Volver al pasado: así debimos afrontar el COVID

Volver al pasado: así debimos afrontar el COVID

Como el lector sabe, esta columna #SiEsPolíticoEsPúblico tiene por objetivo comentar sobre estrategias de comunicación, políticas públicas o acciones electorales.

 

La crisis sanitaria por el COVID-19 ha afectado a la mayor parte del orbe y algunos países lo han hecho mejor que otros.

 

De esa experiencia hay que tomar un aprendizaje para convertirla en un ejemplo de Política Pública que tomar en el futuro.

 

Así, para enfrentar una pandemia de estas proporciones es necesario hacerlo desde tres grandes frentes: el de salud, el comunicacional y el económico.

 

México, como gobierno, cometió errores graves en los tres frentes.

 

De inicio debió ponderarse el tema salud bajo una óptica científica. Si era un hecho que los contagios iban a ocurrir y también es un hecho que la enfermedad no tiene cura, de inmediato debieron tomarse las medidas más drásticas.

 

Si el país hubiera detenido en absoluto su actividad de 10 a 15 días, justo al primer caso del contagio (esto implicaba operativos en aeropuertos, terminales de autobuses, empresas grandes y en oficinas de gobierno) y todos los ciudadanos se hubiesen confinado, el golpe sería fuerte para la economía, pero no demoledor, duraría poco y podría haberse resistido.

 

El problema grave, en estos momentos -nuestro presente-, es la temporalidad. La duración de la cuarentena sin la certeza de que el virus haya sido domado, está costando mucho más que una quincena de prácticamente toque de queda.

 

En ese periodo, el cual no tuvimos, pero vamos a imaginar que así lo ejecutamos, se atienden también los temas comunicacionales y empresariales.

 

Se informa con claridad, CON UN SOLO MENSAJE CONTUNDENTE la gravedad de la enfermedad y cómo puede afectar a todas las personas y a la misma economía mediante los contagios asintomáticos.

 

Nada de mensajes contradictorios sobre giras o ir a restaurantes y fondas.

 

De manera simultánea, el Gobierno Federal y los Gobiernos Estatales lanzan una campaña de invitar a quedarse en casa y ahorrar -quienes puedan- para el regreso a las actividades, para consumir local, pues. Partiendo de este ejemplo que ahora escribo, las fronteras están cerradas para que el virus no ingrese a través de visitantes.

 

En el frente de sanidad se mantiene la revisión de casos. Se ejecutan todas las pruebas posibles y los contagiados son aislados, estudiados y vigilados.

 

Todo esto en los primeros 10 días del paciente cero. Incluso, podría haber empezado este tipo de acciones con el paciente 0 en alguna de las fronteras.

 

Imaginemos ese escenario: los hospitales se preparan rápidamente para atender a pacientes con COVID, pero dado que la movilidad es cero, y comienzan a hacerse muchas pruebas, el virus podría confinarse.

 

Nuevamente la campaña de comunicación aparece. En spots por todas las plataformas se invita a los mexicanos que tengan alguno de los síntomas a marcar al call center (sí, de inmediato se contrata alguna empresa grande con operadoras robóticas) que permite filtrar los posibles contagiados de los que no.

 

Sé que ese sistema ya existe ahora, pero imaginémoslo cuando apenas había tres o cinco casos informados a nivel nacional.

 

México sigue confinado.

 

Para que la iniciativa privada no desespere y pierda la cabeza, la campaña de comunicación también informa de lo grave que podría resultar la pandemia de no seguirse estas medidas drásticas, es decir, se les informaría que de no seguir las medidas ocurriría la realidad que hoy tenemos.

 

Los casos comienzan a aumentar, pero no a la velocidad que tuvimos en nuestra realidad actual.

 

En 10 días, los contagios son menores, tal vez ocurre el primer fallecimiento y el trabajo y los empleos comienzan a preocupar, pero ninguna empresa ha cerrado, se mantiene aún con sus utilidades ahorradas, viene el siguiente mes de la pandemia a nivel internacional y entonces las buenas acciones de México le permiten tener una ENORME oportunidad, pero eso es lo que comentaremos en la siguiente columna.

 

Ahora, subámonos al Delorean y volvamos al futuro.

¡Oh no! Nuestro futuro es terrible.