Evidencias científicas sobre el horario de verano

En 1996 Ernesto Zedillo publicó un decreto para instaurar en México el horario de verano por el cual se adelanta el reloj una hora durante el verano y se atrasa en el invierno. En esta semana el Congreso de la Unión discute la iniciativa del presidente López Obrador de eliminar los cambios de horario bajo el argumento de que la gente lo rechaza y es dañino para la salud. Pero ¿qué dice la ciencia al respecto?

 

Los horarios de verano o Daylight Saving Time (DST) como se conocen en otros países tienen su antecedente en la propuesta de Benjamín Franklin de 1784 bajo el argumento que el consumo de energía eléctrica se reduce si se aprovecha de mejor manera la luz natural. Dado que el ser humano es un animal diurno, en verano se levanta naturalmente más temprano que en invierno, por lo que adelantar el reloj una hora no debería tener efectos perjudiciales a la salud.

 

Fue hasta después de la Segunda Guerra Mundial que adelantar el reloj en verano se empezó a adoptar en la mayoría de los países occidentales con la finalidad de reducir el consumo de energía eléctrica. Primero lo aplicaron los países desarrollados y posteriormente por imitación el resto. Nuestro país lo adopta en la década de los noventa sin ningún tipo de análisis técnico que justificara la medida, con una gran impopularidad de la gente y con una masiva campaña en los medios de comunicación que trataba de convencer a todos de que la medida generaría ahorro de energía.

 

El dichoso ahorro nunca llegó; la población nunca vio reflejado una disminución del pago en los recibos de energía eléctrica; el gobierno se escudaba diciendo que el ahorro estaba en el agregado nacional, pero nunca lo demostró.

 

Hoy tenemos evidencia científica que ha medido de forma precisa el ahorro de energía por país. Estados Unidos, Francia y Reino Unido han reportado un ahorro de entre el 1 y el 0.8%. Mientras que investigaciones realizadas en países como Eslovaquia, México y Argentina han estimado el ahorro entre el 0.6 y 0.4%. Esto significa un cambio marginal en el consumo que no representa un impacto real ni en las economías familiares, ni en las finanzas públicas y por consecuencia tampoco en la emisión de contaminantes. Las distribuciones de ahorro se muestran en la gráfica 1. Los países menos desarrollados tienen un menor ahorro porque tienen una menor actividad económica.

 

Elaboración propia

        

Por otro lado, a diferencia de lo que se pensaba anteriormente, el cambio de horario sí tiene consecuencias severas en la salud humana. La Academia Americana de la Medicina del Sueño publicó en 2020 una posición pública en la que estaba a favor de la abolición del cambio de horario y presentó evidencias sólidas basadas en estudios de caso y la revisión de literatura publicada previamente que demuestra que el horario de verano está asociado a eventos cardiovasculares severos, trastornos en los estados de ánimo y accidentes automovilísticos.

 

Se ha demostrado también que el cambio de horario genera disincronía circadiana que es el desajuste de los periodos de sueño-vigilia y que le ocurre muy comúnmente a las personas que trabajan de noche o que viajan de un país a otro con diferentes horarios y se saltan hasta una noche de sueño. El cuerpo humano no se recupera, aunque en los días siguientes se tome una misma rutina, dependiendo del impacto podría tomar meses volver al mismo reloj biológico. Los efectos no sólo son la somnolencia, sino también, cambios en el metabolismo, el sistema cardiaco, respiratorio y cerebral, principalmente, que tienen funciones específicas durante los periodos de sueño.

 

Estos trastornos se manifiestan con mayor intensidad en los periodos previo y posterior a los cambios de horario y aumenta el riesgo de accidentes automovilísticos, no sólo por el sueño de los conductores, sino por la pérdida de reflejos, la falta de concentración y el inestable estado de ánimo.

 

Entonces, las consecuencias biológicas y sociales son negativas, mientras que los beneficios económicos son apenas marginales. Desde el punto de vista científico, el horario de verano debe eliminarse, por lo que hacemos un llamado a los legisladores para votar a favor de la propuesta de Andrés Manuel y no tengamos que cambiar los horarios en el futuro.

 

 

*Profesor-Investigador Universidad Autónoma del Estado de Quintana Roo

Miembro del Sistema Nacional de Investigadores

 

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