El marro fiscal

La ley es la ley y es igual para todos. Pero cuando se plantea terminar con la desigualdad, ¿la ley seguirá operando a niveles de igualdad al menos en  los cobros fiscales? Cuando se va a dar una información que  concierne, la mejor fuente es la persona misma. El marro fiscal que se ensañó contra mí por deber 2 mil 856 pesos de impuesto predial, me dejó en la certeza y conmigo a millones de capitalinos, que el causante menor, el más raquítico, es el que realmente tiene la carga fiscal, y que los ricos, los pudientes, los que llegaron a eso por la vía del presupuesto ya sea en la política o en los negocios, terminan negociando o en todo caso regresando parte de lo que obtuvieron o robaron. La clase media baja y los pobres carecen de esa posibilidad y tienen  que pagar y recibir amenazas, así tengan  como yo, un departamento considerado en sus orígenes de interés social y cubrir una  cobranza dividida en tres partes, absurdo, que hay que pagar anualmente en cada parte. Y los descuentos a la tercera edad, que jamás son publicitados pese a que están establecidos. La fuente fiscal que generalmente proviene de la gran  población, convierte en entelequia una futura igualdad y la frase Lex dura sed lex, solo afectará a los más desvalidos. Salomón se debe de estar carcajeando.

 

Amenaza y terror al cobrar créditos fiscales a los pobres

 

En fechas recientes con el intercambio entre AMLO y el ex líder del partido laborista inglés Jeremy Corbin éste le propuso elevar los impuestos a los ricos. La medida ha sido sugerida ya en forma permanente y la respuesta ha sido que no se subirán impuestos. Pero la enorme mayoría de los causantes que son de clase media y pobres, tienen que surtir al erario, sin que haya un descanso para ellos.  En la capital como será esa descarga que funcionan 8 mil seiscientos auxiliares para ejecutar esos pagos. Mi adeudo, ya pagado, cuya suma se elevaba en  totalidad por  omisiones de años diversos, a 2 mil 856. 27, subió a 3 mil 410.10, más  recargos de 359.42 ¿qué diferencia habrá en ese adeudo con el de Ricardo Salinas Pliego el de Televisión Azteca o el de los miles de ricos que tienen casas lujosas en la ciudad?  Hay además de parte de esas autoridades cierta ligereza en los cobros, a veces llegan tardíos, a veces no llegan, o cierran oficinas como la que está enfrente de mi casa. La cobranza asume una gran dureza, de amenaza incluso, porque el titular Roberto  Carlos Fernández González, le manda a decir a uno que se “reitera por última ocasión previo al inicio de acciones de cobranza para recuperar los créditos fiscales a su cargo, incluso a través de procedimiento administrativo de ejecución (embargo de inmueble)”, así entre paréntesis. Con el agravante de que tan grande cantidad de mi adeudo puede ser sujeto de “actualizaciones, recargos, multas y gastos de ejecución”. Para acentuar el terror del causante que parece ser el inminente ejecutado, el señor recalca al final con mayúsculas: PAGUE INMEDIATAMENTE.

 

Yourcenar. Adriano y su oposición a los impuestos mal aplicados

 

Las Memorias de Adriano (Random House Mondadori 2011) se acercaron quizá a lo que pensaba el emperador romano, pero Marguerite Yourcenar las eleva a la excelsitud.  Un libro que sorprendió al mundo allá por los años setenta, a través de Gallimard. Toda una lección de historia, de ética, de filosofía y de profundidad en torno al poder. La gran escritora nacida en  Bruselas en 1903 y fallecida en 1987 en Estados Unidos, reconstruye la vida de Adriano en el marco de una historia que tuvo que conocer al dedillo para delinear un personaje. La lectura del libro no solo va exhibiendo la vida, las congojas, críticas y a veces indecisiones de Adriano, sino que se convierte en un libro auténtico de historia, con la ligereza y habilidad de la narración. Adriano no solo expresa su opinión  sobre los sistemas de impuestos tan repetidos en las épocas, sino que se yergue en contra de los corruptos que siempre existen y sobre los cuales se tiene en este momento en México, una lucha frontal a la que ponen muchos obstáculos, Decía Adriano: “Mi propósito era tan solo el de reducir la frondosa masa  de contradicciones y abusos que acaban por convertir el derecho y los procedimientos en un matorral donde las gentes honestas no se animan a aventurarse, mientras los bandidos prosperan a su abrigo”.