Bravero, chorlero o zorrero: el caliche policial al borde de la extinción

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Seguramente muchos hemos sido víctimas de un carretero, un bravero o un retinto; sin embargo, pocos sabrán a quienes nos referimos si los nombramos de ese modo, pues se trata de términos del caliche o caló mexicano que está al borde de la extinción, incluso dentro de las corporaciones policiales que fueron las que ayudaron a acuñarlo.

 

Un carretero, por ejemplo, es un ladrón que se especializa en los asaltos a transporte público; un bravero es aquel delincuente que usa el arma de fuego para sus fechorías; mientras que el retinto es aquel que trabaja con el método del "tirón", es decir, que le jala las cosas a sus víctimas para después correr o huir en algún vehículo.

 

El caló, conocido popularmente como caliche, surgió en la década de 1920 y se fue nutriendo con el paso de los años, con la ayuda de la sinergia que hay entre los grupos delincuenciales y las corporaciones de seguridad, quienes acuñaron ciertos términos para renombrar algo o para identificar a cierto sector, por su especialidad.

 

Imagen Poblana llevó a cabo una consulta entre algunos policías sobre su conocimiento del caliche; sin embargo, de los más de 20 tipos de denominaciones asignadas a los ladrones según su especialidad, apenas pudieron identificar de tres a cinco, pues la mayoría no los habían escuchado.

 

Por eso aquí te explicamos algunos de los términos más comunes que hay para cierto tipo de ladrones, así como las denominaciones que tienen algunas armas y la forma en la que popularmente se le llamaba a la policía u otras autoridades judiciales.

 

Los más comunes

 

Como se indicó al principio de este reportaje, seguramente la mayoría de los poblanos hemos sido víctimas en algún momento de nuestra vida de un bravero, un retinto o un carretero. A diferencia del bravero y el carretero, el retinto también tiene una variación y es la de cuaco, así que si alguna vez has ido caminando por la calle y de repente alguien pasa jalándote tu bolsa, mochila o celular y huye valiéndose de la velocidad, es probable que hayas sido víctima de un cuaco o un retinto.

 

Cuando Imagen Poblana indicó a los policías consultados la especialidad del retinto, refirieron que ahora se les conoce más como cadeneros, ya que ahora suelen pasar corriendo por calles del centro histórico arrancándoles a las mujeres sus aretes o cadenas de oro.

 

Otra práctica que sigue vigente es la de los carteristas, muy común en el transporte público o en lugares concurridos; sin embargo, en el caliche policial se les conocía como bastero, cartero, pianista, punga o punguista.

 

Otros delincuentes que han ido perdiendo su mote en el argot tradicional son los miztles, nagualeros o zorreros, que son aquellos ladrones que se dedican a cometer robos a casa habitación.

 

Los artesanos

 

Porque "hasta en los perros hay razas", con los delincuentes pasa igual y existen algunas variantes delictivas que hasta la fecha podrían considerarse una artesanía, por la alta especialidad de aquellos que la practican.

 

Uno de estos es el estuchero, como se le conoce a los delincuentes que se especializan en abrir cajas fuertes, una actividad que requiere de muchos conocimientos y precisión al momento de ejecutarla.

 

Una variante de esta práctica es el chorlero, que es especialista en abrir candados o cerraduras pero sin causarles el más mínimo daño, especialidad que por su alta complejidad ha ido desapareciendo, no solo del léxico sino de las calles.

 

En su lugar, es más común ver a sus parientes cercanos que son los chicharreros o chicharroneros, que son especialista en abrir candados o cerraduras pero por la fuerza, por lo que usan herramientas de presión para poder lograr su cometido.

 

Los que atentan contra la movilidad

 

 El robo de vehículo, de cuatro o dos ruedas, también tiene a sus especialistas y este es el caso de los cristaleros y los mariposeros.

 

Los primeros, son delincuentes que se dedican a romper cristales de vehículos para poder abrir las unidades y robarlas, todas o algún objeto de valor en su interior. Los cristaleros también pueden usar este modus operandi para entrar a casas o negocios.

 

Mientras tanto los mariposeros son sujetos que se dedican a robar bicicletas. Pareciera ser un robo menor pero existe un mercado negro del robo de bicicletas muy alto, pues no solo pueden venderse completas sino que también como fierro o por piezas tras ser desmantelada.

 

El fardero y sus variantes

 

Uno de los términos del caliche que aún sobrevive en la actualidad es el del fardero o faenero, que se refiere a las personas que entran a negocios para robar mercancía y sacarla escondida entre su ropa.

 

Aún dentro de los farderos existen variantes, por ejemplo la conchera, que se refiere a una persona, principalmente mujer, que hurta cosas pequeñas en tiendas y mercados, por ejemplo maquillaje.

 

Otro término acuñado para mujeres es la cruzadora, que se refiere a aquella que roba en los comercios fingiendo ser compradora en complicidad con otras dos. Se puede decir que es una fardera pero con cómplices.

 

Mientras que otro subtipo dentro del robo a negocio es el cuartillero, que son las personas que buscan obtener un beneficio diciendo que pagaron con un billete de una denominación superior al que originalmente entregaron al cajero o vendedor.

 

Este tipo de robos no suele ser cuantioso pero requiere de una gran habilidad, tanto verbal como corporal, ya que el ladrón suele emplearse a fondo para poder esconder la mercancía rápido y eficazmente, o tener labia para disuadir al cajero.

 

Otros términos

 

En el argot policial también existe la denominación del cicatero o cuatrero, un término que sigue siendo empleado pero que en las zona urbanas se escucha poco, debido a que se refiere a las personas que se dedican al abigeato, es decir, a robar ganado.

 

Por otra parte también existían los coscorroneros o tachueleros, un término prácticamente extinto debido a que es un tipo de robo que prácticamente ya no se comete con ese modus operandi, pues se refería a las personas que hacían boquetes, específicamente en los techos de teja o madera, para poder meterse a robar a una casa.

 

Aunque diariamente la güira, la chota, la tira o la bofia, sigue deteniendo a los cacos, birladores o uñas, y la de cuadritos está llena de braveros, carreteros y zorreros, muchos de ellos ya no saben siquiera que su ilegal chamba tenía otro nombre más ingenioso que el de simple delincuente.

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