En las últimas semanas, un supuesto reto difundido en TikTok ha encendido las alarmas en escuelas de distintas regiones del país, bajo el nombre de “Tiroteo mañana”; la dinámica consiste en escribir mensajes amenazantes en baños, paredes o grupos de chat escolares, anunciando un ataque armado al día siguiente.
Aunque en la mayoría de los casos se trata de falsas alarmas, el impacto ha sido real: evacuaciones, suspensión de clases, operativos policiales y revisiones preventivas en al menos 15 entidades.
Autoridades de estados como Veracruz, Puebla, Tlaxcala, Oaxaca, Guerrero, Hidalgo, Nuevo León, Tamaulipas y Baja California han confirmado decenas de reportes. Tan solo en Baja California se registraron cerca de 100 llamadas al 911 en un lapso de tres días y en Puebla, la Fiscalía General del Estado ya abrió carpetas de investigación tras la aparición de amenazas en planteles educativos.
Te interesará leer: FGE ha iniciado investigaciones para dar con el autor del “tiroteo mañana”
Lo que comenzó como una tendencia en redes sociales, ha resurgido en 2026 en varios países de América Latina, convirtiéndose en un problema que rebasa lo digital y entra de lleno en el ámbito de la seguridad pública.
Autoridades coinciden en que este tipo de prácticas no pueden considerarse simples bromas, en México, participar en este “reto” puede configurar diversos delitos:
- Amenazas, al generar temor real sobre un posible ataque.
- Daño a la propiedad, en el caso de pintas o vandalismo en instalaciones escolares.
- Falsas alarmas o simulación de hechos delictivos, al provocar movilización innecesaria de cuerpos de seguridad y servicios de emergencia.
Las consecuencias no son menores, además del posible proceso legal, incluso tratándose de menores de edad, estos actos generan pánico colectivo, afectan la salud emocional de estudiantes y docentes, y desvían recursos que podrían atender emergencias reales.
Pero el caso de “Tiroteo mañana” no es aislado, en años recientes, autoridades han detectado otros retos virales con implicaciones legales o de seguridad:
- El reto de "desaparecer 48 horas” consiste en no dar señales de vida durante dos días sin avisar a la familia. Ha generado búsquedas policiales innecesarias, activación de protocolos de localización y fichas de búsqueda. Aunque no siempre termina en denuncia formal, derivó en delitos como simulación de hechos delictivos o desperdicio de recursos públicos, además de exponer a los menores a riesgos reales.
- El llamado reto del clonazepam, conocido como “el que se duerma al último, gana”, consiste en ingerir este medicamento psicotrópico, mientras los participantes se graban intentando resistir el sueño el mayor tiempo posible. Esta práctica implica graves riesgos para la salud, como depresión del sistema nervioso central, pérdida de la conciencia o incluso paro respiratorio. Además, puede constituir un delito contra la salud al tratarse de la posesión y consumo de un fármaco controlado sin receta, así como su posible comercialización ilegal; en menores de edad, incluso puede configurarse corrupción de menores.
- Por su parte, el reto “Rompebocas” consiste en hacer caer intencionalmente a una persona jalándole los tobillos por detrás para que golpee su rostro contra el suelo, mientras alguien más graba el acto para difundirlo en redes sociales. Esta conducta constituye una agresión física directa y puede tipificarse como delito de lesiones dolosas, con sanciones que dependen de la gravedad del daño causado, como fracturas o lesiones neurológicas.
- El llamado “juego de la asfixia” o sus variantes de asfixia mutua consiste en provocar la pérdida de conciencia mediante la privación de oxígeno, ya sea con las manos, cinturones u otros objetos, grabar el acto y difundirlo en redes sociales como si se tratara de un reto viral. Esta práctica implica riesgos graves para la salud, incluyendo daño cerebral irreversible o la muerte, y cuando se lleva a cabo sobre otra persona puede constituir delitos como lesiones u homicidio.
En México, aunque no es una tendencia nueva, hay antecedentes documentados y ha sido objeto de alertas por parte de autoridades como la Policía Cibernética; sin embargo, en la actualidad ha sido parcialmente desplazado por retos como el “Blackout Challenge”, enfocado en la autoasfixia, que, aunque no siempre involucra a terceros, resulta igualmente peligroso.
Ante la situación, autoridades educativas y de seguridad han reforzado protocolos en planteles, como revisiones preventivas, vigilancia adicional y campañas de concientización. La Policía Cibernética y otras instancias han insistido en la importancia de que padres, madres y docentes supervisen el uso de redes sociales y reporten cualquier contenido sospechoso.
El fenómeno también ha reavivado el debate sobre la responsabilidad de las plataformas digitales en la moderación de contenidos, así como la necesidad de fortalecer la educación digital entre jóvenes.
Pero más allá de una tendencia pasajera, estor retos evidencian un problema de fondo, en la era de las redes sociales, ciertas conductas virales pueden tener consecuencias reales, legales y colectivas; la línea entre el entretenimiento y el delito, en estos casos, no solo es delgada, sino que ya fue cruzada.