“Charolear”, un mal que persiste en pleno siglo XXI

Foto: Enfoque/Archivo

En la década de los 60 nació un mal que persiste a más de 60 años de su creación: el “charoleo”, término que se acuñó de unas placas metálicas que servían como acreditación para escoltas, choferes o asistentes de políticos que despachaban en el Palacio Legislativo de San Lázaro.

 

Las charolas ya no son de metal y el término permeó a otras esferas, como la prensa o las mismas corporaciones policiales, pues ahora el “charoleo” es un término común para definir a aquellas personas que buscan obtener un beneficio o evadir una responsabilidad ostentando un cargo.

 

El “charoleo” en la actualidad es tolerado gracias a la corrupción que existe en los diferentes órdenes de gobierno, pero tiene una repercusión legal cuando incurre en la falsificación de identificaciones, condecoraciones o alguna insignia oficial, ya sea en alguna credencial o en algún vehículo.

 

La corrupción

 

En la actualidad, esta práctica es llevada a cabo por muchas personas, y una de las áreas donde se ve con más frecuencia es en los medios de comunicación, ya que existen algunos representantes de este gremio que buscan impunidad o algún beneficio valiéndose de la etiqueta de "prensa".

 

Actualmente, se pueden ver automóviles o motocicletas con calcomanías con la leyenda "prensa", mismos que suelen estar en lugares no autorizados para estacionamiento.

 

En las calles también es común ver vehículos particulares en cuyo interior se pueden ver chamarras, gorras o credenciales montadas en el tablero para mostrar las leyendas de "Policía Estatal" o "Policía Municipal", principalmente cuando las unidades están en un lugar prohibido y buscan que al volver, su cargo les merezca la no aplicación de una multa.

 

El delito

 

La práctica corrupta aumenta de nivel y alcanza la esfera de lo legal cuando caen en la usurpación de funciones o el uso de acreditaciones falsas.

 

Por ejemplo, el 19 de agosto de 2021 elementos de la Policía Municipal de Puebla detuvieron a un hombre en la junta auxiliar de La Libertad, cuando estaba a bordo de un automóvil particular modelo Volkswagen Vento.

 

El hombre llevaba consigo una pistola de diávolos y al momento de ser abordado por los policías mostró dos acreditaciones con logos de la Fiscalía General del Estado, por lo que los uniformados procedieron a cotejar la información en bases de datos.

 

Fue así que descubrieron que las credenciales eran falsas y que este hombre que pretendía evadir la justicia haciéndose pasar como agente ministerial, cuando en realidad era un civil, por lo que se procedió a su detención por los delitos de usurpación de funciones, portación de instrumento prohibido y falsificación de documento en su modalidad de uso.

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