Y a todo esto, ¿se ha cumplido alguna teoría conspirativa en torno al covid-19?

Y a todo esto, ¿se ha cumplido alguna teoría conspirativa en torno al covid-19?

Foto: Pixabay

Han pasado ya más de tres años desde que inició la pandemia por covid-19, un virus que vino a cambiar nuestra convivencia en el mundo. Con la proliferación de este patógeno también tuvieron auge los grupos de conspiranoicos, planteando varias ideas en torno al coronavirus, desde su origen, propósito, control de masas, hasta la supuesta muerte derivada de las vacunas.

 

Las múltiples teorías negacionistas tenían distintos fines, algunas decían que la pandemia solo era una forma de comprobar la facilidad con que se controla a las masas, inclusive llamándola “plandemia”, y unas más apuntaban a la inexistencia del propio virus, aludiendo al mismo fin. Posteriormente, con la llegada de las vacunas se armó una nueva rama sobre la implantación de chips o los efectos desfavorables de los fármacos.

 

Más allá de lo que propusiera una u otra teoría, la realidad es que estas representaron, y aún lo hacen, un peligro para la salud por la desinformación que incita a la gente a tomar decisiones basadas en el miedo más que en los datos que proporcionan instituciones del área de la salud.

 

Una de las más acogidas por la gente fue sobre el origen del SARS-CoV-2, planteado como un experimento fallido en un laboratorio de Wuhan, China, pues esta provincia fue el sitio donde empezaron los contagios, precisamente en un mercado donde se traficaban especies salvajes en condiciones insalubres. Se dijo que los científicos del lugar dejaron escapar el virus.

 

Pese a esto, la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró a través de una de sus investigadoras, Maria van Kerkhove, que no se ha descartado ninguna línea de investigación ni se derogaron las dudas sobre un posible origen de laboratorio, pero lo más probable es que saltara de animales a humanos por consumo o contacto directo con secreciones.

 

En este sentido, otra teoría fue que virus fue creado realmente por Estados Unidos como una forma de debilitar la economía china. Esto fue bien tomado en el país asiático, ya que se informó que supuestamente la base militar de Fort Detrick, en Maryland, fue el lugar donde se creó el patógeno. Anteriormente esta base se destinó al estudio de biológicos como el ébola y la viruela, pero nunca se pudo comprobar esto y quedó solo como un tema conspirativo. Estos dichos fueron respaldados por altos mandos del gobierno chino, como el ministro de relaciones exteriores, Zhao Lijian.

 

Una constante sobre estas teorías era que predecían muertes, grandes controles a la gente que se inoculara contra el virus o problemas de salud por las medidas de prevención que se optaron. El uso del cubrebocas fue muy polémico por que se creía que provocaba problemas respiratorios, asma o hipoxia, es decir, la falta de oxígeno en los tejidos del cuerpo y demás órganos.

 

En los hechos, se comprobó que la mascarilla no tenía interferencia en el desarrollo de los pulmones en niños, sí permitía la expulsión de dióxido de carbono y la entrada de más oxígeno, además de que no era motivo de debilitamiento en el sistema inmune o detonante para asma.

 

La existencia del covid-19 fue otra cuestión, ya que algunos foros en internet aseguraban que todo era una fábula de los medios de comunicación y las grandes industrias farmacéuticas para enriquecerse con la venta de medicamentos, vacunas, cubrebocas e ingresos a hospitales.

 

La OMS refutó esto con las declaraciones de expertos en el área de la virología, quienes detallaron la presencia de virus, bacterias y demás contaminantes en el medioambiente, que pueden saltar de la naturaleza a los humanos cada vez con más frecuencia. A esto se suma la evidencia de miles de personas que padecieron la enfermedad y fallecieron.

 

Conforme pasaban los meses, llegaron las vacunas, otra fuente de hipotéticos complots. Microchips para control mental, grafeno o el propio covid eran las hipótesis de lo que contenía realmente el biológico, refiriéndose al peligro de que hayan sido elaboradas en tan poco tiempo. A finales de 2021 la mayor parte de la población ya estaba siendo inmunizada, por lo que las sospechas crecían y crecían. A esto se sumó toda la gente que aseguraba con firmeza que inyectarse sería causa de muerte en un periodo de año, medio o hasta en meses.

 

Una vez más, la OMS tuvo que intervenir para dar cuenta de la seguridad de las vacunas, al menos de las que autorizó para uso de emergencia. El organismo puntualizó en que, a pesar de que se desarrollaron en tiempo récord, estas fueron avaladas por distintas organizaciones internacionales que garantizaron la eficacia y el seguimiento en todas las fases de ensayo. De igual forma, los millones de personas que la usaron no murieron tan repentinamente cómo se creyó.

 

Esta última teoría fue una de las más conflictivas, toda vez que las personas que lo siguieron se pusieron en riesgo por no estar protegidas en caso de infección, haciéndolos más propensos a una enfermedad grave o hasta a la muerte.

 

A día de hoy, con toda la información, evidencia y avances científicos, resulta difícil creer que hay quienes todavía toman en cuenta esto como hechos verídicos. Por ejemplo, usuarios en redes sostienen que la sangre de quienes decidieron no vacunarse tiene valor comercial por ser “más pura”. Asimismo, la muerte de otras personas, aunque haya sido por causas naturales o algún padecimiento previo (cáncer, diabetes o complicaciones cardíacas) se le atribuye a un supuesto mal provocado por las vacunas y contenido en grafeno u otras sustancias programadas para matar a la gente.

 

 

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