La pirotecnia, muy común en México del 12 de diciembre hasta Reyes, genera explosiones que superan fácilmente los 150 decibeles (dB), niveles comparables a un avión despegando o un disparo a corta distancia.
Estos sonidos, junto con los destellos intensos y la vibración, provocan sufrimiento severo en varios grupos, especialmente en animales y en personas con ciertas condiciones de salud o neurodivergentes.
Entre las personas, la pirotecnia provoca graves efectos especialmente en grupos vulnerables como:
Personas con Trastorno del Espectro Autista (TEA): Muchos tienen hipersensibilidad sensorial, un petardo de 130 dB puede ser físicamente doloroso y desencadenar crisis severas como llanto descontrolado, autolesiones como golpearse la cabeza o morderse y colapsos o cierre total. Algunas familias terminan encerrándose días enteros o viajando a zonas rurales para evitar la pirotecnia.
Personas con Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT): Especialmente veteranos de guerra, víctimas de atentados o violencia armada. Los estallidos repentinos se asocian directamente con explosiones o disparos, provocando flashbacks, ataques de pánico, sudoración fría y necesidad de esconderse.
Niños y adultos con trastornos de ansiedad, fobias o migrañas: Pueden sufrir crisis de ansiedad aguda, taquicardia, llanto incontrolable o agravamiento de migrañas por la sobreestimulación.
Personas con epilepsia fotosensible: Los destellos intensos y rápidos de ciertos fuegos artificiales pueden desencadenar convulsiones.
Bebés y niños pequeños: Se despiertan aterrorizados, lloran durante horas y pueden desarrollar miedo persistente a la noche o a los ruidos fuertes.
Adultos mayores con demencia o Alzheimer: El ruido repentino los desorienta completamente, aumenta la agitación, el llanto o la agresividad, y puede acelerar el deterioro cognitivo por el estrés prolongado.
Personas con problemas auditivos (hiperacusia o tinnitus): El daño puede ser físico, cómo agravamiento del tinnitus o incluso pérdida auditiva adicional.
Por otra parte, en animales domésticos, de granja y silvestres, genera episodios de estrés, desorientación y riesgos que se traducen en múltiples afectaciones.
Perros y gatos: El oído de los animales de compañía es mucho más sensible que el humano, pueden percibir frecuencias de 45 a 60 kHz, por lo que los estallidos de 120 a 150 decibeles les provocan dolor agudo, taquicardia, hiperventilación y una fuerte liberación de cortisol.
Entre las reacciones más comunes están los temblores, intentos de escape, búsqueda desesperada de escondites, salivación, micción o defecación involuntaria, e incluso infartos en ejemplares mayores o con padecimientos cardíacos. Cada temporada, decenas de mascotas mueren por paro cardiaco derivado del pánico.
Aves domésticas y silvestres: Los destellos y explosiones generan desorientación total; durante la huida, especialmente de noche, bandadas completas chocan contra edificios, ventanas o cables, lo que provoca miles de muertes y lesiones cada temporada decembrina.
Ganado y caballos: El estruendo provoca sobresaltos que pueden derivar en ruptura de cercas, caídas, heridas y estampidas, generando riesgos tanto para los animales como para las personas en zonas rurales.
Fauna silvestre: Zorros, conejos, venados y otros animales abandonan madrigueras y crías debido al pánico, quedando expuestos al frío, depredadores o accidentes al intentar huir.
Pese a que la pirotecnia forma parte de muchas tradiciones decembrinas en México, especialistas insisten en que sus efectos adversos no pueden seguir considerándose un “costo cultural”.
La evidencia muestra que miles de personas y animales sufren cada año por el uso indiscriminado de explosivos recreativos. Ante este panorama, organizaciones civiles, veterinarios y colectivos de familias con neurodivergencias llaman a priorizar celebraciones más seguras y empáticas, promoviendo alternativas luminosas menos dañinas.