Un vistazo a trastornos mentales poco conocidos

Un vistazo a trastornos mentales poco conocidos

Foto: FreePik

En el mundo existen muchas enfermedades y algunos trastornos de tipo mental que, por más inusuales que parezcan, son reales y afectan a miles de personas, las cuales en muchas ocasiones tienen que aprender a convivir con ellas ante la ausencia de tratamientos efectivos. 

 

A continuación, en Imagen Poblana, detallamos algunos de estos trastornos para que puedas saber un poco más sobre ellos y, aunque algunos parezcan irreales, son padecimientos auténticos experimentados por personas de carne y hueso. 

 

Síndrome de Frégoli 

 

Este síndrome es conocido como un delirio de falsa identificación, el cual consiste en que la persona afectada cree que sus conocidos han sido reemplazados por otra persona que se disfraza o cambia de apariencia de manera inexplicable. 

 

La mayoría de las personas con este síndrome padecen problemas visuales o tienen dificultades para reconocer rostros; sin embargo, se ha descubierto que el síndrome de Frégoli también puede influir en otros sentidos como el olfato y la audición. 

 

Este síndrome es considerado un trastorno paranoide, pues a menudo los pacientes consideran que la persona que ha sido suplantada tiene intenciones de dañarlos o perjudicarlos de alguna forma. 

 

 

Debido a que es un trastorno asociado con la demencia, lesiones cerebrales o psicosis, no se ha establecido un tratamiento específico desde su primer diagnóstico en 1927. 

 

Síndrome de Cotard 

 

El síndrome de Cotard también es considerado una enfermedad siquiátrica y en algunos casos se asocia con la hipocondría; sin embargo, su peculiaridad radica en que los afectados creen firmemente que están muertos o cuestionan su propia existencia. 

 

Los afectados por el síndrome de Cotard presentan esta alteración, lo que les dificulta establecer relaciones sociales con otros, pues en algunos casos llegan a creer que están en descomposición o que simplemente existen en una realidad diferente a la del resto de las personas. 

 

El síndrome lleva el nombre del neurólogo francés Jules Cotard, quien lo describió por primera vez en 1880, aunque inicialmente lo denominó delirio de negación. 

 

Síndrome de Ekbom 

 

Este síndrome, también conocido como el delirio de parasitosis, es una condición siquiátrica inusual porque su principal síntoma es la creencia delirante de estar infectado con organismos vivos, como parásitos, virus, bacterias o incluso gusanos. 

 

Los afectados por este síndrome no solo mantienen esta creencia, sino que a veces la manifiestan a través de delirios táctiles o visuales donde aseguran haber visto estos seres vivos infestando su cuerpo. 

 

 

 

Generalmente, estos pacientes reciben atención médica tardía, pues aunque se trata de un problema siquiátrico, suelen buscar ayuda de dermatólogos o infectólogos al estar convencidos de tener parásitos o algún ser vivo dentro de su organismo. 

 

Síndrome de Bálint 

 

Este síndrome también se relaciona con la mente, aunque en la mayoría de los casos se han identificado conexiones con el sentido del tacto y de la visión, que son algunos de los indicios que permiten reconocer su principal síntoma. 

 

El síndrome de Bálint se caracteriza porque sus afectados experimentan alteraciones graves en el procesamiento de las imágenes que observan y la coordinación con sus movimientos. 

 

Por ejemplo, un paciente con este síndrome podría observar por un largo periodo una botella sobre una mesa; sin embargo, necesitaría varios intentos para poder tomarla con su mano y, de acuerdo con algunos expertos, si lograse asir la botella, esto sería producto de la casualidad. 

 

Síndrome de Anton 

 

Este síndrome ha sido relacionado con el de Cotard, pues en algún momento también se le conoció como síndrome de negación, aunque su principal síntoma está vinculado con un posible padecimiento físico, como es la ceguera

 

Los pacientes con este síndrome desarrollan una serie de justificaciones para su ceguera cortical, negando en todo momento su incapacidad para ver y ofreciendo explicaciones sobre por qué tropiezan o no pueden llevar a cabo actividades vinculadas con su falta de visión. 

 

 

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