Bombardear lava, método que no funcionó en Hawái y que podrían aplicar en La Palma

Foto: Pixabay

La sugerencia del presidente del Cabildo de La Gomera de utilizar explosivos para modificar la dirección de las coladas lávicas ha causado polémica. La técnica aludida no es novedosa y ya se probó antaño en Italia, Hawái e Islandia, pero con resultados dispares y a menudo fútiles. La idea no es descabellada, pero los expertos dudan de su eficacia.

 

Varias veces en la historia se ha recurrido a la técnica de arrojar bombas o hacer detonar explosivos en las inmediaciones de los ríos de lava para intentar contener o desviar su flujo. En esta ocasión, las declaraciones vertidas el 22 de octubre por Casimiro Curbelo, presidente del Cabildo de La Gomera ‒isla vecina de La Palma‒ en un programa de radio regional, suscitaron la polémica y reavivaron el interés por un método que no siempre ha funcionado.

 

Durante su intervención en la tertulia radiofónica de la emisora El espejo de Canarias, Curbelo sugirió "bombardear" desde el aire las coladas de lava en La Palma para variar la dirección por la que discurren y evitar los enormes daños que están causando a viviendas, infraestructuras civiles y cultivos. El político defendió que "un avión o drones que vuelen y puedan dejar caer una pequeña bomba explosiva" con "tecnología muy fiable y a una altura razonable", podría "orientar la lava en una dirección" determinada.

 

Don @CurbeloCasimiro dice varias veces “a lo mejor es un disparate lo que digo” y eso le exime (un poco). Este chusco episodio(qué no deja de ser mera anécdota!) nos demuestra que NO se debe hablar de lo que no se conoce o se domina, sobre todo si tiene tanta repercusión.

— José L. López Albert (@PichiLA1974) October 28, 2021

 

Pese a reconocer que la idea podía ser "un disparate" y que si los expertos todavía no la han propuesto es porque "alguna razón habrá", las reacciones de la opinión pública por las redes sociales, a menudo en su contra y en tono de guasa, se sucedieron a partir del día 26.

 

 

La idea era más bien propia de un guion hollywoodiense que de vulcanólogos o militares, y se han puesto en duda las capacidades de Curbelo como dirigente. De modo que posteriormente, el político canario publicó en Twitter sus aclaraciones, donde recordaba que él también albergaba dudas.

 

Resultados dispares

 

El caso es que el bombardeo de la lava o la colocación de explosivos a su paso no es algo novedoso. En 1935 y 1942 una escuadrilla de aviones arrojó en Hawái bombas contra la lava del volcán Mauna Loa. Y en Sicilia, en 1983 y entre 1991-1993 se hizo uso de explosivos en tierra.

 

 

Las operaciones en Hawái, donde la lava amenazaba un río que abastecía de agua a una ciudad costera, implicaron el uso de diez biplanos que soltaron 20 bombas de 272 kg de TNT cada una. Solo cinco dieron en el blanco, abriendo cráteres que se llenaron rápidamente de lava. Esto ralentizó su avance y a los pocos días dejó de fluir, aunque los expertos no lo vincularon al bombardeo.

 

 

En Sicilia el objetivo consistió en salvar de la lava del volcán Etna dos poblaciones. La iniciativa fue criticada por ambientalistas y varios vulcanólogos, cuyos resultados fueron además calificados de insuficientes. Diez años más tarde los resultados fueron mejores, cuando se emplearon casi ocho toneladas de explosivos para modificar el relieve y desviar la lava. La explosión provocó la formación de una especie de trinchera por la que la lava acabó drenándose, y así se salvó a la localidad de Zafferana Etnea (9.500 habitantes) de ser engullida por el manto ardiente.

 

Y en Islandia, en 1973, también se acudió al uso de explosivos para allanar el terreno y enfriar la lava con agua de los glaciares en aras de salvar un pueblo costero. Pero en ambos casos, la orografía era distinta a la que presenta La Palma.

 

El entorno del Etna difiere del de Cumbre Vieja, donde las poblaciones están situadas muy cerca de las bocas eruptivas. También hay una gran diferencia en cuanto al desnivel, pues la lava del Etna recorre mucho más camino antes de llegar hasta los pueblos. En el caso de La Palma, además, el problema según los expertos es que, una vez la lava ha alcanzado el océano, ya no tiene mucho sentido variar o cortar su trayectoria.

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