Las viejas prácticas en el salón de clases que ya no son toleradas

"La letra con sangre entra", fue un dicho muy popular hace más de 40 años y forma parte de una larga lista de prácticas que los docentes han tenido que ir dejando en el pasado, pues actualmente son impensables al momento de impartir cátedra en algún aula.

 

Casos recientes como el de una maestra en el centro escolar Manuel Espinosa Yglesias muestran cómo la sociedad ya no está dispuesta a soportar que los profesores se dirijan a los alumnos como "retrasados mentales", "idiotas", “imbéciles", o cualquier otra palabra ofensiva y denigrante.

 

 

Son los padres que ahora reprueban ese tipo de actitudes los que incluso llegaron a sufrir situaciones de este tipo, las cuales no solamente eran toleradas por otras autoridades escolares, sino por los mismos paterfamilias, quienes daban autorización a los maestros de corregir a cualquier costo.

 

Los insultos, ya sea palabras altisonantes, apodos o cual frase denigrante son parte de esa lista de prácticas que ya no son toleradas en las aulas, por lo que decirle "burro" a un niño o cualquier mote que lo exhiba ante sus compañeros, puede ser motivo suficiente para que un profesor pierda su trabajo.

 

A diferencia de hace 40 o más años, ahora los padres de familia no están dispuestos a permitir este tipo de actitudes por parte de los docentes, de ahí que muchos de ellos se limitan a impartir su clase sin importarles nada más de sus alumnos.

 

La situación puede ser cuestionable, pues en redes sociales se pueden ver comentarios sobre el caso ocurrido en el centro escolar, señalando que el poder que se le ha quitado los maestros repercute directamente en el carácter de los estudiantes y los vuelve más frágiles, pero también les da manga ancha para actuar sabiendo que sus maestros no podrán reprenderlos.

 

En contraste, otros usuarios comentan que ya no es aceptable este tipo de conductas por parte de los docentes quienes antes incluso recurrían a los castigos físicos como golpes con una regla, arrojar un gis y hasta jalarle las orejas a los niños, cada vez que cometían una falta.

 

Este choque de posturas se puede ver en muchas prácticas escolares, por ejemplo, en el bullying pues la mayoría de las personas que hoy tienen 30 años o más sufrieron en algún momento el acoso escolar, ya sea verbal o físico, y tuvieron que sobrevivir con ello sin que a veces sus padres se enteraran.

 

Pero ahora, los estudiantes tienen una mayor facilidad para denunciar este tipo de hechos pues los casos llegan a redes sociales y se vuelven un escándalo mayúsculo, que incluso ha alcanzado tribunales civiles para mediar los casos donde ha habido golpes.

 

Esta nueva vigilancia que existe sobre el sistema escolar ha sido gradual y forma parte de toda una serie de protocolos que se aplican con la finalidad de hacer valer derechos de los infantes y humanos, que existen desde hace décadas pero que no tenían la importancia que tienen ahora.

 

Es así que, para bien o para mal, muchas prácticas que antes se veían como normales han ido desapareciendo las escuelas y si bien para muchos padres de familia esto es un hecho loable, para algunos podría estar sujeto a debate, pues consideran qué los profesores han pedido perdido autoridad.

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