Ayotzinapa: 8 años

-Abuelito, ya me voy a estudiar a la universidad

-¿Pues, con qué? Si sabes que no hay dinero

-En Ayotzinapa, abuelo. Ya averigüé, allá no se paga nada

-¿Estás seguro?

-Seguro. Si paso el examen, allá me quedo. Ya le dije a mi mamá.

 

Era la historia que Juan Bautista Melchor, abuelo de Benjamín Ascencio Bautista uno de los 43 normalistas desaparecidos, le narraba a la periodista Blanche Petrich antes de que se cumpliera un mes de la negra noche del 26 de septiembre de 2014. Hoy los recordamos con la misma tristeza y esperando que el dolor no nos apague la rabia.

 

Tenían entre 17 y 21 años, unos poquitos ya eran más grandes, estaban estudiando para ser maestros en la Escuela Normal Rural Isidro Burgos en Ayotzinapa, una población tan pequeña que se confunde con Tixtla, a unos 150 kilómetros de Chilpancingo, Guerrero. La mayoría de ellos compartía con Benjamín la única oportunidad para estudiar porque Guerrero es de los estados más pobres del país.

 

Allá en la Normal Rural de Ayotzi, con cariño, llevan mucho tiempo resistiendo, porque para el neoliberalismo ser maestro rural dejó de ser prioritario, Fox, Calderón y Peña quisieron cerrar la escuela. Pero se luchó porque es una herencia de tata Cárdenas y entre sus aulas se formaron los maestros Lucio Cabañas y Genaro Vázquez que en los años setenta, el hambre y la miseria los obligaron a ser guerrilleros.

 

Un maestro rural es como un superhéroe, caminan muchísimo, todos los días madrugando, entre la polvareda de las veredas y cuando llueve hay que apretar los pasos entre el lodo. Llegan a unas cuarterías, cuando las hay, que el gobierno dice que son escuelas, pero son cuarterías de lámina, de cartón o de adobe que se desmigaja. Pero cuando el maestro rural entra, entonces sí es una escuela, la ilumina con su sonrisa. Los niños entran, de todos tamaños, chicos y grandes, sólo el maestro sabe de que grado es cada uno porque están todos juntos. Inquietos, traviesos, pero aprenden a leer, a escribir, a hacer cuentas, gracias a nuestros maestros rurales.

 

De regreso, el sol colorea el rostro de los maestros al color de la tierra mientras sus pies van luchando otra vez con las veredas. Y a veces, muchas veces, no les pagan, porque al gobierno neoliberal se le olvida que existe el pobre. Entonces el maestro va a la capital a cobrar su sueldo y la policía los recibía con golpes. Para eso estudiaban nuestros compañeros normalistas, porque les dolía algo muy adentro nomás de ver a sus padres y a sus abuelos trabajar tanto y seguir siendo tan pobres.

 

Los compañeros normalistas cuando no están en clases andan metidos como la humedad, haciendo y deshaciendo. Cuando vienen los huracanes, ellos ayudan a dragar las calles, rescatan a los damnificados y ponen de pie al pueblo. Se involucran mucho con la gente, no resisten las injusticias, son solidarios hasta el tuétano. Son como los mosquitos que no dejan dormir y despiertan conciencias; por eso lastiman los intereses de los poderosos, son insoportables para los malos gobiernos.

 

Esa negra noche se andaban preparando para la marcha del 2 de octubre, porque para amar a la Patria hay que tener memoria histórica. Tomaron unos camiones para salir de Guerrero a Ciudad de México. Lo demás lo hemos ido descubriendo poco a poco, haciendo un lado el cochinero que dejó Murillo Karam y Peña Nieto. Fue el Estado. Fueron los militares los que, al menos, ejecutaron a 6 estudiantes que retuvieron por más tiempo.

 

Han pasado 8 años, esos estudiantes, seguro ya estarían dando clases, ya serían maestros, compañeros míos. ¿Cuántos alumnos no se hubieran formado con ellos? Y sin embargo, aun en su ausencia, han formado también a alumnos, porque yo les hablo a mis alumnos de ellos y muchos de mis compañeros también les hablan a sus alumnos sobre Ayotzinapa. Son semillas que darán árboles frondosos.

 

En diciembre de 2014, estaba dando clases en Oaxaca, les hablaba a mis alumnos que en Guerrero había 43 pupitres vacíos y cientos de corazones desgarrados. Esa navidad no fue de fiesta y su protesta fue tan ingeniosa que en la festividad de la rama la dedicaron a los 43, colocaron sus fotos en varas secas y las coplas populares las volvieron rimas contra el gobierno represor a quienes le exigían la presentación con vida de los compañeros. Por eso, cuando la oposición hoy acusa al actual gobierno de dictador dan ganas de escupirles el alma. Que nunca se nos olvide que en este país se mataban a estudiantes, se golpeaban maestros y se aniquilaban luchadores sociales. Prohibido olvidar Ayotzinapa.

 

Abel García Hernández, Abelardo Vázquez Peniten, Adán Abrajan de la Cruz, Alexander Mora Venancio, Antonio Santana Maestro, Benjamín Ascencio Bautista, Bernardo Flores Alcaraz, Carlos Iván Ramírez Villarreal, Carlos Lorenzo Hernández Muñoz, César Manuel González Hernández, Christian Alfonso Rodríguez, Cristian Tomas Colón Garnica, Cutberto Ortiz Ramos, Dorian González Parral, Emiliano Alen Gaspar de la Cruz, Everardo Rodríguez Bello, Felipe Arnulfo Rosas, Giovanni Galindes Guerrero, Israel Caballero Sánchez, Israel Jacinto Lugardo, Jesús Jovany Rodríguez Tlatempa, Jhosivani Guerrero de la Cruz, Jonas Trujillo González, Jorge Álvarez Nava, Jorge Aníbal Cruz Mendoza, Jorge Antonio Tizapa Legideño, Jorge Luis González Parral, José Ángel Campos Cantor, José Ángel Navarrete González, José Eduardo Bartolo Tlatempa, José Luis Luna Torres, Julio César López Patolzin, Leonel Castro Abarca, Luis Ángel Abarca Carrillo, Luis Ángel Francisco Arzola, Magdaleno Rubén Lauro Villegas, Marcial Pablo Baranda, Marco Antonio Gómez Molina, Martín Getsemany Sánchez García, Mauricio Ortega Valerio, Miguel Ángel Hernández Martínez, Miguel Ángel Mendoza Zacarías, Saúl Bruno García.    

 

¡Vivos los queremos, hasta siempre!

 

*Profesor-Investigador Universidad Autónoma del Estado de Quintana Roo

Miembro del Sistema Nacional de Investigadores

 

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