Plataformas de entrega de comida, en declive tras abandonar a sus repartidores

Foto: Enfoque

A más de 4 años de que Uber Eats llegó a Puebla, esta y otras empresas del mismo rubro enfrentan un evidente deterioro por la imagen que dan la mayoría de sus repartidores, quienes no reciben el mínimo apoyo de la plataforma para mantener un parámetro de calidad.

 

Con mochilas evidentemente viejas, gastadas y sucias, así como una nula supervisión de las plataformas, los repartidores dejan mucho que desear con la imagen que dan a los clientes a los que les llevan sus alimentos.

 

Pero esto se debe principalmente a las condiciones precarias de trabajo y al desdén que tienen las marcas por los repartidores, a quienes no consideran sus empleados pues no les ofrecen ninguna prestación para llevar a cabo su trabajo.

 

El reparto de comida en Puebla

 

En octubre de 2017 la empresa Uber Eats llegó a Puebla para ofrecer la entrega de comida a domicilio, en restaurantes que antes no contaban con este servicio.

 

Por seis meses la marca gozó de ser la única plataforma con este servicio, pues fue hasta marzo del 2018 cuando llegó su primer competidor con la empresa Rappi, aunque después llegarían otras como DiDi Food.

 

En un principio los repartidores lucían sus mochilas verdes o naranjas con unos vivos colores que los caracterizaban al verlos por las calles, a bordo de bicicletas o motocicletas.

 

Las mochilas con la función térmica para mantener la temperatura de los alimentos no fueron gratis, ya que cada repartidor pagó por ella, por lo que al irse deteriorando ellos tienen que buscar como remendarlas.

 

De acuerdo con estudios, en promedio cada repartidor debe de trabajar un acumulado de 60 horas semanales para poder percibir ingresos de 2 mil pesos, lo que quiere decir que hace jornadas de casi 8 horas diarias por menos del salario mínimo.

 

Repartidores envueltos en el escándalo

 

Aunque en Puebla no se ha documentado un caso específico, en otros estados de la República se ha buscado regular a los repartidores debido a que se han visto involucrados en hechos delictivos como el reparto de drogas.

 

En este sentido, se puede decir que han surgido repartidores que no están dentro de alguna de las plataformas de reparto de comida y únicamente compran una mochila como la de estos trabajadores para simular serlo.

 

Esto permite que algunos delincuentes puedan similar ser repartidores sin serlo, por lo que aquellos que sí trabajan de forma honesta se ven vulnerados en su imagen.

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