Es hora de eliminar nombres que nos agreden

La polémica que se ha dado en torno  a los cambios que se hicieron o pretendieron hacer en calles y dos plazas en la CDMX, vuelve a retomar la discusión que se dio en 2018, sobre la necesidad de hacer cambios urgentes en algunos nombres de calles. En aquellas sobre todo, que mantienen viva una herida en la población, que también en esos casos debe restañarse.  Por fortuna, el pueblo tiene claro quienes son sus próceres y defensores y se demuestra con los 14 mil nombres repetidos en calles, de don Miguel Hidalgo y los 10 mil de Emiliano Zapata. En aquella discusión sobre la urgencia de eliminar nombres de agresores, se centró la causa principalmente en el nombre de Gustavo Diaz Ordaz, en momentos en los que se avecinaba un aniversario del movimiento del 68, debido a que como una ofensa su nombre no solo aparecía en calles, bulevares, sino en un aeropuerto en Puerto Vallarta. Se mencionaron estatuas y monumentos, así como placas diversas de obras que se erigieron en esa época. En el sitio donde me tocó votar el primero de julio de ese año,  en el local de la Canacintra en San Antonio y Patriotismo en la CDMX, enfrente de los votantes brillaba una placa con el nombre de ese ex gobernante, porque sin duda los empresarios la mandaban limpiar muy a menudo, como lo estaba en otros lugares, según se informó.  En sitios del país, como en  Guanajuato, Saltillo y muchos más, Diaz Ordaz permanecía y aún permanece incólume, pese a que la historia lo envió a su basurero y a él se suma el centenario Luis Echeverría cuyo nombre estaba también en  la lista de los que deben de ser eliminados de la vida pública.

 

Error garrafal eliminar a Serapio Rendón en Villalongín y Sullivan

 

Ante las protestas, la Comisión de Nomenclatura tuvo que dar marcha atrás el pasado 29 de junio, en la eliminación de Serapio Rendón en Villalongín y Sullivan y dejar las cosas como estaban. En El Correo Ilustrado de La Jornada, el maestro Alberto Híjar comentó en una carta, en protesta, el que se eliminara a un héroe revolucionario que dio su vida por la causa, Serapio Rendón,  para darle el espacio a Digna Ochoa y Plácido, la defensora de derechos humanos cuya muerte ha sido muy comentada. Con el otorgamiento de los méritos a cada uno, la discusión siguió y se exigió reconsiderar el caso y darle a cada quien el lugar que le corresponde. El cambio se planteó en las nuevas denominaciones que hizo el organismo responsable, en los que hubo cambios también en dos plazas. El caso de Rendón es paradigmático porque siendo un diputado defensor de la causa revolucionaria y de Francisco I. Madero, fue asesinado por el traidor Victoriano Huerta, a la edad de 46 años. Su nombre relumbra entre los grandes y da referencia su recuerdo, en Villalongín y Sullivan, que hasta el momento permanece como estaba.

 

 

Porfirio Díaz y Victoriano Huerta campean en bulevares del país

 

Los nombres de las calles en México parecen ser una de esas situaciones que van pasando de largo con los años y se convierten en puntos se referencia utilitarios cuyo origen deja de interesar. De otra manera no habría tantas calles dedicadas a Porfirio Diaz o al asesino  y traidor Victoriano Huerta que tienen calles y sitios en varios estados.  Hay quien cuenta que como un contrasentido, en San Luis Potosí hay una bocacalle con el nombre de Huerta y la palabra Libertad. Una ofensa que nos agrede a todos. En cuanto a Díaz, ese se mueve por muchos lados no solo en la conciencia del conservadurismo mexicano. Hay incluso un poblado en Oaxaca, su lugar de nacimiento, en donde abiertamente se le llama Miahuatlán de Porfirio Diaz. Hasta los franceses reconocen al dictador que fue a enterrarse en ese suelo, ya que su nombre se destaca en Barcelonnette, Francia. En la alcaldía Benito Juárez bordeando una parte del Parque Hundido hay una calle que se llama como el dictador y la respuesta oficial que suele darse es que se le nombra así por el recuerdo de sus viejos triunfos. Una disculpa absurda. Y así se mueven  por el país Hernán Cortés, virreyes, los fusilados con Maximiliano, los generales Miramón y Mejía, y todo tipo de personajes, empresarios, ricos, traidores, porfiristas, maestros, escritores, poetas, pintores y algún héroe que dejó de ser anónimo por algún trance en el que participó. Entre las miles y miles de calles que hay en el país, cerca de 700 mil de las cuales no tienen nombre, en un alto porcentaje se ignora quienes son las personas que les dan nombre cuando lo tienen, sus orígenes y méritos. Y se llega incluso al simplismo de nombrar calles y callejones con nombres que causan risa como el callejón del sapo, el zopilote mojado, matapulgas y otras decantaciones, que señalan medios. Los de la Comisión de Nomenclatura que al menos en la CDMX es la responsable, no parece andar muy avezada en el tema, sobre todo después de ver la metida de pata de tratar de eliminar al gran revolucionario Serapio Rendón, mientras Victoriano Huerta su asesino se mueve como Pedro por su casa.