Pasar al contenido principal
A golpes de razón

López Obrador presionó el botón rojo: Lozoya

Miguel Ángel Cordero

Ante la caída de popularidad que ya le preocupa al presidente y con dos nuevas crisis, el presidente decidió activar el botón rojo de palacio nacional, aquel que enciende alarmas: “¡hagan algo con Lozoya, ya!”.

 

El nuevo proceso que enfrenta el exdirector de Pemex, dado a conocer la noche de este miércoles, es la medida desesperada por tratar de desviar la atención de temas que, en conjunto, han minado la popularidad y credibilidad del presidente.

 

El Gobierno Federal estableció una estrategia de comunicación: las mañaneras. Diariamente, la propaganda del presidente era diseminada a través de este ejercicio sin precedentes.

 

Su estrategia de propagada es la siguiente: el presidente dicta el tema, sus propagandistas lo aplauden, aplaudidores digitales -bots y trolls- posicionan el tema y así, por varios meses, se mantenía incólume la popularidad de López Obrador.

 

La estrategia funcionó por semanas, permitiendo que la aprobación del mandatario se mantuviera estable sin mayores contratiempos, a pesar de escándalos noticiosos como las pérdidas en Pemex, el bajísimo crecimiento económico, la cancelación del NAIM y los reclamos empresariales de Constellation Brands.

 

Pero todo cambió cuando el coronavirus atacó. La aparición de Hugo López Gatell le dio oxígeno a la popularidad del presidente. De hecho, muchas de las graves declaraciones de López Obrador -como no usar cubre bocas o menospreciar el impacto de la enfermedad- eran distraídas por las complejas y estrambóticas respuestas que daba, desde entonces, López Gatell.

 

Se convirtió en el “científico” de la Cuarta Transformación que cuadraba con calzador las teorías a los dichos del presidente. La base de simpatizantes de Andrés Manuel le arropó porque confirmaba que el credo al mandatario tenía una base intelectual en medio de una contingencia sanitaria.

 

Los problemas comenzaron para la Cuarta Transformación con la pérdida de credibilidad de sus integrantes. Esta caída de credibilidad comenzó con Manuel Bartlett, siguió con el matrimonio Ackerman-Sandoval, después con López Gatell y ahora culmina con el caso Lozoya.

 

Con la salida al aire de Latin.us, el periodista Carlos Loret de Mola publicó un reportaje en el que exhibía la riqueza inmobiliaria del director de la CFE, Manuel Bartlett.

 

A manera de defensa, Irma Sandoval exoneró al exgobernador poblano y al deslindarlo de corrupción ella quedó evidenciada como parte de la mafia. Peor aún cuando un segundo reportaje demostró también la riqueza inmobiliaria de Sandoval y Ackerman. A la baja se fueron los bonos de la 4T.

 

De pronto, el nuevo astro de la Cuarta Transformación también dejó de brillar. Hugo López Gatell perdió credibilidad, porque la curva de contagios nunca se aplanó y modificó decenas de veces sus pronósticos sobre el impacto del virus en el país.

 

Ante este alud de eventos, los propagandistas de Andrés Manuel planeaban atraer la atención con el avión presidencial y dominar la escena con las acusaciones a Lozoya, involucrando a Ricardo Anaya y a los incómodos gobernadores del PAN Francisco Domínguez y Francisco Javier Cabeza de Vaca.

 

Ese era el plan hasta que el huracán Hanna tocó tierra. Mientras el Gobierno Federal no actuó de manera directa, Cabeza de Vaca lo hizo y se llevó la ventaja narrativa ante la crisis. Mientras López Obrador observa como perdía el timing con el caso Lozoya, fueron reveladas las pérdidas millonarias de Pemex.

 

Ante esta realidad, el mandatario caminó a su oficina, levantó el capelo que cubre el botón rojo de alerta y lo presionó: que Lozoya “cante” ya. Pero al declararse inocente todo apunta a un nuevo escándalo en contra de la popularidad del mandatario.

SIGUE CONECTADO