El diablo está en los detalles… ¿O en la conciencia?

El diablo está en los detalles… ¿O en la conciencia?

Desde este espacio, solo en 2023, hemos abordado los impactos y los avances de las inteligencias artificiales en nuestra vida diaria. ¿Son buenas o malas? Pues, como dicta un refrán popular anglosajón, "el diablo está en los detalles".

 

Las inteligencias artificiales poco a poco han diluido la imagen del robot que destruirá la humanidad. El último caso peculiar al respecto fue el personaje Ultrón en la película de los Vengadores, en donde un sistema informático, de la nada, toma conciencia y encuentra repulsión en la imperfección humana. Sin embargo, hoy en día estamos muy lejos de ese escenario.

 

Chat GPT, similares y conexos son plataformas de inteligencia artificial que utilizan un modelo de procesamiento de lenguaje natural. Es decir, generan texto que responde a consultas y solicitudes a partir de información base. De esta forma, responden de una forma natural, simulando cierta conciencia que parece tener.

 

Históricamente, los avances tecnológicos que "simplifican procesos" rutinarios son abrumadores, especialmente cuando se han producido en un par de meses. La realidad globalizada e interconectada reacciona en vivo a dichos cambios. Por ejemplo, mientras que el año pasado estalló la popularidad de estos sistemas, el mes pasado la Unión Europea ya está considerando seriamente prohibir su uso. Esta situación contrasta con la realidad mexicana, en donde una senadora ya propuso el uso de Chat GPT para la elaboración de propuestas de ley.

 

Sin embargo, la pregunta que deberíamos hacernos, más allá del plagio, la falta de personalidad o el miedo al desarrollo es: ¿una inteligencia artificial que trabaja con información escrita "por alguien" puede ser lo suficientemente potente para entender el contexto? Justo en el momento en que se está redactando este texto y probablemente cuando lo estés leyendo, no lo es, y precisamente "el diablo está en los detalles".

 

A primera vista, muchos críticos de estas plataformas argumentan que el arte, la comunicación y la forma de pensar están destruidos. Sin embargo, están pasando por alto algo fundamental: el contexto, como diría la chaviza.

 

Con el tiempo, y para aquellos que han seguido de cerca el avance de estas tecnologías, es probable que detecten un texto humano de uno hecho por una IA. Sin embargo, justo ahí es donde espacios como este siempre levantarán la mano para "poner todo en perspectiva".

 

La conciencia, el contexto y la moral son temas que la humanidad ha estado tratando de entender durante cientos de años, y en menos de 8 meses, una IA no logrará cambiar eso.

 

Evidentemente, el avance de estos sistemas nos hace replantearnos nuestro rol y nuestra labor. ¿Vamos a apostar por contenidos escritos sin alma y pasión? En un principio, eso ha sido la tónica, pero poco a poco, el mismo consumo en redes nos ha hecho ver que la respuesta sigue sin aparecer.

 

De momento, lo único cierto es que la reflexión continua sobre dónde estamos y hacia dónde vamos siempre es saludable. Detener el vendaval de conocimiento y desarrollo individualmente es imposible, sin embargo, después de reflexiones colectivas y en consenso podremos llegar a respuestas que provoquen el menor daño posible y mejoren, o al menos no dañen a tantas personas.

 

Aunque el avance tecnológico puede ser impresionante, es importante recordar que no se trata solo de lo que se puede hacer, sino también de cómo se debe hacer. Las IA’s han avanzado mucho en la comprensión del lenguaje natural, sin embargo, todavía hay muchas limitaciones.

 

Actualmente las IA's no pueden entender completamente el contexto y la intención detrás de cada palabra o frase. También es susceptible a errores y puede ser manipulada o engañada.

 

En lugar de depender exclusivamente de la IA para producir contenido y tomar decisiones, es importante involucrar a humanos en el proceso. La colaboración entre humanos y la IA puede ser una forma efectiva de aprovechar lo mejor de ambos mundos y minimizar los riesgos.

 

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