Enero eterno, ¿qué dice la ciencia del mes más triste del año?

Enero eterno, ¿qué dice la ciencia del mes más triste del año?

Foto: FreePik

Muchas personas tienen la percepción de que enero es un mes eterno y, para muchos, el más triste del año, con incrementos en los niveles de estrés, ansiedad y depresión. Esta sensación, lejos de ser una simple exageración colectiva, tiene explicaciones psicológicas, biológicas y sociales que ayudan a entender por qué el inicio del año suele vivirse con mayor pesadez emocional.

 

Aunque el llamado Blue Monday, identificado como el tercer lunes de enero y popularizado como “el día más triste del año”, carece de sustento científico y surgió en 2005 como parte de una campaña publicitaria, especialistas coinciden en que los sentimientos de melancolía desánimo durante este mes sí son reales para una parte significativa de la población.

 

Uno de los principales factores es el contraste con diciembre, durante las fiestas decembrinas predominan las reuniones sociales, celebraciones y estímulos constantes que favorecen la liberación de dopamina, relacionada con el placer y la motivación. Al terminar este periodo, la vuelta abrupta a la rutina genera una caída emocional conocida como post-holiday blues o resaca emocional tras las festividades.

 

Este regreso a la normalidad también implica una mayor monotonía. Enero suele carecer de eventos sociales relevantes, lo que hace que los días se perciban más largos y repetitivos, a ello se suma la presión de cumplir los propósitos de Año Nuevo, que en muchos casos resultan poco realistas y generan frustración al no lograrse de inmediato.

 

En el plano biológico, enero coincide con condiciones estacionales que influyen en el estado de ánimo; en esta época hay menos horas de luz solar, lo que puede afectar el ritmo circadiano y disminuir la producción de serotonina y vitamina D, sustancias clave para la regulación emocional.

 

Estas condiciones pueden agravar el Trastorno Afectivo Estacional (TAE), una forma de depresión relacionada con el invierno que se manifiesta con síntomas como cansancio persistente, tristeza, ansiedad y alteraciones en el sueño o el apetito. El frío y la reducción de actividades al aire libre también contribuyen al aislamiento social.

 

Otro elemento determinante es el estrés financiero, comúnmente llamado la “cuesta de enero”, los gastos acumulados en diciembre, como regalos, viajes y celebraciones, suelen traducirse en deudas y presupuestos ajustados, generando preocupación económica y tensión emocional al inicio del año.

 

A este contexto se suma un efecto cultural y colectivo, la constante repetición en redes sociales, medios y conversaciones cotidianas de que enero es un mes “eterno” o “deprimente” refuerza esta percepción, convirtiéndola en una especie de profecía autocumplida que intensifica el malestar.

 

Especialistas afirman que, en la mayoría de los casos, estos sentimientos son temporales y tienden a disminuir conforme avanza el año; sin embargo, cuando la tristeza, la ansiedad o la falta de energía se prolongan por más de dos semanas o interfieren de manera significativa en la vida diaria, es importante buscar apoyo profesional.

 

Para sobrellevar mejor este periodo, se recomienda mantener rutinas saludables, procurar la exposición a la luz natural, planear actividades gratificantes, llevar un control realista de las finanzas y fortalecer los vínculos sociales. Estas acciones pueden ayudar a reducir el impacto emocional de un mes que, aunque parece interminable, termina siendo sólo una etapa más del año.

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