Lalo, candidato a gobernador 2024

En las próximas semanas, los aún aliados de Genoveva Huerta -o de otros perfiles- tratarán de sostener una tesis: que el PAN está dividido, fracturado y a consecuencia de ello llegará debilitado a la gubernatura en 2024.

 

Tal planteamiento es falaz y, por el contrario, confirma que el triunfo de Augusta Díaz de Rivera y Marcos Castro es en realidad parte de un movimiento de ajedrez, correctamente ejecutado, para que el PAN recupere la gubernatura de Puebla en 2024.

 

La idea de que el Partido Acción Nacional está fracturado en Puebla está sostenida en la elección interna que ocurrió este domingo y que llevó a los dos bandos en conflicto a confrontaciones mediáticas. Sin embargo, la ola de ataques fue conocida únicamente por el círculo rojo de la política y los militantes activos del PAN.

 

Tomando en cuenta la participación de panistas en este proceso interno, tuvieron conocimientos del conflicto azul solo 12,500 personas. Y de estas, 7,200 son afines a Eduardo Rivera. Es decir, 5,911 votantes a favor de Genoveva son quienes representan esa supuesta “división”, la “terrible” debilidad del PAN.

 

En las elecciones extraordinarias de 2019 votaron 1’527,071 personas y en 2021 participaron 3’023,553 poblanos. Es decir, carece de sustento el discurso que los corifeos de Genoveva Huerta impulsan sobre la “división” o “fragmentación” e incluso “debilitamiento” del PAN, pues cinco mil inconformes no representan un número considerable ante el total de votantes en una constitucional.

 

Por supuesto que sí, hubo una ruptura fuerte en la cúpula del partido albiazul, pero considerando los números de las últimas dos elecciones, resulta minúsculo el supuesto daño. En cambio, las adhesiones al emergente Lalismo continuarán por meses.

 

Pero aún hay algo más que destacar en este análisis: el factor Eduardo Rivera Pérez se convirtió en determinante. Sin menospreciar el trabajo de tierra de Augusta Díaz de Rivera y Marcos Castro, quienes capitalizaron la inconformidad del panismo con Genoveva Huerta, la narrativa más poderosa fue la que se sembró en los orgullos corazones de los militantes: “solo con Lalo Rivera podremos ganar en 2024”.

 

Esta tesis sostiene la principal motivación del voto panista en las elecciones de este domingo. En el militante activo la sentencia “podremos volver al gobierno del estado” fue más poderosa que la de Huerta Villegas y su equipo.

 

Bajo este planteamiento es poco probable que el PAN, con todo y sus simpatizantes, que son mucho más que los miembros activos, se divida. Por el contrario, el arribo de Augusta y Marcos al Comité Directivo Estatal consolida la idea generalizada de que Acción Nacional tiene posibilidades de ganar la gubernatura en 2024.

 

Los liderazgos panistas, tanto de activos como de simpatizantes, que apoyaron en estos comicios a Genoveva Huerta evidentemente darán su respaldo al nuevo grupo de poder en Acción Nacional. Si a la par sumamos que ya el líder del PRI nacional, Alito Morales, sugirió que Rivera Pérez sea su candidato a la gubernatura, la cantidad de adeptos de Lalo y el nuevo grupo en el poder va creciendo.

 

Así que si ustedes leen en los días siguientes que el PAN llegará dividido, fracturado, minado incluso, a las elecciones del próximo año, el mensaje no es otra cosa que un acto de propaganda huertista no apegado a la realidad.

 

Otro error en los análisis que he leído sobre las elecciones de este domingo es el que se resume en la siguiente sentencia: “adiós al morenovallismo o al galicismo”. Me parece que lo que en realidad ocurrirá solo es el desplazamiento de las figuras más cercanas a Huerta Villegas y que presumían ser los herederos del morenovallismo.

 

Verdaderos operadores del morenovallismo y el galicismo están ahora con Eduardo Rivera. Entre ellos podemos contar a Germán Martínez, la familia Riestra, Pepe Sánchez, Néstor Gordillo, Rocío Sánchez, Tacho Barceinas, Jacobo Ordaz, Manuel Herrera y Mercedes Aguilar.

 

Incluso, la llegada de Jesús Morales a las filas del grupo político Eduardo Rivera Pérez es prueba de que mucho del morenovallismo está con él. Marco Ramírez también ahora apoya a este grupo, y él fue uno de los hombres más cercanos a Rafael Moreno Valle.

 

Así, en resumen, la candidatura a la gubernatura de Eduardo Rivera Pérez se consolida con el establecimiento de su grupo político en la dirigencia estatal. Si los partidos políticos son vehículos para obtener el poder, los entes políticos deben buscar afianzarlo. Es una crítica pueril acusar que el alcalde, en una legítima búsqueda por la gubernatura, no prefiriera trabajar con integrantes de su equipo de confianza en la ruta por 2024.

 

El PAN ya tiene candidato, y con tanta antelación es más probable hacer acuerdos al interior del albiazul y con otros institutos políticos. Con eso establecido, Lalo no solo construye una candidatura, sino un gobierno de seis años en el que las circunstancias, por mucho, le favorecen.

 

Y ahora, tras este domingo, Lalo Rivera descubrió que puede tener eficientes operadores que pueden operar en el interior del estado y desdoblar a la militancia panista en simpatizantes con la finalidad de construir su victoria en tres años. Como nunca, la claridad de un proyecto político está a la vista de todos.

 

¿En verdad podrán sostener la tesis de que el PAN llegará minado a 2024? Lo dudo mucho.

 

* Este evento marca un antes y un después en la vida política de Puebla por todo lo que implica en un futuro. En consecuencia, esta semana enfocaré todas mis columnas en este evento, con el fin de analizarlo a la mayor profundidad y considerar sus repercusiones futuras.