Tarde calurosa como no puede ser de otra manera en esta época del año, un paisaje de banderas y sombrillas que llegan hasta donde la vista alcanza, un día normal para el mexicano común, pero la gente que hoy se ha dado cita no es común. Hace más de 160 años, las personas de esta tierra consagraron su lugar en la historia, hoy sus coterráneos se reúnen para rememorarlos.
La mamá, que en su cara no se puede ver más que preocupación y emoción a partes iguales porque su hijo por primera vez es parte de un evento tan significativo; los niños que asisten por primera vez y se dan cuenta de la maravilla que es correr en una calle con libertad. No están solos, pues alrededor están los adultos de mayor edad, que aprecian como el legado de la historia sigue vivo.
El 5 de mayo en la mayoría del país no es una fecha especial o que merezca la pena detenerse a revisar, pero en este pedazo del planeta, los poblanos saben que sus antepasados dieron la vida y ahora se congregan por miles a rendirles honores. En las noticias y las portadas de todos los medios se verá a los mandatarios como los personajes principales, pero los verdaderos protagonistas de hoy están a ras de piso.
Ya se puede ver a las nuevas generaciones en su primer desfile, seguramente no lo recordarán, después de todo, solo son niños, pero con el paso de los años sabrán darle la importancia y el valor por el que hoy sus padres los llevan al rayo de sol para ver marchar a desconocidos.
Hoy no importa condición social, género o color de piel, esa especie tan particular que vive en Puebla salió de su casa a pasar unas horas memorables, principalmente en familia, pero también en pareja o simplemente con amigos. Los recuerdos de hoy son tan entrañables que solo podrán opacarse con las memorias del próximo año.
Los menores, de dos a seis años a la vista, no parecen prestarle mayor importancia a lo que sucede en la avenida principal, el tiempo es especialmente agradable para jugar, correr y, por qué no, disfrutar de esas delicias tan refrescantes para el clima.
Finalmente se dignan a voltear la mirada a la calzada Zaragoza, no por los miles de estudiantes que por ahí pasan, sino por los equinos y sus respectivos jinetes, pero también por esos apantallantes carros alegóricos llenos de color y un significado que, por ahora, les es totalmente ajeno.
Algo que los deja pasmados es ese espectáculo en el cielo, ofrecido por las fuerzas aéreas del estado, que con sus grandes naves van y pintan el cielo de los Fuertes de Loreto y Guadalupe con esos tres colores que ni siquiera hace falta escribir, los lectores ya saben cuáles son.
Hay quienes esperan horas parados por un espectáculo que ya va retrasado, como no, con un único objetivo, el de capturar ese momento fugaz donde su familiar pase frente a ellos desfilando. Nadie puede garantizar que ese video o esa foto existirá en un año o dos, pero la emoción y el orgullo que florecieron en ese momento quedarán guardados en ese lugar especial que escapa de los artilugios electrónicos.
Otros más se han parado sobre estas calles por décadas, cuatro, cinco, no siempre se recuerda, pero cada año es diferente. María Elvira, por ejemplo, es colona de la San Pedro y ha presenciado esta ceremonia desde hace 40 años (o 30, ni ella lo recuerda con precisión).
“Es muy especial, ¿por qué? porque podemos ver a nuestros estudiantes, al señor presidente, muchos que expresan por medio de un escrito algo y así. Todos con respeto, lo que me ha tocado vivir y como debe de ser”.
Su mente le dicta que, desde que el desfile se iniciaba en la zona del estadio Cuauhtémoc, esta fecha se sigue viviendo con mucho regocijo, pues lo acontecido hace 161 años no podría ser de otra forma. Hoy con los infantes que renuevan su núcleo familiar siguen manteniendo viva esta costumbre que separa tanto a los poblanos del resto de paisanos.
El calor es agobiante, ¿y eso qué?, en nuestra cultura habitan esos comerciantes callejeros que ponen a unos pesos de distancia las bebidas y antojitos que nos sirven para continuar el día como si nada pasara. Bolis, aguas frescas, refrescos y esos triciclos que todos conocemos con frituras tan singulares y, aunque no son ni de cerca nutritivas, siempre son bienvenidas.
Eso sí, sus precios para este día escapan de lo racional y acostumbrado, pero una vez más, ¿eso qué? hoy nada más importa.
Para sorpresa de algunos, esperado para la mayoría, el gran desfile va con retraso, la gente se impacienta y algunas personas tienen que atender al llamado de sus obligaciones, otros simplemente no aguantan el calor. Los que han sabido cultivar el don de la paciencia no necesitan un recordatorio de que la tan ansiada espera valdrá la pena hasta el último segundo. Nada le impedirá a la gente, una vez más, apoderarse del 5.