La semana de la falta de humanidad

Dos hechos han marcado la corta semana que se vive en estos momentos en Puebla, ambos con la falta de humanidad como factor principal.

 

El pasado lunes inició la vacunación de adultos mayores en la capital del estado. Acto que se convirtió en un caos, provocando que miles de abuelitos pasaran horas y horas en los rayos del sol.

 

La falta de humanidad llegó desde el delegado del Gobierno Federal, Rodrigo Abdala, quien fue el culpable de las escenas lamentables que se vieron en la inoculación de adultos mayores.

 

Lo que más indigna y molesta es el silencio del encargado de la estrategia Correcaminos en Puebla, mostrando que no es de su interés el salvaguardar la integridad de esos adultos mayores que necesitan urgentemente el antígeno.

 

No le importó lo sucedido en San Andrés Cholula, mucho menos lo presentado en Puebla Capital. Su indolencia es digna de una sanción desde la Federación o mínimo debería presentar su renuncia, pues ha quedado demostrado que no puede con el paquete.

 

Tanto fue su desastre que le tuvieron que corregir la plana y con ideas claras y bien analizadas por parte del Gobierno del Estado, la vacunación se hará a partir de este jueves en las unidades médicas del sector salud.

 

Dijera mi abuelo: “Pa’ qué tanto brinco… estando el suelo tan parejo”.

 

Eso debió suceder desde el lunes, pero Rodrigo Abdala se sintió el todopoderoso y terminó por exponer a los adultos mayores poblanos.

 

Otro suceso donde la falta de humanidad fue evidente se dio en la Colonia La Guadalupana, donde fueron exhibidos unos trogloditas de la Secretaría de Infraestructura del Ayuntamiento de Puebla maltratando salvajemente a unos perros callejeros.

 

Este columnista no es quién para juzgar, pero dicen que uno no puede considerarse buena persona si maltrata a los animales y estos asilvestrados no son más que unos tipos que merecen el desdén de la sociedad.

 

En lo personal, amable lector, prefiero no dar aviso a Protección Animal del municipio de Puebla cuando veo a un perrito en riesgo o lastimado. Mejor solicitar el apoyo de fundaciones, grupos animalistas o asumir la responsabilidad uno mismo que pedir ayuda a gente sin el mínimo gramo de humanidad.