La Cuarta Decepción: de la aldea global al aldeanismo vil

La Cuarta Decepción: de la aldea global al aldeanismo vil

Todavía hay analistas que insisten en echarle la culpa a la ideologización de Tepetitán cuando no se explican las respuestas rancheras que se dan a los problemas cotidianos. La pobre Ideología está cargando con una culpa que de ninguna manera es suya. La ideología en sí no es buena ni mala, todo depende para qué se le utilice.

 

No es cierto que hayamos llegado al fin de las ideologías. Estas siguen siendo macizos concatenados, coherentes, de ideas, respuestas y soluciones a los asuntos que se le presentan diariamente a los seres humanos.

 

Una ideología es un conjunto normativo de emociones, ideas y creencias colectivas que son compatibles entre sí y están referidas especialmente a la conducta social humana. Las ideologías suelen constar de dos componentes: una representación del sistema, y un programa de acción.

 

Hoy y aquí, ante un gobierno que no tiene brújula ni mando

 

En el régimen actual no existe ninguna de los dos. Priman la ocurrencia y el capricho. Porque, para tener una ideología, lo primero es haber leído mucho sobre los temas a considerar en cualquier gobierno y la manera de estructurar un modelo de país, y en México, ése no es de ninguna manera el caso.

 

Estamos ante un gobierno que no tiene brújula ni mando. Es un grupo de burócratas favorecidos con cargos y emolumentos que no están dispuestos a ceder, a menos que alguien los convenza de lo contrario. Tienen sus principios, pero si usted quiere, también tienen otros, como decía el gran Groucho Marx, el de los Tres Chiflados, como conocimos aquí a los Max Brothers.

 

Los tecnócratas de aquí no asumieron el fin del neoliberalismo

 

México ya fue destrozado por el modelito neoliberal global, la apertura indiscriminada del mercado para integrarse a un mundo raro, la desregulación crónica, el desmantelamiento del Estado, el apego irrestricto a los índices macroeconómicos para controlar la inflación, en lugar de promover la producción.

Las políticas monetaristas y el recorte tajante al gasto de inversión, público y privado, en lugar de promover el empleo, la salud, la seguridad social, la vivienda, la educación y el bienestar general. Nos amenazaron que si no seguíamos por ese camino, iríamos al fracaso. Se había construido para lo que restara de la historia.

 

Desde principios del año 2003, los principales que propusieron la ideología desde los puestos de mando admitieron su equivocación. Reconocieron que el modelito había naufragado. En ese repertorio de benefactores arrepentidos debemos enlistar a:

 

John Williamson, el principal impulsor de la idea; Jeffrey Sachs, gran halcón de las políticas de choque; Lawrence Summers, ingeniero financiero de grandes corporaciones; Joseph Stanislaw, privatizador de recursos petroleros; Allan Greenspan, jefe histórico de la Reserva Federal estadunidense; Robert Rubín y George Soros.

 

Tuvieron que admitir en todos los tonos que habían fracasado. Nuestros tecnócratas de huarache, empero, nunca lo admitieron, ni lo asumieron, porque hubieran dado el brazo izquierdo por haber podido tomar un café con cualquiera de ellos.

 

En los centros de poder no quieren saber de nuestros tecnócratas

 

‎Hoy, cuando se percibe a leguas que al gobierno mexicano ya le cerraron la llave de los préstamos monetarios de polendas en el Fondo Monetario Internacional y en el Banco Mundial, todos se dan cuenta de que abusaron pidiendo a espaldas del pueblo y llevaron el monto de la deuda a la mitad del producto interno bruto.

 

Hoy que somos insolventes y desconfiables en grado sumo, que en los centros de poder ya no quieren saber nada de nuestros tecnócratas que manejaron las finanzas y el erario mexicano, malician allá mismo que están fabricando otro garlito para llevarse de nuevo el gato al agua. Son demasiado voraces y desalmados, parecen opinar.

 

De la aldea global del neoliberalismo, a la aldea despótica de la 4T

 

‎Cierto. La ideología neoliberal --a la que los conspicuos cerebros de la Cuarta Decepción le llaman "ciencia neoliberal" (?)-- dejó grandes tiraderos en el país. Harían bien en comprenderla para saber dónde estuvieron las fallas. No se trata sólo de emparentarla con los conservadores y fifis, porque por ese camino no se llega a ninguna parte.

 

Porque tal parece que la equivocación que se comete, como siempre que rechazan cualquier idea sin presentar alternativa, es ahondar más en las contradicciones, en el rumbo del país y en la falta de un modelo mínimo y de programas de acción para recomponer el trazo. Se ha pretendido pasar en 16 meses, de la aldea global propuesta por el neoliberalismo, a la aldea despótica, propuesta por el Caudillo de Tepetitán.

 

Y de las dos, quien sabe cuál sea la más aberrante. Creo que ha de ser la segunda, porque si aquélla podía echarse a andar y seguir hasta el fin de los tiempos a base de préstamos y ayudas condicionadas, ésta no tiene cómo. Ni tendrá. ‎Como siempre, estamos frente al muro de la ignorancia y la mediocridad.

 

Todo se derrumbó y no hay palabras para describir lo que pasa

 

El país está destrozado en sus bases fundamentales. No hay un solo sector, un solo rubro de la economía que pueda prosperar en medio de la incertidumbre, la desconfianza y el encono. Puede decirse sin temor a dudas que ya casi no queda país.

 

Si la manera de enfocar el crecimiento en la segunda alternativa era el nacionalismo y el fortalecimiento del mercado interno, todo se tiró por el caño. Pasamos de la aldea global al aldeanismo autoritario y dictatorial.‎ El peor de los mundos posibles.

 

Cuando todo se derrumba, a lo que pasa no se le puede catalogar con una palabra del lenguaje político, ni académico. Las palabras se desgastan, se desacreditan, como nuestra propia confianza y credibilidad. Como estamos gastados ante nuestra época, ante nuestra generación y lo que es peor, ante nuestro mundo. Lo que vivimos es una tragedia inenarrable, impredecible en sus consecuencias, bajo cualquier régimen, de la naturaleza, la crueldad y la ideología que sea.

 

La realidad contrasta con los engaños diarios de las “mañaneras”

 

Y antes de llegar al destino común, el de la hambruna, ya empezaron las imágenes apocalípticas. Eso que sucediió en el hospital general de Las Américas, en Ecatepec, es lo más parecido al terror y a la falta de futuro.

 

Muchedumbres de desesperados, tratando de identificar a sus muertos entre pilas de cadáveres sin rostro, nombre, identificación ni medicamentos aplicados, es algo de lo peor que ha pasado en México, ni comparándolo con los grandes desastres de su historia se encuentra algo similar en términos de abandono, displicencia y molicie.

 

¿Ahí queríamos llegar? Ese es el país que nos espera, el que dejaremos a nuestros descendientes. El que contrasta la realidad pura y dura con los engaños cotidianos de las “mañaneras” lastimosas. El que retrata un país que pasó de la aldea global al aldeanismo despótico.

 

Lo que pasa, producto de una caterva de incapaces, mediocres

 

Que conste: de todo eso no tiene culpa la ideología.

 

Todo es producido por una caterva de mediocres, ignorantes e incapaces.

 

Porros de quinto talón venidos a más por efecto de una población engañada.

 

No lo merece nadie.

 

¿No cree usted?