La muestra más acabada de que la seguridad en la “capital imparable” es una desgracia cotidiana se observa en el propio Centro Histórico, donde ocurren todo tipo de delitos y a escasos metros del Palacio Municipal. Robos, vandalismo, incendios provocados, agresiones y ataques al patrimonio histórico se han vuelto parte del paisaje urbano en la zona que, en teoría, debería ser la más vigilada de la ciudad.
A pesar de anuncios oficiales sobre reducciones en ciertos indicadores de violencia, los hechos delictivos persisten en el corazón de la ciudad, que lejos de ser un espacio seguro, el corazón político, turístico y cultural de Puebla evidencia la incapacidad de la autoridad municipal para garantizar el orden y la seguridad, incluso frente a sus propias narices.
Tan sólo los últimos meses han estado marcados por incidentes violentos y delictivos en el corazón de la ciudad, que evidencia la nula efectividad de las estrategias de seguridad municipal.
Uno de los ejemplos más graves y recientes ocurrió en la madrugada del 24 de enero, cuando dos individuos ingresaron al atrio de la Catedral de Puebla y provocaron un incendio intencional en la puerta norte del templo. El fuego, controlado por bomberos y Protección Civil, causó daños materiales en el portón, un bien histórico de valor incalculable del siglo XVI.
La sucursal de Sanborns ubicada en la calle 2 Oriente, justo atrás del Palacio Municipal, sufrió al menos tres atracos el año pasado, en los cuales los delincuentes rompieron vidrios y vitrinas, para escapar con perfumería, figuras decorativas y otros artículos de valor, forzando incluso al establecimiento a reforzar sus accesos con rejas metálicas ante la incapacidad de que la vigilancia policiaca detenga estos ataques recurrentes.
La vulnerabilidad de esta zona quedó nuevamente expuesta en noviembre de 2025, cuando delincuentes perpetraron un robo a la Joyería Joz, ubicada en la intersección de la 6 Oriente y 2 Norte, a solo unas calles del Palacio Municipal. El atraco ocurrió durante la madrugada, cuando los responsables aprovecharon la nula vigilancia policial en la zona para forzar el acceso al establecimiento y sustraer mercancía con un valor estimado en alrededor de 200,000 pesos.
La escalada de violencia en el Centro Histórico también se manifestó con hallazgos de cuerpos en zonas comerciales de alta afluencia. La madrugada del viernes 22 de agosto fueron encontrados los cuerpos de dos hombres en las calles 18 Poniente y 3 Norte, a unos metros del mercado 5 de Mayo, acompañados de un mensaje con amenazas dirigidas a un dirigente de comerciantes.
Apenas dos días después fue localizado otro cuerpo dentro de un tambo en la privada de la 18 Poniente, a media calle del mismo mercado, lo que generó una tardía movilización policiaca, aunque en este caso no se halló ningún mensaje. A estos hechos se suma un cuarto cuerpo abandonado en septiembre en el parque de Analco, ampliando el perímetro de violencia letal en áreas tradicionalmente comerciales y turísticas del primer cuadro de la ciudad.
Durante el 2025, el Centro Histórico fue escenario recurrente de enfrentamientos físicos entre comerciantes ambulantes y personal del Ayuntamiento, luego de operativos para retirar puestos informales que derivaron en golpes, empujones y agresiones con palos y piedras, tanto contra funcionarios como entre los propios vendedores.
Paralelamente, comerciantes establecidos e informales denunciaron amenazas, cobros ilegales e intentos de extorsión en la zona, prácticas que, lejos de erradicarse, han contribuido a consolidar un clima de inseguridad permanente en el primer cuadro de la ciudad, afectando directamente a quienes dependen económicamente de esta área comercial y turística.
La inseguridad en el Centro Histórico también ha alcanzado al ejercicio periodístico, con agresiones directas contra reporteros mientras llevan a cabo su labor informativa, sin que se haya reportado detenciones o sanciones, lo que refuerza la percepción de impunidad y la ausencia de condiciones mínimas de seguridad para la prensa, incluso en una zona que concentra edificios gubernamentales y supuesta presencia policial permanente.
A la lista de delitos se suma el robo sistemático de piezas de esculturas de bronce colocadas en el corredor de la calle 5 de Mayo; manos, libros, placas y otros fragmentos han sido arrancados de las figuras sin que haya vigilancia permanente ni responsables detenidos, pese a tratarse de un corredor peatonal altamente transitado y ubicado a escasos metros del Palacio Municipal. Estos actos de vandalismo no solo representan daños al patrimonio cultural, sino que evidencian la facilidad con la que se cometen delitos en espacios públicos supuestamente resguardados.
La sucesión de robos, agresiones, homicidios, vandalismo y enfrentamientos ocurridos en el Centro Histórico durante los últimos meses desmiente en los hechos la narrativa de la “autoridad” municipal de una ciudad segura.
Que estos delitos se registren a metros del Palacio Municipal, en zonas turísticas y comerciales, y sobre espacios catalogados como patrimonio histórico, exhibe no sólo fallas operativas en la estrategia de seguridad, sino una desconexión evidente entre el discurso gubernamental y la realidad que enfrentan ciudadanos, comerciantes y visitantes.
Mientras las autoridades insisten en presentar cifras alegres, el primer cuadro de Puebla sigue siendo escenario de delitos cada vez más graves, sin respuestas claras ni resultados visibles.