El 4 de mayo de 1862, un día antes de la histórica Batalla de Puebla, se libró en territorio poblano un enfrentamiento que resultó estratégico para la defensa del país frente a la invasión francesa, pero que ha quedado relegado en la memoria colectiva: el combate de Atlixco.
Este episodio ocurrió en las inmediaciones de la Hacienda de las Traperas y el puente sobre el río Alseseca, cerca de Los Molinos, donde fuerzas republicanas lograron frenar el avance de tropas conservadoras que pretendían unirse al ejército francés del conde de Lorencez para atacar Puebla desde un frente adicional.
En ese contexto, el general Ignacio Zaragoza, al mando del Ejército de Oriente, había recibido información sobre la movilización del general conservador Leonardo Márquez, quien operaba desde Izúcar de Matamoros con aproximadamente 1,500 jinetes.
Su objetivo era enlazarse con las fuerzas invasoras, lo que habría representado una amenaza significativa para la defensa de Puebla al generar un ataque coordinado.
Para impedir esta maniobra, Zaragoza ordenó al general Tomás O’Horán desplazarse hacia Atlixco con una fuerza que, según diversas fuentes, oscilaba entre 850 y 2,500 elementos; la misión era clara, interceptar y neutralizar a Márquez antes de que pudiera concretar su unión con los franceses.

La mañana del 4 de mayo, las tropas republicanas partieron de Puebla y avanzaron por Cholula, cerca de las 11:00 horas, en las inmediaciones de San Gregorio Atzompa, se produjo el primer contacto con un contingente adelantado de aproximadamente 500 jinetes conservadores. Tras un breve intercambio de disparos, las fuerzas de Márquez se replegaron hacia Atlixco, seguidas de cerca por los republicanos.
Uno de los momentos más críticos ocurrió en el cruce del río Alseseca, donde los conservadores intentaron detener el avance en el puente cercano al rancho de Los Molinos; sin embargo, las tropas liberales lograron romper la resistencia y continuar su avance, consolidando la ofensiva.
El enfrentamiento culminó en Atlixco y sus alrededores, particularmente en la Hacienda de las Traperas, donde Márquez presentó una resistencia más firme; no obstante, fue finalmente derrotado, obligando a sus fuerzas a retirarse de manera desorganizada hacia Izúcar de Matamoros, dejando atrás armamento, pertrechos y numerosas bajas.
Hacia las 18:00 horas, O’Horán reportó la toma de Atlixco, asegurando así que las tropas conservadoras no pudieran reforzar al ejército francés en la inminente batalla del día siguiente.
Si bien algunas versiones mencionan la participación del general Antonio Carvajal en posiciones clave, la mayoría de las fuentes coinciden en que el mando principal recayó en O’Horán, bajo las órdenes directas de Zaragoza.

Históricamente, este combate ha sido considerado un factor determinante para el triunfo mexicano del 5 de mayo, al evitar que los franceses tuvieran refuerzos locales que habrían incrementado su ventaja numérica y táctica.
Pero a pesar de su relevancia, la batalla de Atlixco ha permanecido en segundo plano dentro del relato nacional, eclipsada por la victoria en Puebla. Su conmemoración se mantiene principalmente a nivel local y en círculos académicos, donde se reconoce su valor como acción preventiva clave.
A más de siglo y medio de distancia, este episodio pone en perspectiva que la defensa de México en 1862 no solo se libró contra un ejército extranjero, sino también en medio de divisiones internas que marcaron el rumbo del país.
Fotos: Rocío García Olmedo, Por cierto, Recorriendo Atlixco