Consumir microplásticos en alimentos cotidianos es cada vez más común

Consumir microplásticos en alimentos cotidianos es cada vez más común

Foto: NotiPress, FreePik

La presencia de microplásticos en alimentos de consumo cotidiano representa un riesgo creciente para la salud pública, alertaron investigadores del Tecnológico de Monterrey en información compartida a NotiPress. De acuerdo con datos revisados, estas partículas, de menos de 5 milímetros, han sido detectadas en mariscos, sal de mesa, miel y cerveza, confirmando su infiltración en la cadena alimentaria humana.

 

Desde el año 2023, diversos estudios han confirmado que la ingestión de microplásticos no se limita al medio marino. Aunque los mariscos contienen niveles alarmantes de aditivos tóxicos como bisfenol A (BPA) y ftalatos —detectados en hasta 80% de las muestras—, se ha identificado también su presencia en algas marinas y bebidas embotelladas. Según el artículo, el agua embotellada puede contener más de 6 mil partículas por litro, hasta 50 veces más que el agua de grifo.

 

Los expertos explican que los microplásticos ingresan a los ecosistemas a través de procesos de degradación física, química y biológica de los plásticos convencionales. En los organismos marinos, su acumulación comienza en especies pequeñas y se transfiere progresivamente a depredadores de mayor tamaño, incluyendo el ser humano.

 

Más allá de la exposición directa, los microplásticos actúan como vectores de sustancias persistentes, bioacumulativas y tóxicas. "El BPA y los ftalatos pueden imitar o bloquear hormonas naturales, afectando sistemas como el cardiovascular, neurológico y reproductivo", detalla el documento firmado por Jürgen Mahlknecht y Cristina Chuck, líderes de núcleos de investigación en sostenibilidad y salud alimentaria, respectivamente.

 

Además, la evidencia más preocupante recae en los nanoplásticos —con menos de una micra de diámetro—, debido a su capacidad para atravesar barreras biológicas y acumularse en órganos como el hígado y los riñones. Pruebas in vitro con células intestinales humanas (Caco-2) y dérmicas (HaCaT) demostraron reducción de viabilidad celular, daño mitocondrial y aumento en la producción de citocinas proinflamatorias.

 

También se han documentado procesos de estrés oxidativo e inflamación crónica asociados a la exposición a estas partículas, lo cual podría derivar en trastornos neurológicos, enfermedades cardiovasculares y ciertos tipos de cáncer. Aunque aún faltan estudios epidemiológicos concluyentes, los investigadores recomiendan aplicar el principio de precaución y reducir la exposición de forma inmediata.

 

Un fenómeno adicional es la llamada paradoja del agua: si bien las plantas de tratamiento intentan eliminar contaminantes, estas instalaciones pueden redistribuir microplásticos al descargar residuos en cuerpos de agua o al reutilizar lodos como fertilizantes agrícolas. El caso del área metropolitana de Monterrey destaca por su alta dependencia del agua embotellada, junto con escasez hídrica y acumulación de residuos plásticos.

 

Frente a este panorama, la comunidad científica sugiere cerrar tres brechas clave identificadas. Primero, estandarizar los métodos de muestreo y análisis, incluyendo técnicas como espectroscopía Raman y FT-IR. Segundo, fortalecer los sistemas de vigilancia sanitaria. Finalmente, implementar políticas públicas que restrinjan plásticos de un solo uso y refuercen la responsabilidad extendida del productor.

 

En suma, los investigadores concluyen que "el costo de la inacción no es teórico: se acumula, partícula a partícula". Esta afirmación subraya la urgencia de actuar con base en la evidencia disponible. (NotiPress)

 

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