Recomendación de la OMS y decálogo de AMLO

Recomendación de la OMS y decálogo de AMLO

La Organización Mundial de la Salud hizo la siguiente observación por medio del director ejecutivo del Programa de Emergencias Sanitarias: “Creo que lo que hemos visto en todo el mundo es que los ciudadanos se sienten muy confundidos si reciben mensajes diferentes desde distintas partes del sistema, por lo que tenemos que alinear el mensaje y asegurarnos de trabajar conjuntamente para que nuestros ciudadanos reciban la mejor información para protegerse y proteger a sus seres queridos y a sus comunidades”.

 

El experto de la OMS, Michael Ryan, subrayó en todo el mundo, pero algunos de los damnificados por la caída del rating y la pauta publicitaria –o bien los consorcios mediáticos para los que laboran y en los que cobraban bastante bien, pues usaban automóviles BMW blindados y tenían novia joven–, lo presentaron como una llamada de atención al gobierno de México.

 

Pequeña diferencia, salvo su mejor opinión, pero así está la batalla del Bloque Opositor Amplio que no repara en que la protección de la salud de los mexicanos está por encima de julio de 2021, de la revocación del mandato presidencial y para el cual José Antonio Fernández Carbajal (el Diablo) ofreció:

 

“Le pagamos al SAT (Sistema de Administración Tributaria), pero voy a poner el doble para sacar a AMLO en 2022”. Qué cuide su lengua viperina el plutócrata que actúa como dueño de México, pues millones de paisanos están hasta la madre de tales desplantes y algunos anunciaron un boicot de consumidores de las múltiples marcas de FEMSA, empezando por Coca-Cola. Y tal cosa le haría mucho daño porque una patada al bolsillo, diría el clásico, duele mucho más que una a los testículos. Y si no que consulte a sus recomendados Alejandro Poiré Romero, Carlos Urzúa Macías y Carlos Elizondo Mayer-Serra.

 

En esa tesitura y cuando la mitad de los estados pasarán del semáforo rojo epidemiológico (sólo actividades esenciales) al naranja (ampliación del espectro laboral pero limitado al 30%), el presidente Andrés Manuel hizo público el decálogo para la vuelta gradual, cuidadosa, a la “nueva normalidad” que forma parte del estire y afloje de los políticos venidos a zopilotes y hasta epidemiólogos. Basta ver al plumífero que con seudónimo atacaba en Excélsior a los críticos de Miguel de la Madrid Hurtado y ahora junto con Raymundo Riva Palacio son infectólogos, tanto que el segundo vaticinó hace dos meses que México superará a Italia en daños a la salud.

 

Las 10 recomendaciones poscovid-19 pueden resumirse así: recobrar a “plenitud el sentido de la vida”; salir con seguridad y optimismo a la calle; “realizar nuestras actividades de siempre y vivir sin miedos ni temores”; mantenerse informados de las disposiciones sanitarias; buscar un camino de espiritualidad y “defendamos el derecho a gozar del cielo, del sol, del aire puro, de la flora, de la fauna, y de toda la naturaleza”; darle la espalda al egoísmo, “ser más solidarios y humanos”, no tener actitudes racistas, clasistas, discriminatorias ni sexistas; alejarse del consumismo y dejar atrás el materialismo (sic); no consumir “comida chatarra”, alimentarse con productos orgánicos, bajar de peso, realizar ejercicio y vivir sin estrés; “si tienes adicción al tabaco y al alcohol, busca tratamiento para eliminarlos”.

 

Sin duda que son útiles las observaciones, pero la fuerza del ejemplo de AMLO todavía no es aprovechada al tope. Por ejemplo, si a los simples mortales se les pide no tocarse la cara por qué lo hace él ante muchos millones de mexicanos; si a todos exigen el uso de cubrebocas por qué los comparecientes en las mañaneras y las tres vespertinas los evitan; para qué Hugo López-Gatell diserta en forma brillante sobre las limitaciones del tapabocas y, finalmente, cuál es la urgencia de realizar una gira presidencial por Hidalgo, Morelos, Puebla y Tlaxcala, si a los capitalinos aún se les pide mantenerse preferentemente en casa. Los mensajes son diferentes, confusos.