¿La vitamina D mejora los síntomas de COVID-19? Científicos debaten

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Mucho se ha hablado de la deficiencia de la vitamina D como consecuencia del aislamiento social y del encierro durante la pandemia de COVID-19. Al mismo tiempo, hay estudios que la señalan como útil para la prevención de enfermedades respiratorias, aunque no hay consenso científico en este punto. 

 

Las consecuencias de la deficiencia de vitamina D en el cuerpo humano son ampliamente conocidas: puede causar múltiples problemas en los huesos, como el raquitismo. Por ello, cuando empezó la pandemia de COVID-19 los científicos comenzaron a preocuparse porque el aislamiento social a partir del encierro pudiera ocasionar una insuficiencia de la vitamina en las personas. 

 

Sumado a esto, varios estudios encontraron que un gran porcentaje de pacientes infectados del virus SARS-CoV-2 presentaban falta de vitamina D en su organismo. En mayo, un equipo de investigadores británicos atribuyó la alta tasa de mortalidad de COVID-19 en el país a que su población tiende a tener bajos niveles de esta vitamina. Por esas fechas las conclusiones de otros estudios elaborados por especialistas irlandeses e ingleses sugirió prescribir suplementos de vitamina D a los pacientes de COVID-19, e instó a los Gobiernos a evaluar la incorporación de esta medida.  

 

Estas fueron solo algunas de todas las investigaciones en torno a la vitamina D y su vínculo con el COVID-19, especialmente orientadas a comprobar si la sustancia podría curar o atenuar las consecuencias de la enfermedad. 

 

"Sin embargo, mientras que los datos sobre la función de la vitamina D en el crecimiento y el mantenimiento de los huesos son claros y han informado las guías clínicas prácticas y las políticas de salud pública a lo largo de los años, la evidencia que apoya el papel de la vitamina D en otros procesos de salud y enfermedad, en particular infección aguda del tracto respiratorio, permanece irregular", resume un editorial de la revista médica británica The Lancet.  

 

Y es que, si bien ciertos estudios observacionales sugieren que suplementar vitamina D puede evitar el desarrollo de enfermedades infecciosas respiratorias, especialmente entre quienes tienen deficiencia de la vitamina, los ensayos aleatorizados hechos al respecto dan resultados contradictorios entre sí.  

 

La revista cita varios. Entre ellos, un análisis preespecificado del ensayo clínico aleatorizado D-Health hecho en más de 20.000 adultos australianos, en el que no se vio una reducción del riesgo ni de la gravedad de enfermedades respiratorias agudas. La reducción de los síntomas de estas enfermedades se redujo estadísticamente solo en medio día, lo que hace que la evidencia no sea "significativa clínicamente".    

 

Una revisión sistemática de varios ensayos clínicos publicada en MedRxiv, concluyó en que la suplementación con vitamina D era segura, e identificaron un leve efecto positivo hacia las enfermedades respiratorias agudas, pero se reconoció que había una importante heterogeneidad en cada uno de los ensayos.  

 

Mientras la pregunta de si la vitamina D puede ser o no útil frente al COVID-19 y a otras enfermedades respiratorias permanece abierta, el Instituto Nacional para la Excelencia en la Salud y la Atención de Inglaterra —NICE, por sus siglas en inglés—, en colaboración con Public Health England y el Comité Asesor Científico sobre Nutrición, reafirma la recomendación del Gobierno de tomar suplementos de vitamina D para mantener la salud ósea y muscular durante épocas de encierro, pero no para reducir los síntomas o la gravedad de la enfermedad pandémica.  

 

El mensaje concluyó en que "aún faltan pruebas suficientes para respaldar la suplementación con vitamina D con el objetivo de prevenir o tratar el COVID-19 y que el tema debería investigarse más a fondo", explica la revista.  

 

Esto generó decepción de muchos en la comunidad científica que, conocedores de la vitamina D, aseguran que aunque resten pruebas para demostrar su efectividad, es sabido que esta vitamina es segura, de bajísima toxicidad, y que, en un momento en el que la situación sanitaria continúa empeorando, debería tenerse en cuenta.  

 

"En un mundo ideal, todas las decisiones de salud se tomarían en base a evidencia abrumadora, pero una época de crisis puede requerir un conjunto de reglas ligeramente diferente", concluye.

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