El presidente nacional del PAN, Jorge Romero Herrera, abrió la puerta a Ricardo Salinas Pliego como posible candidato presidencial para las elecciones de 2030; “si él se anima, avanza y vemos que va creciendo en el ánimo, por supuesto que no lo descartamos”, afirmó el panista, como si le sobraran los cuadros y perfiles.
La declaración llega en medio de la controversia por los adeudos fiscales del empresario y refleja los esfuerzos del “nuevo PAN” por posicionarse como alternativa opositora, aunque con un perfil controvertido. Ante eso, es oportuno recordar ¿quién es Ricardo Salinas Pliego?
Ricardo Benjamín Salinas Pliego nació el 19 de octubre de 1955 en la Ciudad de México, en una familia con raíces en el comercio. Su bisabuelo, Benjamín Salinas Westrup, fundó a inicios del siglo XX Salinas y Rocha, una fábrica de muebles y catres metálicos que sentó las bases de la fortuna familiar. Su abuelo, Hugo Salinas Rocha, creó Elektra en 1950, una cadena de tiendas de electrodomésticos que su padre, Hugo Salinas Price, expandió hasta 59 sucursales en los años 60.
Salinas Pliego se graduó como contador público con mención honorífica en el Tecnológico de Monterrey y obtuvo un MBA en la Universidad Tulane de Nueva Orleans. En 1981, se unió a Elektra como gerente de importaciones, en plena crisis devaluatoria de los 80. Ante la quiebra inminente, reestructuró el negocio con un modelo de bajos márgenes, estricto efectivo y línea básica de productos, salvando la empresa y convirtiéndola en un gigante del negocio minorista.
Su gran salto llegó en 1993, cuando al frente de un grupo de inversionistas adquirió Imevisión, hoy TV Azteca por 645 millones de dólares en una privatización del gobierno de Carlos Salinas de Gortari. Bajo su liderazgo, la televisora capturó el 40 % de la audiencia nacional y se convirtió en la segunda mayor productora de contenidos en español del mundo. En 2002, obtuvo licencia para Banco Azteca, enfocado en microcréditos para sectores populares.
Hoy, Grupo Salinas abarca telecomunicaciones con Totalplay, energía con Grupo Dragón y más, promoviendo un "cambio cultural para la prosperidad incluyente" a través del Centro Ricardo B. Salinas Pliego, inaugurado en 2021.
Sin embargo, su imagen pública está marcada por controversias. Es conocido por sus deudas con el SAT, un litigio de 17 años que escaló en noviembre con un fallo de la SCJN obligándolo a pagar 50,000 millones de pesos en impuestos atrasados, más recargos. También enfrenta demandas en Estados Unidos por presunto caso de defraudación, luego de que la Corte Suprema del Estado de Nueva York lo declaró en desacato, por la venta de la telefónica Iusacell a AT&T, sin informar las deudas fiscales que arrastraba dicha compañía.
En redes, se autodenomina “Tío Richie”, con un estilo provocador que lo ha convertido en crítico feroz del gobierno de Morena, admirador de figuras como Javier Milei y Nayib Bukele, y promotor de un "Movimiento Anticrimen y Anticorrupción" (MAAC) lanzado en septiembre.
La trayectoria empresarial de Ricardo Salinas Pliego ha estado marcada por una relación fluctuante con los gobiernos federales, pasando de socio estratégico a crítico frontal según el periodo político. Su ascenso comenzó en los años noventa, con la privatización de Imevisión durante el gobierno de Carlos Salinas de Gortari, operación rodeada de señalamientos por presunto tráfico de influencias. Bajo Ernesto Zedillo, su grupo obtuvo concesiones clave en telecomunicaciones que dieron origen a Unefon y sentaron las bases de Totalplay.
Durante las administraciones panistas, Salinas Pliego consolidó su presencia financiera y en telecomunicaciones. Con Vicente Fox recibió facilidades para la creación de Banco Azteca y, posteriormente, con Felipe Calderón adquirió Iusacell y expandió Grupo Dragón en el sector de energías renovables, beneficiado por la reforma eléctrica. Ya en el sexenio de Enrique Peña Nieto, el empresario respaldó las reformas estructurales y obtuvo contratos con la Comisión Federal de Electricidad por más de 200 millones de dólares en proyectos de geotermia.
La llegada de la llamada Cuarta Transformación marcó un punto de inflexión, aunque inicialmente formó parte del Consejo Asesor Empresarial y su banco dispersó programas sociales, la relación con Andrés Manuel López Obrador se deterioró por disputas fiscales y la pérdida de operación financiera frente al Banco del Bienestar. Desde entonces, Salinas se convirtió en opositor abierto, usando sus plataformas para criticar al gobierno. Con Claudia Sheinbaum en la presidencia, la confrontación se ha profundizado: tras perder en la Suprema Corte una demanda, la mandataria lo ha exhortado a pagar sus adeudos, mientras el magnate acusa persecución política desde sus redes sociales.
¿Su imagen vendría acorde a los planes del “nuevo PAN” a nivel nacional?
El PAN, bajo la batuta de Romero, se ajustó en octubre con nuevo logo minimalista, descartando alianzas con el PRI para 2027, y apostando por candidaturas ciudadanas y perfiles internos. El líder panista ha negado interés personal en la Presidencia y ve en Salinas un “externo” viable por su visibilidad.
Sin embargo, expertos cuestionan el neoliberalismo de Salinas, que se alinea con el PAN histórico, pero su imagen de supuesto “oligarca evasor” choca con la renovación anticorrupción. Algunas encuestas muestran que el 62 % ve las marchas opositoras, apoyadas por TV Azteca, y solo el 30 % de jóvenes las respalda. Su MAAC, inspirado en Trump y Bukele, podría movilizar a la derecha dura, pero alejar a los moderados.
Si avanza, 2030 podría ser la batalla de un “Tío Richie” presidencial contra la 4T. El PAN hace insinuaciones, pero Salinas no ha respondido directamente, pero un tuit “No descartamos a nadie” parece un guiño.