¿Día de la raza o de la Resistencia Indígena?

Hace tiempo en las escuelas nos decían que el 12 de octubre era el día del “descubrimiento de América”. Nos tomó 500 años descolonizar el pensamiento y comprender que, en palabras del maestro Dussel, nombrar así a ese acontecimiento histórico significa reproducir la visión del dominante. Algunos le llaman todavía el “día de la raza”, tal y como lo constituyó Álvaro Obregón en 1928, pero aquí vamos a explicar porque esto también es incorrecto.

 

La raza es una construcción social para diferenciar características biológicas visibles de los seres humanos y que particularmente tienen relación con la pigmentación de la piel, cabello y ojos; la forma de algunas partes del cuerpo, principalmente el rostro; la estatura y la complexión. El sociólogo Aníbal Quijano demuestra que la raza estableció el patrón de dominio durante el periodo colonial en todo el mundo y economistas como Miguel Campos demuestran que ese resabio persiste en la actualidad e incide en las desigualdades económicas y sociales de países como el nuestro.

 

De esta manera, el aspecto racial (blanco, moreno o negro) implicó durante la colonia (1521-1821) el acceso a privilegios sociales o la negación de derechos que hoy consideramos fundamentales como la educación, la alimentación y la salud. Por medio de la raza se justificó la superioridad de un grupo poblacional sobre otro y por el cual se permitió que un grupo esclavizara al otro. De esta forma, ser negro o indígena llegó a ser motivo de vergüenza y luego también de pobreza.

 

En ese contexto, la población indígena y negra disminuyó de forma dramática durante los periodos coloniales, principalmente por tres motivos: a) el genocidio como resultado de las masacres sobre poblaciones enteras; b) las epidemias que los europeos llevaron a los territorios invadidos y c) las condiciones de trabajo que mermaron la salud y las condiciones de vida.

 

Aunque cada vez hay mayores evidencias que demuestran lo anterior, no ha habido un reconocimiento oficial sobre estos crímenes, salvo algunos gobiernos que lo denunciaron públicamente, por orden cronológico:  Cuba (Fidel Castro), Bolivia (Evo Morales), Venezuela (Hugo Chávez), Argentina (Nestor Kirschner) y recientemente México (López Obrador); la respuesta de España ha sido cínica y hasta beligerante.

 

Los europeos falsearon la historia para encubrir sus crímenes, desde las mentiras que Hernán Cortés le escribió al rey de España. Se nos hizo creer que cuando los españoles llegaron muchas ciudades estaban “deshabitadas”, como en la región maya; pero hoy podemos suponer con mucha certeza que fueron exterminados como ocurrió con los indígenas de Cubanacan (hoy Cuba). Las poblaciones indígenas eran más grandes de lo que nos dijeron, por ejemplo, la región de la Chinantla, donde convivían Chinantecos y Mazatecos, tenía más de un millón de habitantes y se redujo a menos de 100 mil. Lo mismo pasó con los mexicas, sólo en Tenochtitlán habrían vivido 300 mil personas y en toda la región del Anáhuac se calculan 7 millones de habitantes. Fueron ciudades impresionantemente grandes en nada comparables con Europa. Venecia en Italia, la ciudad más poblada, tenía en esa época 100 mil habitantes.

 

Otra mentira que nos han hecho creer es que los europeos “vinieron a mejorar la raza”. Datos antropométricos demuestran que en promedio indígenas y españoles tenían una estatura similar. Por su armadura, se sabe que Hernán Cortés medía 1.58 metros y de acuerdo con los relatos de Bernal Díaz del Castillo, Cortés tenía “una buena estatura”, por lo que inferimos que era mayor o igual al promedio de los españoles de la época. Por su parte, Moctezuma media alrededor de 1.60 m. y Cuauhtémoc, notablemente más alto, medía 1.65 m. Los análisis genómicos demuestran que los mexicas tenían mayor musculatura que los españoles y que en el norte, los indígenas rarámuris, desarrollaron una resistencia física extraordinaria. En el caso de los mayas tampoco había diferencias significativas, las mujeres medían en promedio 1.50 y los hombres 1.62 metros.

 

A lo largo de 300 años de colonia el progreso económico permitió a los españoles ganar hasta 12 centímetros de estatura, mientras que los indígenas perdieron entre 9 y 11 centímetros a causa de la desnutrición y las precarias condiciones de vida. Hoy podemos probar lo anterior gracias a nuevas evidencias de estudios antropométricos realizados en poblaciones bajo situación de dominio colonial. Se demuestra que los factores asociados a la calidad de vida: alimentación, salud, descanso, deporte, recreación, etc. influyen lo suficiente en el desarrollo fisiológico de los individuos y de forma secular en las generaciones siguientes. Por ejemplo, Heyberger demuestra que la población de Argelia, país africano que padeció ser colonia francesa de 1830 a 1962, redujo 0.8 centímetros de 1903 a 1961 (vea el gráfico siguiente), en ese mismo periodo la población francesa en Europa ganó 0.7 centímetros de estatura.

 

Elaborado con datos de Heyberger, L. (2021)

 

Así que, nada de día de la raza, debe ser día de la rebelión indígena y de la lucha de los pueblos para reconocer el genocidio perpetrado y para que nunca más se repita.

 

*Profesor-Investigador Universidad Autónoma del Estado de Quintana Roo

Miembro del Sistema Nacional de Investigadores

 

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