sequedad del circulante a la decisión del Presidente de cancelar el mega fraude del aeropuerto en Texcoco. Los medios afines a los empresarios abusivos trataron infructuosamente de esparcir esta especie entre los ciudadanos. Como si el mentado proyecto significara la bonanza económica para todos.

 

No es así, porque todos sabemos lo que el grupo salinista - atracomulquista estuvo haciendo en materia de la especulación inmobiliaria y la entrega de las concesiones de construcción y mantenimiento en favor de la pandilla de siempre. No va por ahí.

 

Aunque Carlos Slim-Salinas se avocaron a demostrar que la cancelación oportuna de ese fraude espectacular iba a pegar en la línea de flotación de todo el sistema económico y político. Como fracasaron en esa estrategia mediática pusieron todo su empeño en retraer las inversiones ‎para cubrirse y demostrar que tenían razón.

 

Se impondrán la racionalidad y el instinto de supervivencia

 

La política económica de austeridad avanza a contrapelo. Tendremos un crecimiento escaso los primeros dos años que andará rondando en el uno o dos por ciento anual, pero que a mediano plazo dará rendimiento. Finalmente se impondrán la racionalidad y el instinto de supervivencia de todo el pueblo, incluyendo a los que generan empleo.

 

‎La austeridad pega de frente en las capas superiores de la burocracia, entre los de cuello blanco. Sí, ha habido reducciones necesarias en sus percepciones, pero no se puede argumentar que eso es la causa de la resequedad económica, porque ellos gastan en productos de consumo superfluo.

 

Tampoco hay desconfianza de los inversionistas extranjeros

 

La causa de la falta de circulación monetaria tampoco puede atribuirse a que el gobierno federal no ha echado a andar la maquinita de hacer billetes. Sabemos demasiado lo que eso contribuye a generar inflación y alza de precios incontrolable. Es la forma más directa de hacer fracasar un proyecto económico nacional.

 

No hay desconfianza de los inversionistas extranjeros en el proyecto de austeridad y nacionalismo del gobierno mexicano. Las balandronadas de Trump no causan efecto alguno, porque los grupos de empresarios gabachos simplemente no le hacen mayor caso.

La última estupidez de declarar que los gabachos pueden poner u

n cinco por ciento de aranceles a todos los productos mexicanos no es más que eso: una balandronada, irrealizable, porque los actores económicos del gabacho saben que acabarían pagando en impuestos esa volada fatua e irresponsable.

 

Como cicuta cayó el decreto que prohíbe regresarles impuestos

 

La pretendida desconfianza entonces tiene un punto de localización específico: es la falta de cordialidad y los abusos que los adinerados nacionales ponen en el tapete para forzar al nuevo régimen a concederles tratos preferenciales, concesiones y prebendas que los han hecho siempre simplemente multimillonarios apapachados.

 

El anuncio del decreto que prohíbe regresarles cuantiosas sumas de impuestos federales cayó como cicuta en sus apetitos. No pueden aceptar lo que ha sido la base esencial de su fortuna, y se desgañitan en amenazas y en retracciones que quieren provocar nuevamente la estanflación, es decir la recesión, más inflación y estancamiento económico.

 

Ese es el principal adversario de la política de austeridad del nuevo régimen. Mientras no se manden señales concluyentes de que no habrá marcha atrás, de que se acabaron los privilegios empresariales y del castigo indispensable a quienes han mancillado a la Nación y a su patrimonio colectivo, no podrá avanzarse.

 

Los viejos vicios de la burocracia siguen campeando en la 4T

 

‎Regresar al circulante monetario los miles de millones de dólares que los privilegiados tienen en paraísos fiscales y en cuentas de subterfugio, es un reclamo nacional. Pero para eso, lo primero que debía hacerse es catalogar a estos delincuentes dentro de los que están insultando el interés superior de la Nación.

 

Ya se quemaron las naves. Ya se lanzó la espada al otro lado del Rubicón. Ya se amenazó a diestra y siniestra a los malditos, a loshambreadores, a los irresponsables y a los delincuentes. Entonces, ¿ qué hace falta? Parece pregunta de Perogrullo, pero tiene una fácil respuesta.

 

‎Lo que urge es que la Secretaría de Gobernación, la Secretaría de Hacienda, la Fiscalía General de la República y el Banco de México se pongan las pilas. Que empiecen de verdad a asumir sus facultades para enderezar este barco que urge que flote. Los remedios siguen siendo esencialmente políticos. Está demostrado que es eso, aunque se niegue.

 

Nadie actúa porque afirman en corto que el Presidente no admite recomendaciones. Y primero está mantener el cargo que ostentan. Que sólo se equivoquen los que hablan y los que asumen el riego de hacerle recomendaciones. Todos los demás, calladitos, esperando instrucciones presidenciales y ejecutándolas a medias.

 

El viejo vicio de la burocracia sigue campeando en la Cuarta Transformación. Nada ha cambiado en ese rubro. Es mejor detentar el cargo que ser corrido sin reintegro, como acostumbra hacerlo el Presidente. La gente espera resultados.

 

No hay de otra. Es ésta hasta que duela. Lo demás es el infierno civil

 

La justicia que se reclama tiene que ver con este renglón de la actividad nacional. La gente quiere saber si algo ha cambiado. Pero poner el destino de México en manos de huizacheros y conformistas no es el remedio que se quiere. Necesita algo más: atrevimiento y verdadera transformación en usos y medidas.

 

El pueblo quiere vivir en un país serio. Y lo que es todavía peor: todos sabemos que si no le va bien al nuevo régimen, nos esperan años muy difíciles. Hasta el riesgo de una confrontación civil.

 

Porque los dos puntos de vista sobre la Nación están ya demasiado confrontados. No hay medias tintas, menos la añoranza de regresar al pasado de mercachifles y mamarrachos que abusaron de la confianza popular.

 

Entonces, no hay salida posible. Es ésta hasta que duela. Lo demás es el infierno civil.

 

¿No cree usted?