Árbol de Navidad, tradición pagana que trascendió en México gracias a Maximiliano

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La antigua costumbre pagana de decorar un árbol en el invierno llegó a México hasta el arribo del emperador Maximiliano de Habsburgo, quien fue fusilado, pero su regalo navideño sobrevivió.

 

México es uno de los mayores productores de esferas en el mundo, pero hubo un tiempo en el que poner árbol de Navidad en casa era de mal gusto.

 

Al tratarse de una herencia directa del imperio de Maximiliano de Habsburgo y su esposa Carlota, esta tradición denotó aires de superioridad para quien, en los años posteriores al Segundo Imperio, decidía celebrar las fiestas decembrinas con un pino adornado, como en aquellos años se hacía en Europa.

 

En un México que llevaba apenas tres décadas como nación independiente, el país latinoamericano estaba polarizado en dos fuerzas políticas y sociales: los liberales y los conservadores. Los primeros, comandados por Benito Juárez, ordenaron la ejecución de Maximiliano, bajo el argumento de instaurar una República verdaderamente independiente, sin intervencionismos extranjeros.

 

Fue por ello que, en los años posteriores al fusilamiento de Maximiliano, en 1867, ya en la etapa de la República Restaurada, era mal vista la familia que colocaba árbol de Navidad en su casa, pues se trataba de una tradición que estaba en contra del nacionalismo.

 

Durante el Gobierno de Benito Juárez —el mayor ídolo del actual presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador—, se desprestigiaron algunas de las costumbres fomentadas por la corte del emperador Maximiliano y su esposa Carlota, según el libro Historia política de la Ciudad de México (desde su fundación hasta el año 2000), editado por el Colegio de México.

 

Por ello, el pueblo dejó de adornar árboles de Navidad hasta que, en 1878, Miguel Negrete —rival del general Porfirio Díaz, quien en ese entonces era aliado de Juárez— montó un gigantesco árbol de manera tan espectacular que se ganó las portadas de revistas y periódicos de la época. Nunca antes se había visto en México un árbol decorado con luces y heno.

 

 

En aquella época, la población mexicana eminentemente católica ignoraba que, muchos años antes, el árbol de Navidad era considerado un acto pagano por el cristianismo, pues se trataba de una costumbre milenario que era practicada desde los babilonios.

 

Sin embargo, ante la imposibilidad de borrar la tradición, la iglesia acabó por adoptarla.

 

¿En verdad se dejaron de poner árboles?

 

No hay pruebas documentales de que la gente haya obedecido al régimen juarista sobre no poner árboles de Navidad. De hecho, es probable hayan desobedecido.

 

Aunque la historia oficial indica que Maximiliano sólo fue bienvenido por los conservadores y las familias acaudaladas de México, las crónicas de la época y otros estudios históricos indican que Maximiliano y Carlota fueron recibidos por una caravana que se desvivió en flores y canciones.

 

El 12 de junio de 1864, la pareja imperial ingresó al Zócalo capitalino en medio de un furor social pocas veces visto en la capital mexicana. Los balcones eran rentados para ver en un mejor ángulo a los emperadores y se repartió pulque para amenizar el festejo, según se cuenta en México desde 1808 hasta 1867, de Francisco de Paula, y en Jecker, el hombre que quiso vender México.

 

Por esta razón, es probable que el pueblo mexicano siguiera poniendo árbol de Navidad pese a las críticas de los liberales más extremos.

 

Lo cierto es que los registros literarios dan cuenta de lo popular que era este adorno entre las familias mexicanas de clase alta.

 

Para 1868, un año después del asesinato de Maximiliano, el escritor mexicano Ignacio Manuel Altamirano cuenta en su novela Clemencia sobre un árbol adornado con pañuelos o artículos para el cabello que pertenecían a la protagonista del libro. Luego, dichos objetos eran regalados a sus seres queridos, lo cual podría entenderse como el antecedente de la costumbre actual de colocar regalos debajo del árbol de Navidad. (Sputnik)

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