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Utopía

Jornada de los feminismos

Eduardo Ibarra Aguirre

La jornada de movilización del viernes 14, Día del Amor y la Amistad, aunque algunas voces se pronunciaron contra “el amor romántico”, fue diversa tanto por los tipos de feminismos y sus partidarias que marcharon en varias ciudades, donde las protestas sin violencia transcurrieron con normalidad, mientras que las expresiones beligerantes contra “los hombres” y “los periodistas”, virulentas e incluso los actos vandálicos que forman parte del paisaje de la Ciudad de México, se dieron durante la concentración de 70 encapuchadas en la puerta Mariana de Palacio Nacional, en la sede de La Prensa, la Escuela de Periodismo Carlos Septién García y en un intento fallido de vandalizar otra vez el Ángel de la Independencia, como en septiembre de 2019, después de agredir, entonces, a policías y usuarios del Metro.

 

Cierto, el incremento de la violencia feminicida en 976 episodios en 2019, frente a los 411 de 2015, es tendencia alarmante y base de sustentación de las legítimas demandas de miles de mujeres en movimiento y sus protestas que en el caso de la capital mexicana transcurrieron a lo largo y ancho de la ciudad durante 15 horas.

 

Salvo su mejor opinión, es preciso hacer a un lado las rijosidades discursivas por sectarias y promotoras de la pequeñez de una protesta que puede ser multitudinaria, pues son millones los hombres y mujeres que se oponen al feminicidio y la violencia intrafamiliar que tiene carta de naturalidad en los hogares mexicanos.

 

Precisado lo anterior, le hacen un flaco favor a esa causa no sólo feminista sino nacional, medios como La Jornada y Proceso que contemporizan con las feministas, llamadas de la “quinta generación”, para congraciarse con sus lectores al convertir en lugar común la frase justificadora de “la furia de las mujeres”. Otros, como el duopolio de la televisión también lo hacen a su manera, mas no cambian sus contenidos que reducen a las mujeres a objetos sexuales, las cosifican. Y las neofeministas no se dan por enteradas.

 

Por lo demás la tal “furia feminista” casualmente (¿o causalmente?) sólo se expresó al exterior de Palacio Nacional durante la mañanera del presidente Andrés Manuel, quien aprovechó la pertinente insistencia de Frida Guerrera para dar a conocer su decálogo sobre tan grave tema. Desaprovechó, a mi juicio, la sugerencia de la activista para respaldar la formación de una fiscalía especializada sobre feminicidios y violencia. La Fiscalía General de la República es autónoma, pero López Obrador tiene atribuciones para sugerir.

 

En la misma Ciudad de México las protestas, exceptuando las mencionadas al principio, fueron sin destrozos ni pintarrajear bienes nacionales –los que no importaron a Ciro Gómez Leyva, pues sólo mostro preocupación por el patrimonio del diario capitalino, que en 1961 voceé en Matamoros.

 

Resulta plausible que Atención Ciudadana, por medio de Leticia Ramírez, escuchara las exigencias de las 70 de “la furia feminista” a través de una comisión de 12 activistas, pero es muy mala señal que lo hicieran encapuchadas y sin dar su nombre. ¿A qué temen? Quizá a sus padres. Y todavía se quejaron de que “no tomaron en serio nuestras demandas; no tenían capacidad resolutiva”. Difícil hacerlo con quien no se atreve a hacerse responsable de sus actos.

 

José Luis Rodríguez Zapatero, expresidente de España, dijo en México el sábado, que el feminismo es sensibilidad, es creatividad, es cooperación, frente al machismo que es jerarquía, dominación, visión autoritaria de la vida. Así es.

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