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Imagen Económica

Claves para entender el outsourcing

Carlos Alberto Jiménez Bandala*

En esta semana, la secretaria de Trabajo, Luisa María Alcalde Luján, presentó una iniciativa para eliminar las malas prácticas del outsourcing. Como siempre, hubo voces encontradas, entre los que apoyan la propuesta como los trabajadores y los que la rechazan como los patrones. Pero, ¿qué es el outsourcing y en qué consiste la propuesta para eliminar las prácticas perversas?

 

Cuando termina la Segunda Guerra Mundial se impulsó en el mundo occidental un modelo tecno-productivo basado en el consumo en masa y la producción a escala. La producción a escala permite que el costo unitario disminuya a medida que aumenta el volumen de producción porque los costos fijos se reparten entre un mayor número de unidades. La baja en los costos se reflejó en la reducción de precios, al mismo tiempo lo salarios experimentaron aumentos extraordinarios que permitieron un mayor consumo.

 

Pero no todos los países gozaron de esa bonanza, Japón había perdido la guerra y estaba en una situación precaria, no podía copiar el mismo modelo y por tanto su reto fue “pensar al revés”. Su estrategia se basó en una producción específica y personalizada que disminuyó costos a partir de adelgazar la empresa y flexibilizar sus procesos. Por ejemplo, la automotriz Toyota repartió muchas de sus actividades entre empresas más pequeñas que se volvieron sus proveedoras y que debían entregar sus productos justo en el momento que iban a ser ensamblados, así disminuyó sus gastos de personal, pero también de almacén y de inventarios.

 

Lo anterior también permitió aumentar la calidad, pues la empresa dejó de ocuparse de actividades que le eran complicadas desarrollar. La industria automotriz es tan compleja que requiere la metalurgia para la carrocería, los textiles para los asientos, el vidrio para las ventanas, los componentes electrónicos, mecánicos, etc. en lugar de gastar en capacitar y desarrollar al personal y acondicionar instalaciones para cada insumo, mejor se encargan a los especialistas a manera de externalización.

 

Después de la crisis petrolera de mediados de los años setenta, las empresas occidentales copiaron muchas prácticas de gestión japonesa, entre ellas el outsourcing o externalización. Sin embargo, mientras que en Japón era parte de un modelo más amplio que implicaba procesos de calidad y reconocimiento del trabajador, en Occidente esta adopción se empató con el fin del Estado de Bienestar y el arribo del neoliberalismo.

 

Como ya hemos explicado en pasadas ocasiones en esta columna, el neoliberalismo es un conjunto de políticas que se basan en los postulados económicos de la escuela neoclásica, principalmente que el mercado se regula sólo y no debe intervenir el Estado. Desde esta perspectiva, el trabajo es una mercancía y, por tanto, su precio (salarios) debe fijarse por efectos de oferta y demanda sin ninguna intervención del gobierno; entonces, las prácticas de subcontratación y flexibilización de las relaciones laborales están encaminadas a reducir los salarios reales a costa de precarizar la vida de los trabajadores.

 

El mayor golpe al derecho al trabajo se dio en el sexenio de Felipe Calderón con la Reforma Laboral que permitió la subcontratación, facilitó los despidos y anuló conquistas laborales como las prestaciones, la sindicalización y el derecho a huelga. Aunque la subcontratación debiera limitarse a las actividades que no son centrales en una empresa como la limpieza o la seguridad, en la práctica se pervirtió y cada vez más trabajadores se encuentran bajo esta figura. En la siguiente gráfica se observa que los trabajadores subcontratados se duplicaron del 8.5% del total de trabajadores en 2004 al 16.58% en 2014. Actualmente casi 2 de cada 10 trabajadores son subcontratados.

 

Elaboración propia con datos de INEGI, Censos Económicos 2004-2019

 

Muchas empresas utilizan la subcontratación como simulación para eludir responsabilidades: crean una empresa nueva cuya actividad es exclusivamente pagar la nómina de los trabajadores. Los trabajadores laboran en una empresa, pero son contratados por otra. La empresa principal no reporta trabajadores y por tanto no reparte utilidades, tampoco paga los impuestos relacionados. La empresa contratante se disuelve en poco tiempo y se forma otra que vuelve a contratar a los trabajadores y de esa forma nunca se genera antigüedad. A veces la empresa se disuelve antes de pagar prestaciones como el aguinaldo; al no haber antigüedad tampoco hay derecho a vacaciones. En muchos casos los trabajadores no conocen con certeza a su patronal y no pueden reclamar nada ante las autoridades.

 

Cabe señalar que el 80% del personal subcontratado está en los sectores de más bajos salarios. El outsourcing en nuestro país no es una estrategia empresarial para elevar la productividad y la calidad de los productos, sino para aumentar de forma extraordinaria las ganancias a costa de empobrecer a los trabajadores; esta práctica entonces ha aumentado las desigualdades y debe eliminarse. Lo que está en pugna realmente son dos modelos: uno que ve al trabajo como una mercancía y otro que reconoce el trabajo como un derecho social. Reivindiquemos al trabajo y a la clase trabajadora.

 

*Profesor-Investigador Facultad de Negocios, Universidad La Salle México

Miembro del Sistema Nacional de Investigadores

Twitter: @BandalaCarlos

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