“Los Lobos”, un filme de migración visto con ojos de niño

Las añejas temáticas que nutren al cine mexicano desde prácticamente su nacimiento han resultado en un gran hastío para una parte importante de los espectadores, quienes piden que se aborden otros tópicos diferentes a los que ya conocemos, pero existen grandes giros que permiten que un tema tan socorrido como la migración y la segregación, sea tan destacado como en la cinta de Samuel Kishi, “Los Lobos” (México, 2019), que se estrena la siguiente semana en la cartelera nacional.

 

El filme, que se estrenó hace un par de años en el Festiva de Cine de Guanajuato, resulta un oasis en el desierto ante el gran número de cintas que martirizan al migrante para dejarnos una visión mayormente fatalista de este fenómeno social que compartimos con prácticamente todos los pueblos pobres del mundo.

 

La cinta narra la historia de dos pequeños hermanos, Leo y Max (Maximiliano Nájar Márquez y Leonardo Nájar Márquez) de 5 y 8 años, cuya madre Lucía (Martha Reyes Arias) se ve obligada buscar mejores condiciones de vida y los lleva a Albuquerque, para dedicarse a trabajar, aunque debido a ellos los niños tienen que permanecer solos durante el día, encerrados en su casa, ubicada en un barrio latino de alta peligrosidad, donde su único contacto con el mundo nuevo que les rodea es una ventana y todos los sonidos que perciben a través de ella.

 

La construcción transformación emocional que viven los niños, acompañados tan solo por su imaginación y una vieja grabadora de casetes, donde su madre les deja instrucciones para subsistir mientras se ausenta, son las únicas herramientas con las que los pequeños se enfrentan a la realidad que tienen que vivir. La historia, pues, permite al espectador observar la migración vista desde los ojos de los niños, quitando toda tendencia política o económica que pueda afectar su idea del mundo.

 

El filme va de lo entrañable de los juegos entre los niños y la madre, a la crudeza de la discriminación, pasando por momentos de reflexión infantil en los que interviene la significación asignada por la madre a los hermanos, a quienes les asigna el término de lobos, pues son ellos quienes se cuidan como hermanos, no lloran y cuidan la casa.

 

En suma, resulta una cinta del todo recomendable, que si bien es cierto nos cuenta la historia con lujo de detalle y en un ritmo casi contemplativo, la verdad es que nunca se pierde la atención en la historia. Los niños protagonistas dejan ver destellos de buenos actores y es uno de los aspectos destacados en pantalla, aunque también el trabajo histriónico de Martha Reyes, quien además es la guía actoral de los niños, es digno de gran reconocimiento.

 

Solo le recuerdo que la imaginación se disfruta más en la oscuridad del cine, así que no deje de asistir a su sala favorita. Para dudas, comentarios o sugerencias escríbame al correo electrónico trejohector@gmail.com o sígame en mis redes sociales “Cinematografo04” en Facebook y Spotify, así como “Cinematgrafo04” (sin la “ó”) en Twitter

Notas Relacionadas