¿Cómo inició la fiesta de Reyes Magos?

En las pasadas semanas nos hemos adentrado a explicar, con la evidencia científica hasta ahora disponible, los orígenes de las celebraciones de la navidad y el año nuevo. Concluiremos la trilogía con la fiesta de Reyes Magos, ¿desde cuándo se celebra?

 

Por increíble que parezca, la celebración de los Reyes Magos es más antigua que la Navidad. Es decir, los primeros cristianos no festejaban el nacimiento de Jesús, pero sí la visita de estos enigmáticos seres. Ya en el siglo IV, la Iglesia católica le denominó Epifanía que significa “manifestación”, el momento en que Jesús se manifiesta a los hombres, por eso es más importante que el nacimiento.

 

De forma increíble también, los evangelios que se aprobaron para integrar el Nuevo Testamento (año 397) no mencionan nada sobre los Reyes Magos, excepto el libro de San Mateo, pero nunca dice sus nombres, ni como eran, ni cuántos eran. Algunos evangelios que se consideraron apócrifos llegaban a contar relatos de sabios (magos) provenientes del Norte (no de Oriente) y mencionan números que van entre dos y hasta 60 magos. La evidencia la podemos encontrar en los retablos que se pintaron entre el siglo II y V.

 

Hasta el siglo V, cuando ya estaban definidos los evangelios hubo consenso en que sólo fueron tres personas y aunque desde el siglo III se mencionan nombres similares (Balthazar, Melkon y Gaspard) fue en la Edad Media en la que elevaron a “Santos” a Melchor, Gaspar y Baltasar y hasta el siglo XI comienzan a definirse los rasgos raciales de cada uno de ellos para representar a Europa, Asia y África (en ese momento los europeos no conocían América ni Oceanía).

 

San Eusebio y San Jerónimo (siglo IV) contaron un relato en el que asignan la palabra “reyes” y que provenían de Oriente, que eran tres, porque cada uno traía un regalo (y San Mateo habla de tres regalos: oro, incienso y mirra), que habían visitado a Jesús poco antes de que cumpliera dos años de nacido.

 

No obstante, el relato más detallado de los Reyes Magos lo encontramos con San Agustín de Hipona en el siglo V. San Agustín es considerado un doctor de la Iglesia, un gran teólogo, pero sobre todo un gran pedagogo, fue muy hábil para enseñar, construía discursos bastante lógicos que le permitían transmitir a las personas, de forma sencilla, entendimientos complejos sobre la religión que se compilaron más tarde como “Sermones”.

 

Aquí surge una tesis interesante: muy probablemente los Reyes Magos no existieron, al menos como los conocemos ahora. Todo fue un relato de San Agustín que fue en realidad un recurso pedagógico para explicar la Epifanía. La Epifanía era tan importante porque era la manifestación de que Dios realmente existió encarnado y las personas de la época le reconocieron como tal en su momento. Es decir, el ser humano tuvo capacidad de entendimiento que Jesús, “El mesías” estaba frente a ellos. Incluso San Agustín impone una fecha: 13 días después del nacimiento, el día 6 de enero.

 

San Agustín incluye en su relato a pastores para señalar que la gente común, el pueblo en general, tiene también capacidad para entender la manifestación de un Dios que se encarna y que se reconoce como semejante al hombre. Luego les nombra “Reyes” a los magos para destacarlos fuera de la gente común. Se trata de una alegoría muy compleja, pero que hoy está perfectamente interiorizada en el cristianismo.

 

El relato (sermón) sirvió de base posterior para “naturalizar” el poder religioso sobre el monárquico. Durante la Edad Media los reinados debían lealtad al Papa de Roma como los Reyes Magos lo hicieron con Jesús. Es claro que el objetivo del relato de San Agustín fue pedagógico, pero recordemos, como lo hemos explicado en las dos columnas anteriores, que hubo un momento bastante turbio entre el poder político del imperio romano de Occidente (en la época de Justiniano) y la Iglesia de Oriente.

 

Más allá de estos intereses político-económicos, la fiesta de Reyes Magos se popularizó entre los niños porque en el siglo XII se empezaron a dar regalos el 6 de enero como una forma de evangelización temprana que enseña a los menores a diferenciar entre el bien y el mal y la calificación que la sociedad da a los actos de las personas. Es un proceso disciplinario bastante efectivo. Los niños buenos reciben regalos, los niños malos recibirían carbón. Los Reyes Magos son entonces mucho más antiguos que Santa Claus.

 

Rescatar a los Reyes Magos en la actualidad tendría que forzarnos a pensar en Palestina libre para que ellos pudieran pasar libremente; que también hay mujeres magas; que visitan a los más desprotegidos; que denuncian la desigualdad y el consumismo frenético; pero, sobre todo, que nos siguen animando a ver las estrellas, para saber que otro mundo es posible. ¡Feliz día de Reyes!

 

 

 

*Profesor-Investigador Universidad Autónoma del Estado de Quintana Roo

Miembro del Sistema Nacional de Investigadores

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