Enero es uno de los meses con mayor afluencia en los gimnasios impulsado por los propósitos de año nuevo, las instalaciones se llenan de nuevos usuarios decididos a mejorar su condición física, pero la realidad muestra que muchos abandonan la rutina en pocas semanas.
De acuerdo con entrenadores y administradores de gimnasios, entre 30 y 40 % de los nuevos inscritos deja de asistir durante el primer o segundo mes del año, una tendencia que se repite cada enero. El problema no es sólo pagar la mensualidad, sino sostener todos los gastos que implica adoptar el hábito de manera constante.
¿Cuánto cuesta ir al gimnasio?
Los precios varían según el tipo de establecimiento y los servicios incluidos. En la capital poblana, el mercado está dominado por tres grandes categorías:
Gimnasios económicos que ofrecen planes básicos con mensualidades que oscilan entre 300 y 600 pesos. Durante enero, muchas cadenas eliminan o reducen el costo de inscripción, que normalmente va de 0 a 200 pesos, e incluso ofrecen el primer mes con descuento. En planes anuales, el costo efectivo puede bajar hasta 250 o 400 pesos mensuales.
En un nivel intermedio hay gimnasios que incluyen acceso 24/7, clases grupales y mayor disponibilidad de equipo. Aquí, las mensualidades se ubican entre 500 y 900 pesos, con inscripciones que van de 400 a 800 pesos, aunque también suelen aplicarse promociones de inicio de año.
Por su parte, los gimnasios premium o clubes deportivos, o complejos con alberca y clases especializadas, manejan mensualidades que van desde 1,000 hasta más de 3,000 pesos, dependiendo de las amenidades y el tipo de membresía.
En promedio, un usuario en Puebla que opta por opciones populares destina entre 400 y 800 pesos mensuales únicamente por la membresía, sin considerar gastos adicionales.
Sin embargo, para muchos usuarios, ir al gimnasio no se limita al entrenamiento, la búsqueda de resultados visibles suele venir acompañada de cambios en la alimentación y, en algunos casos, del consumo de suplementos alimenticios.
Una dieta balanceada con mayor contenido proteico como pollo, huevo, pescado, leguminosas, frutas y verduras, puede costar entre 1,000 y 1,500 pesos semanales, lo que representa un gasto mensual aproximado de 4,000 a 6,000 pesos por persona. Este monto supera el de una alimentación convencional, ya que prioriza proteínas de calidad y calorías controladas.
A ello se suman los suplementos, opcionales pero cada vez más comunes. Un bote de proteína en polvo cuesta entre 700 y 1,500 pesos y suele durar de uno a dos meses; la creatina, otro de los productos más consumidos, va de 400 a 800 pesos. Para quienes los usan de forma regular, el gasto mensual ronda entre 500 y 1,500 pesos.
Al sumar todos los factores, el costo mensual para “ponerse en forma” varía considerablemente según el perfil del usuario.
Un usuario básico, que solo paga gimnasio y mantiene una alimentación normal, puede gastar entre 800 y 1,500 pesos al mes, pero si opta por una dieta balanceada respaldada por suplementos, el costo se elevaría poco más de los 6,000 hasta los 8,300 mensuales.
Estos montos representan un desafío importante para muchas familias, especialmente en un contexto de economía ajustada y aumento generalizado en el costo de vida.
Por ello, diversos estudios y encuestas en México coinciden en que la economía es una de las principales causas de abandono, junto con la falta de tiempo, la pereza y la ausencia de resultados inmediatos. Los costos acumulativos suelen superar lo presupuestado inicialmente, lo que genera frustración y desánimo.
Los gimnasios de bajo costo han democratizado el acceso a la actividad física; sin embargo, el verdadero reto no es inscribirse en enero, sino sostener el hábito a largo plazo.
Especialistas recomiendan evaluar el presupuesto real antes de iniciar y priorizar la constancia sobre la intensidad.
Para quienes logran mantener el compromiso, los beneficios en salud y bienestar suelen justificar la inversión; para muchos otros, el costo económico termina convirtiéndose en la barrera definitiva, dejando el propósito de Año Nuevo como un intento más que no sobrevivió al primer trimestre del año.