Los muchos asesinos del PRI

Sin asomo de pudor, hasta sonriendo cínicamente, ahí estuvo quien en la presidencial del 2006 provocó que el PRI se fuera hasta el tercer lugar en las preferencias de los votantes, Roberto Madrazo Pintado. Y el tricolor ya no recuperó a todos los militantes perdidos. 

 

Beatriz Paredes quien en una elección tlaxcalteca le jugó las contras al partido que entonces dirigía apoyando con todo al candidato ganador proveniente de aquel otro PRD. Perdió votantes con esas acciones antipriístas. 

 

Asistió Pedro Joaquín Coldwell, presidente testimonial del CEN –de mero ornato, pues--, quien dejó en las manos y la “sabiduría” de Luis Videgaray la entronización de la pandilla de rateros que aquí conocimos como tolucopachucracia. Y se dio la mayor de todas las sangrías del que fuera el partidote. 

 

Y a propósito, también tuvo asiento Miguel Ángel Osorio Chong quien, junto con sus hermanos y “favoritas”, es uno de los mayores y enriquecidos negociantes de la política… siempre bajo el escudo del partido tricolor. No es ajeno, por tal, a la reciente derrota del PRI en su natal Hidalgo. 

 

No podía faltar Claudia Ruiz, la sobrina de Carlos Salinas de Gortari, quien por tomarse unas copitas de más en una comida –lo de costumbre-- atropelló a un niño homeless en pleno Paseo de la Reforma y corrió a esconderse al viejo edificio de Insurgentes Norte. Y el tricolor siguió perdiendo adeptos. 

 

Por cierto que hasta el “destapador” de Salinas –quien quiso desaparecer al PRI para, con sus despojos, formar el nonato partido Solidaridad--, Jorge de la Vega Domínguez, pasó lista de presente. Ahí dio inicio la debacle del tricolor. 

 

Humberto Roque Villanueva fue otro de los convocados. ¿Cómo olvidar como fue que celebró el incremento del 10 al 15 por ciento del Impuesto al Valor Agregado con un gesto que algunos vieron pornográfico? Y el PRI siguió perdiendo votantes. 

 

También testimoniales, meros deponentes de las muchas debacles, los mexiquenses César Camacho, Carolina Monroy Del Mazo y el multichambas José Antonio Fernández González con quienes el que fuera partido hegemónico siguió desangrándose. 

 

Ahí estuvo, asimismo, Dulce María Sauri, quien con mucha dignidad y entereza comenzó a rescatar al PRI tras su primer gran debacle, la ominosa derrota de Francisco Labastida y de su titiritero Emilio Gamboa Patrón, en el 2000. 

 

Manlio Fabio Beltrones, quien con todo recato presentó su renuncia tras la derrota del tricolor en siete gubernaturas, debido a la torpe intromisión de Videgaray y a las enormes corruptelas de la pandilla de asaltantes encabezada por Enrique Peña Nieto. Causas que se repitieron en 2018 y llevaron al que antes fuera Revolucionario y hoy ya ni siquiera es Institucional a su penúltima capitulación. 

 

Ya por sus acciones y hasta por sus omisiones todos los ahí presentes fueron matando al viejo partido fundado por Plutarco Elías Calles.

 

Algunos le clavaron cuchillos de traición. Otros le suministraron grandes dosis de veneno. Y no faltó quien lo ahogara dejando a su militancia sin oxígeno. 

 

Con cada injusticia, con cada asesinato, con cada complicidad con los criminales, con cada corruptela, con cada mentira, con cada promesa incumplida fue agonizando hasta ya prácticamente dejar de existir. 

Y sí, ya fueron muchas las muertes del PRI. 

 

Y seguirá muriendo. 

 

 

Lo mataron, pero ya renació en el Movimiento de AMLO 

 

 

Responsabilizar o hasta culpar única y exclusivamente a Alejandro Alito Moreno de la actual desastrosa situación del que durante siete décadas fuera partido hegemónico es hasta un tanto cobarde. 

 

Cierto que el campechano es hipercorrupto y la 4T no se cansa de restregárselo en la cara cada semana. 

 

Pero desde antes de la época de Jorge De la Vega Domínguez el PRI comenzó a morir cuando los entonces llamados tecnócratas le ganaron la competencia a los políticos. 

 

No debe soslayarse de esta responsabilidad a los gobernadores y a otros políticos con encargos públicos. Excepto Osorio, Paredes, Joaquín, Beltrones que sí estuvieron ahí, los demás o están en la cárcel o prófugos o disfrutando en el anonimato y hasta en España sus riquezas mal habidas. Dejaron endeudadas y saqueadas a sus entidades y, claro, también le restaron presencia y votos a su partido. 

 

Responsabilizar o hasta culpar única y exclusivamente a la arrogancia y la corrupción de Alito es no quererse dar cuenta de que quienes en realidad mandan en el tricolor son el malévolo Rubén Moreira y su derrotada esposa Carolina Viggiano. El de Campeche en el bisnes y mientras, ellos, en la toma de decisiones y de imposiciones. 

 

Aliarse con el PAN y con los despojos del PRD bajo la tutela de Claudio X. González júnior es otra de las causas de su pérdida de votantes. 

 

La convivencia y las fotos con personajes tan nocivos como lo ha sido siempre Santiago Creel no deja bien parados ante sus cada vez menos militantes a los dirigentes actuales. 

 

Creer que pueden ganar el Estado de México y Coahuila el próximo año los muestra cual ilusos. 

 

Y ya ni le digo como catalogarlos si creen tener alguna posibilidad en la elección federal y las muchas estatales del 2024. 

 

El PRI ha muerto. 

 

Pero ¡alegraos!, ya renació en el Movimiento de Andrés Manuel López Obrador

 

¿No cree usted?