Basura electoral, un problema por el que los candidatos no se interesan

Basura electoral, un problema por el que los candidatos no se interesan

Foto: Enfoque/Archivo

A nivel federal, las campañas llevan más de un mes, lo mismo que en algunas entidades, mientras que en estados como Puebla, Veracruz y Guanajuato, estas arrancaron formalmente el 31 de marzo. Este tiempo que se supone como un momento para la exposición de ideas y propuestas, también se distingue por los promocionales en todo el país y que luego se convierten en basura.

 

Lonas, volantes, espectaculares, carteles, gorras, bolsas y botellas de plástico, son sólo algunos ejemplos de las prácticas a las que recurren los candidatos para difundir su imagen. Esto es algo que se ha hecho por décadas, pero en años recientes parecería que hay mejores opciones para la difusión, como los medios digitales que contaminan menos que las formas convencionales de publicidad.

 

Y es que la mayoría de estos materiales, en poco tiempo terminarán en la basura, o bien, quedarán regados en las calles para luego seguir ensuciando el suelo o tapando drenajes. La contaminación que generan las campañas es algo que empieza a alertar a especialistas, pues conforme avanzan las campañas se genera más y más basura, lo que causa un impacto negativo para el medioambiente.

 

El problema ha escalado a tal punto que Greenpeace hizo un llamado a las y los candidatos a la presidencia de la república y de la jefatura de Gobierno de la CDMX a frenar su generación de basura durante las campañas. La organización afirma que los materiales con los que hacen su propaganda constan de plásticos que tardan décadas o más de 100 años en degradarse.

 

Greenpeace alerta que esto es un problema porque algunos productos están ideados para convertirse en basura en muy poco tiempo, dando como resultado que terminen contaminando los ecosistemas del país. Lo alarmante de este periodo de elecciones es que se estima que al final se generen más de 25,000 toneladas de basura sólo en la Ciudad de México, cifra que será sustancialmente más grande a nivel nacional.

 

 

Lo anterior es una estimación de la Fundación por el Rescate y Recuperación del Paisaje Urbano (FRRPU), organización que en 2018 estimó que la basura generada en la capital del país fue de 15,000 toneladas, mientras que la del 2012 dejó 10,000 toneladas de basura. Esto demuestra que el problema de la basura electoral no ha hecho más que crecer, a pesar de que aumentan las opciones propagandísticas.

 

Aunado al hecho de la cantidad, también está el factor de los materiales con que están hechos. Por ejemplo, se sabe que algunos productos que suelen regalarse están hechos de plásticos que, a su vez, desprenden microplásticos que luego contaminan el agua de los océanos.

 

Para cuando termine la elección, la cantidad de basura electoral podría ser incluso más grande de lo estimado, ya que también se debe considerar la propaganda que hicieron los candidatos y sus respectivos partidos en sus procesos internos de selección, en los que, incluso contra las indicaciones de las autoridades, se hizo propaganda impresa que generó más contaminación.

 

Entre julio y septiembre del 2023, tanto Morena, PT y Partido Verde, como el Frente Amplio por México de PAN, PRI y PRD llevaron a cabo elecciones internas e hicieron recorridos por todo el país, dejando a su paso grandes cantidades de basura que en otros años no se veía, pero al ser procesos que no estuvieron regulados, no se tomaron en cuenta las mismas medidas que en campañas.

 

Toda esta contaminación se da a pesar de que las leyes en materia electoral exigen a los aspirantes que su propaganda esté hecha de materiales reciclables y biodegradables. Entre el 2007 y el 2008, y luego en el 2014 se dieron reformas a la Ley General de Instituciones y Procedimientos Electorales (LGIPE) para que la propaganda sea amigable con el ambiente, pero también para que los partidos dispongan de planes para el manejo de sus residuos sólidos.

 

Sin embargo, hasta este momento ninguno de los tres partidos o coaliciones se han pronunciado respecto a la manera en que manejarán los residuos que dejan sus campañas. Por un lado, Claudia Sheinbaum, la abanderada de Morena y el Partido Verde Ecologista de México (PVEM) no han externado un plan de reciclaje, pero en varios de sus spots sí se anuncian como una alianza supuestamente preocupada por el medioambiente.

 

Lo mismo sucede con Xóchitl Gálvez del PAN y Jorge Álvarez de Movimiento Ciudadano, quienes han hecho propuestas en materia ambiental, recuperando cuerpos de agua o haciendo inversiones para que México concrete la transición energética, pero en ningún momento han hablado sobre sus planes de manejo de basura electoral.

 

Aunque el artículo 209 de la LGIPE obliga a los candidatos a hacer su propaganda con materiales que no contengan sustancias tóxicas, la realidad es que en la práctica ninguno de los frentes políticos ha hecho pública la manera en que hacen sus productos o si los proveedores cumplen con esta norma.

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